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Ni las copas de los árboles quedaron fuera del alcance del plástico tras detectarse microplásticos en más del 90% de las muestras de monos aulladores

El hallazgo confirma exposición en un primate amenazado, aunque todavía no prueba daños directos a su salud

Ni las copas de los árboles quedaron fuera del alcance del plástico tras detectarse microplásticos en más del 90% de las muestras de monos aulladores

El plástico ha llegado a un lugar donde los propios científicos pensaban que sería difícil encontrarlo. Investigadores detectaron microplásticos en más del 90% de las muestras fecales de monos aulladores mexicanos que viven entre las copas de los árboles de la Reserva de la Biosfera Los Tuxtlas, en Veracruz.

Según información de Ladera Sur, el hallazgo sorprendió al equipo porque estos primates son arborícolas y se alimentan principalmente de hojas y frutos. El estudio, publicado en mayo de 2026 en Journal of Hazardous Materials Advances, analizó 66 muestras y confirmó las partículas mediante una técnica capaz de identificar la composición química de los materiales.

¿Qué encontraron en los monos aulladores?

El equipo estudió muestras fecales de Alouatta palliata mexicana, subespecie que habita zonas boscosas del sureste de México. Los investigadores buscaban saber si un primate que pasa gran parte de su vida lejos del suelo también estaba expuesto a la contaminación plástica.

La respuesta fue más amplia de lo esperado.

Los datos principales del estudio fueron:

  • 66 muestras fecales analizadas
  • Más del 90% contenía microplásticos
  • Promedio de 1.49 partículas por gramo de peso seco
  • 31 tipos de polímeros identificados
  • 12 tipos entraron en alguna categoría del índice de peligro utilizado por el estudio

Las partículas fueron verificadas con espectroscopía infrarroja ATR-FTIR, un método que permite comparar la señal química de un material para determinar de qué está hecho.

En términos simples: los investigadores no se limitaron a observar pequeños fragmentos y asumir que eran plástico. Utilizaron una técnica de laboratorio para confirmar su composición.

¿Cómo llegó el plástico hasta las copas de los árboles?

Esa pregunta todavía no tiene una respuesta definitiva.

Los investigadores plantean como una de las principales posibilidades el transporte por el aire. Los microplásticos pueden desplazarse con las corrientes y después depositarse sobre hojas, frutos u otras superficies que forman parte del ambiente de los monos. La ingestión ocurriría entonces de manera accidental.

Esta explicación es una hipótesis del equipo, no una ruta demostrada directamente por el estudio.

También se consideran otras posibilidades. Las partículas podrían quedar adheridas al pelaje y entrar al cuerpo durante el acicalamiento, mientras que la inhalación aparece como otra vía que deberá ser investigada.

La sorpresa está precisamente en el lugar donde viven estos animales. Al desplazarse principalmente entre los árboles, los investigadores suponían que tendrían una menor exposición a contaminantes asociados con el suelo o los residuos acumulados a nivel terrestre.

¿Qué son los microplásticos y por qué pueden viajar tan lejos?

Los microplásticos son partículas plásticas de menos de cinco milímetros. Pueden desprenderse de objetos más grandes conforme se degradan o provenir de materiales que liberan pequeñas fibras y fragmentos.

Su tamaño facilita que entren en distintos ambientes. La investigación científica ha documentado su presencia en agua, suelos, aire y diversos animales, mientras que estudios sobre transporte atmosférico muestran que estas partículas pueden desplazarse lejos del lugar donde se originaron.

En Los Tuxtlas, el estudio encontró polietileno entre los materiales detectados con mayor frecuencia. Este tipo de plástico se utiliza ampliamente en productos y empaques de consumo cotidiano.

¿La basura de las comunidades puede estar relacionada?

Los investigadores consideran que las actividades humanas alrededor de la reserva podrían formar parte del problema, aunque el estudio no identificó una fuente única ni demostró que los residuos de una comunidad específica llegaran directamente a los monos.

Una de las prácticas señaladas por la investigadora María Fernanda Álvarez es la quema de residuos plásticos. Al fragmentarse y dispersarse materiales contaminantes, algunas partículas podrían permanecer suspendidas y ser transportadas por el aire. Esta explicación también forma parte de las rutas propuestas para futuras investigaciones.

