Un día después de que EE.UU. acusó al gobernador de Sinaloa, Sheinbaum sacó un libro de 1988 para mandarle un mensaje al embajador Ronald Johnson: “Estamos ante gente que no busca entendimiento sino imponerse”
En su conferencia del 30 de abril, Sheinbaum calificó de “desafortunadas” las declaraciones del embajador Ronald Johnson y leyó un fragmento de las memorias del expresidente Miguel de la Madrid para recordar que México ya enfrentó este tipo de presiones hace cuatro décadas

El 29 de abril de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos reveló acusaciones formales contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otras nueve personas, entre ellos un senador de Morena y funcionarios locales, por presuntos vínculos con el Cártel de Sinaloa.
Al día siguiente, en su conferencia matutina del 30 de abril, según reportó La Jornada, la presidenta Claudia Sheinbaum no fue directamente al choque. Eligió un camino distinto: abrió un libro publicado por el Fondo de Cultura Económica, escrito por el expresidente Miguel de la Madrid hace casi cuatro décadas, y leyó un fragmento en voz alta frente a los medios.
El mensaje fue claro para quien quisiera escucharlo.
¿Qué dice exactamente el fragmento que leyó Sheinbaum?
El libro citado es Cambio de rumbo. Testimonios de una Presidencia, 1982-1988, las memorias de Miguel de la Madrid Hurtado. El fragmento que Sheinbaum proyectó en la pantalla del salón Tesorería de Palacio Nacional dice:
“Los norteamericanos entre más blandito encuentran más se van metiendo. Estamos ante gente dura que no busca entendimiento sino imponerse. Nuestras relaciones no van a cambiar demasiado. Sin embargo y aceptando esa realidad, debemos conservar la serenidad y sostener el esfuerzo por mejorar las relaciones, pero sin perder nuestra dignidad.”
Sheinbaum no añadió mucho. La cita hablaba por sí sola.
¿Por qué De la Madrid escribió eso en su momento?
La referencia histórica tiene un episodio concreto detrás. De la Madrid escribió esas reflexiones en el contexto del asesinato en México del agente de la DEA, Enrique Camarena, en 1985, cuando Washington y su entonces embajador, John Gavin, mantuvieron una actitud que el expresidente calificó de abiertamente injerencista en los asuntos internos del país.
La presidenta Sheinbaum trazó una línea directa entre ese episodio y el presente.
¿Qué dijo exactamente sobre el embajador Ronald Johnson?
Sheinbaum fue contundente: un embajador en México, independientemente del país que represente, “no puede tener una actitud injerencista”. Y fue explícita en que eso aplica a cualquier nación: Estados Unidos, Francia, Ucrania, Irán, Cuba o Argentina.
Sobre las declaraciones específicas de Johnson en Sinaloa, la presidenta eligió sus palabras con cuidado: “Viéndolo a la distancia, hoy por lo menos podemos decir que son declaraciones desafortunadas.”
Y ante la pregunta de si constituían una injerencia, respondió: “Que cada quien lo califique.”
¿Qué había dicho el embajador Johnson para provocar esta reacción?
El fin de semana anterior, durante un acto en Los Mochis, Sinaloa, el embajador Johnson aludió a que su gobierno podría procesar a funcionarios mexicanos sospechosos de vínculos con organizaciones del crimen organizado. También señaló que la corrupción gubernamental representa un obstáculo para el desarrollo económico de México y que el T-MEC incluye compromisos específicos en materia de combate a estos delitos.
Esas palabras, que ya generaban tensión por sí solas, adquirieron una dimensión completamente distinta cuando al día siguiente el Departamento de Justicia acusó formalmente al gobernador de Sinaloa y a otros nueve funcionarios.
¿Cuál fue el mensaje central de Sheinbaum sobre la relación con EE.UU.?
La presidenta fue cuidadosa en no cerrar la puerta diplomática mientras ponía límites muy claros. “Es muy importante el respeto mutuo. Nosotros hemos sido muy respetuosos. Nuestro interés es una relación de respeto, de colaboración y de entendimiento. Siempre el papel de los embajadores tiene que ser una relación de respeto mutuo. Nuestro objetivo no será nunca establecer malas relaciones con el gobierno de Estados Unidos ni con sus embajadores, pero a la presidenta le corresponde garantizar el respeto y la soberanía de México y el cumplimiento de las leyes.”
¿Qué postura tomó Sheinbaum sobre las acusaciones contra Rocha Moya?
Sheinbaum fue clara: “Como presidenta de la República, mi posición ante estos hechos es: verdad, justicia y defensa de la soberanía.” Indicó que la FGR debe recibir pruebas contundentes conforme a la legislación mexicana antes de actuar. “Si en su propia investigación encuentra elementos constitutivos de un delito, deberá proceder conforme a derecho bajo nuestra jurisdicción.” Y fue enfática: “Nosotros no vamos a cubrir a nadie que haya cometido un delito.”
Sin embargo, también fue directa sobre las implicaciones políticas del momento: sin pruebas claras entregadas a México, las acusaciones tienen, en sus palabras, “un objetivo político”.
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