Para Claudia Sheinbaum, el mayor reto no son los cárteles, sino los vínculos políticos dentro de Morena con el crimen organizado mientras Trump ejerce cada vez más presión, señala el New York Times
Un análisis del New York Times advierte que el problema central de la estrategia de seguridad en México no es solo el narcotráfico, sino la relación histórica entre poder político y crimen organizado, un dilema que complica la posición de la presidenta frente a las presiones de Donald Trump.

CIUDAD DE MÉXICO.- Las tensiones entre México y Estados Unidos en materia de seguridad han vuelto a intensificarse durante el segundo mandato del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha reiterado su intención de intervenir de manera más agresiva contra los cárteles mexicanos.
Sin embargo, un análisis publicado por The New York Times sostiene que el verdadero desafío para la presidenta Claudia Sheinbaum no radica únicamente en el poder de las organizaciones criminales, sino en las acusaciones que pesan sobre diversos actores políticos —incluidos integrantes de Morena— por presuntos vínculos con el crimen organizado.
El texto, firmado desde la experiencia periodística y apoyado en antecedentes históricos, plantea que combatir de fondo a los cárteles implicaría para Sheinbaum confrontar estructuras de poder locales profundamente arraigadas, incluso dentro de su propia coalición política.
Trump intensifica la presión sobre México
Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha retomado un discurso duro contra el narcotráfico mexicano.
Ha planteado de manera reiterada la posibilidad de desplegar tropas estadounidenses en territorio mexicano para “eliminar a los cárteles” responsables del tráfico de fentanilo y otras drogas hacia Estados Unidos.
En una entrevista con Fox News, el mandatario afirmó que Claudia Sheinbaum “le tiene mucho miedo a los cárteles” y aseguró que “los cárteles gobiernan México”.
No obstante, el New York Times advierte que este planteamiento ignora la dimensión política e institucional que sostiene al crimen organizado en el país.
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El problema de fondo: cuando el crimen forma parte del Estado
De acuerdo con el análisis, el narcotráfico en México no puede entenderse únicamente como un enfrentamiento entre el Estado y grupos criminales.
El problema central es que, en múltiples regiones, las organizaciones delictivas han operado históricamente con protección política, policial o administrativa.
El diario subraya que Morena, como partido gobernante, no es ajeno a esta realidad. Varios de sus miembros enfrentan acusaciones serias por presuntos vínculos con el crimen organizado.

Para Sheinbaum, avanzar contra estas redes no solo implicaría capturar narcotraficantes, sino desmontar los cimientos del poder local que permiten la gobernabilidad en amplias zonas del país.
Un partido dividido y un alto costo político
A diferencia de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, fundador y figura central de Morena, Sheinbaum no cuenta con un control absoluto del partido.

Morena se encuentra dividido en facciones leales a Sheinbaum y a AMLO, separadas más por lealtades personales que por diferencias ideológicas.
El New York Times advierte que una ofensiva más dura contra políticos corruptos podría enfrentar a la presidenta con actores internos capaces de debilitarla políticamente y afectar el desempeño del partido en las próximas elecciones intermedias.
Una relación histórica entre política y narcotráfico
El análisis recuerda que la colusión entre autoridades y crimen organizado tiene raíces profundas.
Durante el periodo del sistema de partido único que gobernó México por más de siete décadas, gobiernos locales y estatales protegían a determinados grupos criminales a cambio de dinero, mientras perseguían a rivales, según investigaciones del historiador Benjamin T. Smith.
Esta dinámica no desapareció con la transición democrática del año 2000 ni con la llamada guerra contra las drogas iniciada en 2006.
Por el contrario, la fragmentación de grandes cárteles dio paso a grupos más pequeños, con control territorial, dedicados no solo al tráfico de drogas, sino también a la extorsión, el robo de combustible y el tráfico de migrantes, con vínculos directos con autoridades locales.
El caso Tabasco como ejemplo
Para ilustrar cómo funcionan estas redes de protección, el New York Times retoma el caso de Tabasco, estado natal de López Obrador.
Allí, Hernán Bermúdez Requena, quien fue secretario de Seguridad estatal hasta 2024, es señalado en documentos de inteligencia militar por presuntamente colaborar con un grupo criminal local conocido como La Barredora.

Bermúdez fue detenido en Paraguay y enfrenta cargos en México por asociación delictuosa, extorsión y secuestro, aunque ha sostenido que se trata de una persecución política.
Su nombramiento fue realizado en 2019 por Adán Augusto López Hernández, entonces gobernador de Tabasco y hoy senador de Morena, quien ha negado conocer las presuntas actividades criminales de su colaborador, una versión que ha generado escepticismo incluso dentro del partido.
Violencia política y control territorial
El texto señala que, en otras regiones del país, los grupos criminales han logrado someter a autoridades mediante amenazas directas.
El asesinato del alcalde Carlos Manzo, ocurrido en noviembre, provocó protestas a nivel nacional y evidenció los riesgos que enfrentan los funcionarios que desafían al crimen organizado.

Previo a las elecciones de 2024, alrededor de 30 candidatos locales fueron asesinados y cientos más abandonaron sus campañas por presión de grupos criminales, un dato que refuerza la dimensión política del narcotráfico.
La estrategia de Sheinbaum y sus límites
El análisis reconoce que Sheinbaum ha adoptado una postura más firme en materia de seguridad que su antecesor.

Ha enviado miles de elementos a la frontera con Estados Unidos, ha autorizado el traslado de 92 presuntos líderes criminales a ese país y su gobierno presume decenas de miles de detenciones, además de una reducción en la tasa de homicidios.
En noviembre de 2024, incluso fue detenido un alcalde de Morena en el Estado de México acusado de colaborar con La Familia Michoacana, lo que evidenció que la ofensiva no se limita a actores externos al partido.
Impunidad cero, pero sin tocar las redes políticas
Pese a estos avances, el New York Times señala que el discurso de “impunidad cero” ha evitado profundizar en las estructuras políticas que sostienen al crimen organizado.
El diario recuerda que, históricamente, la eliminación de redes de protección oficiales ha detonado picos de violencia, al dejar vacíos de poder que son aprovechados por otros grupos criminales.
Tras dos décadas de violencia, con cientos de miles de muertos y desaparecidos, existe un amplio rechazo social a una escalada mayor del conflicto.
Justicia transicional y el riesgo para Morena
En los últimos años, figuras dentro y fuera de Morena han planteado la posibilidad de un proceso de justicia transicional, mediante tribunales y comisiones de la verdad, para desmantelar las redes de colusión entre política y crimen.
El análisis advierte que este camino podría tener un alto costo político para Morena, al exponer irregularidades que pondrían en entredicho su narrativa de ruptura con la corrupción del pasado.
Un dilema entre Washington y la estabilidad interna
El New York Times concluye que Claudia Sheinbaum no necesariamente teme a los cárteles, como afirma Trump. Ha continuado recorriendo el país y encabezando actos públicos.
Sin embargo, enfrenta un sistema de colusión profundamente arraigado, un partido dividido y la presión constante de un presidente estadounidense que exige una cruzada frontal.

En ese escenario, la mandataria mexicana podría quedar atrapada entre las exigencias de Washington y una maquinaria política interna que, en muchas regiones, sigue funcionando bajo el statu quo.
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