El problema rebasa la basura visible.

Una botella abandonada puede verse y retirarse. Los microplásticos, en cambio, pueden ser demasiado pequeños para observarse a simple vista, desplazarse entre distintos ambientes y terminar en superficies que forman parte de la alimentación de los animales.

¿Por qué preocupa el hallazgo en una especie amenazada?

El mono aullador mexicano ya enfrenta presiones relacionadas con la pérdida y fragmentación de su hábitat. Aunque estos primates pueden sobrevivir en algunos fragmentos de bosque, la reducción del espacio disponible puede disminuir el alimento y aumentar otras presiones sobre sus poblaciones.

La nueva investigación agrega la exposición a microplásticos a la lista de factores que deben estudiarse.

El trabajo es relevante porque, de acuerdo con sus autores, representa el primer registro metodológicamente robusto de microplásticos en un primate americano amenazado. Los investigadores señalan que todavía existe poca información sobre las consecuencias de esta exposición en primates silvestres.

Esto significa que el hallazgo no permite afirmar que los microplásticos estén enfermando o matando a los monos.

Sí confirma algo distinto: una especie que vive principalmente en los árboles, dentro de una reserva de la biosfera, está entrando en contacto con contaminación plástica.

¿Qué significa el índice de peligro encontrado en el estudio?

Los investigadores identificaron 31 tipos de polímeros y calcularon un índice basado en las características de esos materiales. Doce quedaron dentro de alguna de las categorías de peligro consideradas en el análisis, con resultados que abarcaron los niveles I a IV.

Ese dato debe interpretarse con cautela.

El índice ayuda a evaluar el peligro potencial asociado con los tipos de plástico encontrados, pero no equivale a un diagnóstico médico de los monos ni demuestra que cada animal haya sufrido una enfermedad por esa exposición.

Encontrar un material con mayor potencial de peligro obliga a investigarlo con atención, pero no permite concluir por sí solo que ya causó daño.

¿Cómo nos afecta un hallazgo ocurrido en una selva?

El estudio muestra hasta dónde puede viajar un residuo generado por las actividades humanas.

Los microplásticos ya no pueden entenderse únicamente como un problema de playas, océanos o ciudades. La investigación en Los Tuxtlas confirma su presencia en un primate terrestre que vive principalmente en las copas de los árboles dentro de un área protegida.

Cuando el plástico se fragmenta, el problema puede continuar mucho después de que el objeto original desaparece de nuestra vista.

La contaminación puede pasar de un residuo visible a partículas capaces de desplazarse por diferentes ambientes. El reto es entender de dónde vienen, cómo llegan a los animales y qué ocurre después de una exposición prolongada.

¿Qué falta por investigar ahora?

El siguiente paso será determinar las rutas reales de exposición y conocer si el contacto continuo con estas partículas provoca cambios en la salud de los monos aulladores.

Entre las preguntas pendientes están:

  • ¿Los microplásticos llegan principalmente por los alimentos?
  • ¿Qué cantidad puede ser inhalada?
  • ¿Las partículas permanecen en el cuerpo o son expulsadas?
  • ¿La exposición cambia según la temporada o la cercanía con asentamientos humanos?
  • ¿Existen efectos a largo plazo sobre una población ya amenazada?

El propio estudio subraya la necesidad de investigar las consecuencias potenciales de la exposición a microplásticos en especies terrestres en peligro, un campo donde todavía existen grandes vacíos de información.

El hallazgo deja una imagen difícil de ignorar. Los monos aulladores viven entre ramas y hojas, lejos del suelo durante gran parte de su vida, pero ni siquiera esa distancia ha sido suficiente para mantenerlos completamente separados del plástico.

Por ahora, la ciencia ha confirmado la exposición. Saber de dónde vienen exactamente las partículas, cuánto tiempo permanecen y qué consecuencias pueden tener será la siguiente parte de una investigación que muestra hasta dónde ha llegado uno de los residuos más comunes de nuestra vida cotidiana.

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