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Diecisiete toneladas de mango iban a desperdiciarse tras ser rechazadas, pero un transportista pidió permiso para regalarlas y terminó compartiéndolas con familias del Estado de México a un costado de la carretera

El cargamento salió de Tabasco con 23 toneladas de mango manila, pero solo seis fueron aceptadas; el resto terminó repartido gratuitamente entre vecinos de Otumba y Axapusco

Diecisiete toneladas de mango iban a desperdiciarse tras ser rechazadas, pero un transportista pidió permiso para regalarlas y terminó compartiéndolas con familias del Estado de México a un costado de la carretera

Diecisiete toneladas de mango estuvieron a punto de desperdiciarse después de que la mayor parte de un cargamento no fuera aceptada para su procesamiento industrial. En lugar de dejar que la fruta se perdiera, el transportista que la llevaba pidió autorización para regalarla y terminó entregándola a familias a un costado de una carretera del Estado de México.

El protagonista fue Cristian Santana, encargado de trasladar 23 toneladas de mango manila desde Tabasco hasta una planta de Jumex en Ecatepec. Según relató a La Jornada, solo seis toneladas cumplieron con las condiciones requeridas para ser recibidas y las otras 17 fueron rechazadas por la humedad que presentaba la fruta.

La historia ocurrió entre los municipios de Otumba y Axapusco, donde vecinos se acercaron para llevarse gratuitamente parte del cargamento.

¿Por qué rechazaron 17 toneladas de mango?

De acuerdo con el relato de Cristian Santana, el mango se mojó por las lluvias durante el proceso de cosecha en Tabasco.

Cuando la carga llegó a su destino y pasó por los controles de recepción, solo seis de las 23 toneladas fueron aceptadas.

Las otras 17 toneladas quedaron fuera por sus condiciones de humedad, según explicó el transportista.

Hasta ahora no se ha localizado una postura pública de Jumex sobre este cargamento en particular, por lo que el motivo del rechazo se atribuye al testimonio de Santana publicado por La Jornada.

La empresa señala de manera general que procesa fruta mexicana y mantiene controles dentro de su cadena de producción, pero no ha difundido públicamente detalles de este caso.

¿Qué pasó con los mangos que no fueron aceptados?

El problema no terminó cuando la fruta salió de la planta.

Cristian explicó que el cargamento no le pertenecía.

No es mi carga; a mí me contrataron únicamente para traerla”, señaló.

Por esa razón, no podía simplemente regalarla, venderla o disponer de ella por su cuenta.

El transportista pasó varios días buscando una solución mientras definía con el propietario qué hacer con las 17 toneladas restantes.

Según su relato, aunque la fruta presentaba humedad y ya no había sido aceptada para el proceso industrial, todavía podía aprovecharse para consumo inmediato.

¿Quién autorizó que regalara las 17 toneladas?

El dueño de la carga finalmente permitió que Cristian decidiera qué hacer con el mango.

Fue entonces cuando el transportista optó por regalarlo.

No intentó venderlo ni buscar otro comprador, según la versión publicada.

La decisión fue llevar el cargamento a un costado de la carretera Otumba-Axapusco y permitir que los vecinos se acercaran para recoger la fruta sin pagar.

Así, lo que podía convertirse en toneladas de desperdicio terminó repartido entre habitantes de la zona.

¿Cómo se realizó la entrega del mango?

Cristian estacionó el vehículo junto a la carretera y comenzó a entregar la fruta.

La presencia del cargamento llamó la atención de los habitantes, quienes acudieron para llevarse mangos.

La cantidad permite dimensionar la historia: 17 toneladas equivalen a 17 mil kilogramos de fruta.

No se informó cuántas personas recibieron mango ni cuánto se llevó cada familia.

Tampoco se detalló cuánto tiempo duró la entrega.

Lo confirmado por el reporte es que los vecinos aprovecharon la fruta y agradecieron la decisión del transportista.

¿Por qué el mango viajó desde Tabasco hasta el Estado de México?

El cargamento había salido de Tabasco con destino a Ecatepec.

El transporte de fruta desde estados productores hacia plantas procesadoras forma parte de una cadena en la que el producto debe cumplir condiciones específicas antes de entrar a una línea industrial.

En este caso, el traslado involucró 23 toneladas de mango manila.

Seis toneladas siguieron su destino industrial.

Las otras 17 encontraron un destino que no estaba planeado.

¿El rechazo industrial significaba que toda la fruta estaba echada a perder?

La información disponible no permite afirmar eso.

Lo que se sabe es que la mayor parte del cargamento no cumplió con las condiciones requeridas para su recepción industrial debido a la humedad, según el testimonio de Cristian.

También fue el transportista quien aseguró que el mango todavía podía aprovecharse de inmediato.

No se difundieron análisis sanitarios públicos del producto ni una evaluación independiente del cargamento.

Por eso, la historia debe contarse con una diferencia clara: la fruta fue rechazada para un proceso industrial, mientras el transportista sostuvo que todavía podía ser aprovechada por las personas.

De un cargamento rechazado a una entrega entre vecinos

Cristian Santana había sido contratado para llevar fruta de un lugar a otro.

No era dueño del mango y tampoco era responsable de decidir qué hacer con las toneladas rechazadas.

Pero cuando recibió autorización para disponer de ellas, eligió evitar que terminaran desperdiciadas.

La escena final ocurrió lejos de la planta industrial y del destino original del viaje.

A un costado de una carretera del Estado de México, 17 toneladas de mango que ya no continuarían su ruta comercial terminaron repartiéndose gratuitamente entre familias.

Un cargamento que comenzó su recorrido en Tabasco y parecía condenado a perderse terminó, finalmente, en las manos de quienes sí podían aprovecharlo.

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