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1 de cada 5 jóvenes en México no estudia ni trabaja; pese a becas y programas sociales, el país casi duplica el promedio internacional

Los apoyos económicos no han logrado reducir un fenómeno que arrastra más de una década

1 de cada 5 jóvenes en México no estudia ni trabaja; pese a becas y programas sociales, el país casi duplica el promedio internacional

CIUDAD DE MÉXICO.- México continúa ubicándose entre los países con mayor proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), una situación que especialistas consideran un reflejo de problemas estructurales que van más allá de la falta de apoyos económicos.

De acuerdo con información de la OCDE, respaldada por análisis de especialistas en educación y desarrollo social consultados por El Universal, cerca de uno de cada cinco jóvenes mexicanos se encuentra fuera del sistema educativo y sin empleo. La cifra ronda el 20% en mediciones recientes y se ha mantenido en niveles elevados durante más de una década.

Aunque desde 2019 se ampliaron los programas de becas y apoyos dirigidos a estudiantes y jóvenes, los indicadores internacionales muestran que el problema no ha disminuido de forma significativa, lo que ha abierto el debate sobre la necesidad de replantear las estrategias públicas para atender a este sector de la población.

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¿Qué significa que un joven no estudie ni trabaje?

El indicador conocido internacionalmente como NEET (por sus siglas en inglés: Not in Education, Employment or Training) mide a los jóvenes que no están inscritos en algún programa educativo, no tienen empleo y tampoco participan en procesos de capacitación laboral.

Para organismos internacionales, este indicador es relevante porque permite identificar riesgos de exclusión social, dificultades para incorporarse al mercado laboral y posibles afectaciones en el desarrollo económico de un país.

En el caso mexicano, las estadísticas muestran que una parte importante de la población joven enfrenta obstáculos para continuar sus estudios o acceder a oportunidades laborales formales.

México supera ampliamente el promedio de la OCDE

Las series comparables de la OCDE muestran que México mantiene tasas cercanas al 20%, mientras que el promedio del organismo ronda el 12%.

Esta diferencia coloca al país de forma recurrente entre las naciones con mayores niveles de jóvenes fuera de la escuela y del empleo. En distintas mediciones, México aparece junto a países como Turquía, Italia y Grecia, que también registran porcentajes elevados.

Incluso, en algunos análisis recientes, México ha ocupado posiciones cercanas al segundo lugar entre los países con mayor incidencia de este fenómeno, con niveles aproximados de 18.1%, dependiendo de la muestra de países considerada por la organización.

¿Por qué las becas no han sido suficientes?

Para el especialista en educación Fernando Ruiz, el problema no puede entenderse únicamente desde una perspectiva económica.

Según explica, la preocupación principal es que el indicador prácticamente no ha mostrado cambios sostenidos durante más de diez años.

Esto sugiere que no estamos frente a un problema coyuntural, sino estructural, que no se resuelve con intervenciones aisladas”, dijo.

Ruiz considera que las becas ayudan a reducir algunas limitaciones económicas, pero no resuelven las razones que llevan a muchos jóvenes a abandonar sus estudios o les impiden incorporarse al mercado laboral.

“Las becas pueden ayudar a aliviar restricciones económicas, pero por sí solas no están atacando los factores que explican por qué los jóvenes abandonan la escuela o no logran insertarse en el mercado laboral”, agrego.

El especialista señala que detrás del fenómeno existen factores como la baja calidad educativa, la desconexión entre los programas académicos y las necesidades del mercado laboral, la informalidad económica y trayectorias educativas interrumpidas.

“Si estos elementos no se abordan de manera integral, el impacto de las transferencias económicas seguirá siendo limitado”

Felicidad a la mesa

Las causas van más allá de la falta de dinero

Por su parte, Jimena Hernández, académica del Instituto para el Desarrollo de la Educación, sostiene que el problema debe analizarse como un fenómeno de exclusión social y económica.

La investigadora explica que mantener niveles similares desde 2011 demuestra que existen barreras que aún no han sido superadas.

“Mantenernos en estos niveles desde 2011 evidencia que hay problemas estructurales que no hemos logrado resolver.

Entre los factores que influyen en el abandono escolar menciona la falta de interés que algunos estudiantes encuentran en los planes de estudio, carencias en los centros educativos y una percepción de que los conocimientos adquiridos no siempre resultan útiles para enfrentar la vida laboral.

Además, existen circunstancias familiares y personales que afectan la permanencia escolar, como problemas de salud, embarazos, necesidad de trabajar para contribuir al ingreso familiar o responsabilidades de cuidado dentro del hogar.

“Los jóvenes están encontrando pocos incentivos para mantenerse vinculados a la escuela. Hay planes de estudio que ya no les resultan relevantes, muchas carencias en las escuelas y pocas oportunidades de aprender cosas que sientan útiles para la vida”, explicó.

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Alertan sobre posibles retrocesos educativos

Otro de los puntos que preocupa a los especialistas es que algunos avances logrados en años anteriores podrían estar comenzando a revertirse.

Hernández advierte que México había alcanzado niveles muy altos de conclusión de educación secundaria; sin embargo, actualmente se observan señales de disminución en la eficiencia terminal.

“Habíamos logrado que los jóvenes concluyeran la secundaria prácticamente de manera universal, pero ahora observamos que la eficiencia terminal también está bajando”.

De mantenerse esta tendencia, el país podría enfrentar una reducción en los niveles de escolaridad alcanzados por las nuevas generaciones.

El desafío también está en el mercado laboral

Los expertos coinciden en que el problema no termina cuando un joven abandona la escuela. También existen dificultades para acceder a empleos formales, especialmente entre quienes no concluyen el bachillerato.

La alta informalidad laboral en México limita las oportunidades de desarrollo profesional, estabilidad económica y acceso a prestaciones laborales.

Asimismo, algunos especialistas consideran que ciertos programas gubernamentales requieren una evaluación constante para medir sus efectos. Hernández menciona que, para algunos jóvenes en situación de vulnerabilidad económica, apoyos como el programa Jóvenes Construyendo el Futuro podrían generar incentivos distintos a los objetivos educativos planteados originalmente.

¿Qué proponen los especialistas para reducir el problema?

Los expertos coinciden en que la solución requiere una estrategia integral y de largo plazo.

Entre las acciones que consideran prioritarias destacan:

  • Fortalecer la permanencia escolar.
  • Mejorar la calidad y pertinencia de los planes de estudio.
  • Incrementar la orientación vocacional.
  • Ampliar la atención a la salud mental.
  • Crear más oportunidades de capacitación vinculadas al empleo.
  • Facilitar el acceso a trabajos formales para jóvenes.
  • Reducir barreras relacionadas con cuidados familiares y movilidad.

Para los especialistas, el reto consiste en dejar de atender el fenómeno únicamente mediante transferencias económicas y construir rutas completas de desarrollo para las juventudes.

Evitar estigmas, una parte fundamental del debate

Finalmente, Hernández subraya que el análisis de este fenómeno debe realizarse sin responsabilizar de manera individual a los jóvenes.

No se puede responsabilizar individualmente a los jóvenes de no estudiar o no trabajar. En México existen barreras estructurales que impiden el acceso a educación de calidad y a empleos dignos. Ese es el problema de fondo que aún no hemos logrado resolver”.

Mientras México continúa entre los países con mayores tasas de jóvenes fuera de la escuela y del empleo dentro de la OCDE, especialistas coinciden en que el desafío requiere políticas públicas más amplias, capaces de atender simultáneamente educación, empleo, bienestar y condiciones sociales para modificar una problemática que se ha mantenido prácticamente sin cambios durante años.

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