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La CDMX se hunde a un ritmo mayor al esperado: esto reveló el nuevo radar de la NASA desde el espacio

En su primer análisis sobre la capital mexicana, el radar mapeó el desplazamiento del suelo durante la estación seca.

La CDMX se hunde a un ritmo mayor al esperado: esto reveló el nuevo radar de la NASA desde el espacio

CIUDAD DE MÉXICO.- La Ciudad de México enfrenta un proceso de hundimiento que, lejos de detenerse, se acelera en varias zonas.

Un monitoreo reciente desde el espacio, realizado entre octubre de 2025 y enero de 2026, mostró que el terreno se compacta a un ritmo superior a 1.2 centímetros por mes en algunas áreas.

La información proviene del satélite NISAR, una misión conjunta de la NASA y la Agencia Espacial India (ISRO), cuyos primeros hallazgos publicó la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio en su plataforma oficial el 28 de abril de 2026.

¿Qué detectó exactamente el nuevo satélite de la NASA sobre la Ciudad de México?

El satélite NISAR, lanzado en julio de 2025, emplea uno de los sistemas de radar más potentes puestos en órbita. Su función es medir, con alta precisión, los movimientos de la superficie terrestre.

En su primer análisis sobre la capital mexicana, el radar mapeó el desplazamiento del suelo durante la estación seca.

Los datos preliminares indican que varias porciones de la zona metropolitana se hundieron más de 1.2 centímetros mensuales en ese lapso.

Las áreas con una compactación superior a 2 centímetros por mes aparecen marcadas en azul oscuro en las imágenes satelitales.

Las zonas amarillas y rojas corresponden, hasta ahora, a ruido residual; los científicos esperan que esas interferencias se reduzcan conforme el satélite acumule más mediciones.

David Bekaert, gerente de proyecto del Instituto Flamenco de Investigación Tecnológica y miembro del equipo científico de NISAR, explicó: “La Ciudad de México es un punto crítico conocido en lo que respecta a hundimientos, e imágenes como esta son solo el comienzo para NISAR”.

La NASA apuntó que los resultados confirman la rapidez y la fiabilidad con la que el satélite puede rastrear cambios en tiempo real, sin las limitaciones que las nubes o la vegetación imponen a los sensores ópticos y a los radares de alta frecuencia.

¿Por qué la Ciudad de México se hunde desde hace más de un siglo?

La razón central es una combinación de historia geológica y actividad humana; la zona metropolitana, donde viven alrededor de 20 millones de personas, se asienta sobre un antiguo sistema lacustre.

Bajo el desarrollo urbano se encuentra un acuífero del que se extrae agua de forma intensiva para el consumo cotidiano.

Esta extracción constante reduce la presión en las capas del subsuelo. El peso de la infraestructura urbana comprime el lecho del antiguo lago, formado por sedimentos y arcillas que ceden con el tiempo.

El proceso de compactación es acumulativo y no se revierte, aunque la extracción de agua disminuya

El fenómeno está documentado desde hace un siglo. Un ingeniero reportó por primera vez el hundimiento en 1925.

Durante las décadas de 1990 y 2000, algunas áreas del Valle de México registraron descensos de hasta 35 centímetros por año, lo que provocó daños visibles en redes de drenaje, banquetas y en líneas del Metro.

¿Qué zonas presentan los hundimientos más notorios en la nueva medición?

Cerca del centro de la captura se observa la estructura del Aeropuerto Internacional Benito Juárez. Hacia el noreste destaca, como un rectángulo verde oscuro, el lago Nabor Carrillo.

Uno de los ejemplos más tangibles del problema es el Ángel de la Independencia, el monumento, inaugurado en 1910 sobre Paseo de la Reforma, alcanza 36 metros de altura.

Con el paso de las décadas, el nivel del suelo a su alrededor descendió de forma notoria, al grado de que se añadieron 14 escalones a su base para mantener la accesibilidad. La columna no se eleva: el piso que la rodea, simplemente, bajó.

Misiones previas con radares espaciales ya habían monitoreado los movimientos del terreno en la Ciudad de México.

La diferencia con NISAR radica en su capacidad para obtener imágenes sin importar las condiciones del clima o la vegetación. Los sensores ópticos y los radares de alta frecuencia se ven limitados por las nubes; este nuevo sistema atraviesa esas barreras y genera datos continuos.

Esa cualidad permite construir un historial de mediciones más extenso y con mayor detalle; con más información acumulada, las autoridades locales y los especialistas en gestión del territorio podrán identificar patrones de hundimiento en distintas temporadas del año, detectar las zonas de mayor riesgo en menos tiempo y ajustar la planeación de obras de infraestructura con parámetros más precisos.

Los ajustes futuros en la misión buscarán reducir el ruido residual que todavía aparece en algunas secciones del mapa. A medida que el satélite complete más ciclos de observación, la serie de datos permitirá diferenciar con claridad las variaciones normales del terreno de las señales de hundimiento activo.

¿Qué implicaciones tiene esta información para la vida diaria en la ciudad?

Un hundimiento diferencial, es decir, que no ocurre a la misma velocidad en toda la superficie, genera fracturas en tuberías de agua potable, drenaje y cableado subterráneo. En las construcciones se traduce en grietas, desniveles en los pisos y puertas que dejan de ajustar.

En el transporte público, las vías del Metro y del tren ligero requieren nivelaciones periódicas para operar en condiciones seguras.

El drenaje profundo, una obra pensada para desalojar el agua de lluvia de la cuenca, también sufre deformaciones que afectan su pendiente natural y obligan a costosos programas de mantenimiento.

Contar con mediciones casi en tiempo real cambia la capacidad de anticipación de las autoridades.

Con estos datos, las áreas técnicas pueden programar mantenimientos antes de que ocurra una falla, modificar reglas de construcción en zonas específicas y orientar mejor las inversiones en sistemas de agua.

La información satelital llega en un momento en el que la demanda de agua subterránea sigue siendo alta y la superficie construida no deja de expandirse, por lo que el monitoreo constante de NISAR aporta una herramienta que antes no existía con esta cobertura y periodicidad.

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