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Mexicali

Oficios de la muerte: Alexander López trabaja de embalsamador en una funeraria de Mexicali

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Por Nicolle De León

Oficios de la muerte: Alexander López trabaja de embalsamador en una funeraria de Mexicali

Oficios de la muerte: Alexander López trabaja de embalsamador en una funeraria de Mexicali

Abrumador es saber que todos terminarán sobre una plancha fría donde un embalsamador le extraerá los órganos, para después ser maquillados y vestidos por última vez antes de ser colocados en un féretro.

Los afortunados tendrán un destino en manos de un buen embalsamador, que le dé el trato que hubiera querido para su cuerpo después de muerto, uno que incluso le pida permiso para tocarlo, uno como el joven Alexander López.

A sus 27 años se levanta cada mañana para realizar su jornada como embalsamador en una funeraria de la ciudad, un oficio que considera sagrado, pues consiste en darle la última imagen que se llevará la familia de su difunto.

Como una paradoja, Alexander inició en un oficio en torno a la muerte por el nacimiento de su segunda hija, necesitaba un seguro, así que inició sepultando cuerpos en un panteón, posteriormente aprendió a cremarlos.

“Hubo espacio para ser embalsamador, quedé y llevé un curso, es un trabajo que necesita acreditación por el manejo de los cuerpos y los residuos”, declaró el embalsamador.

LA EXPERIENCIA

Un cuerpo puede tardar de dos a tres horas en el horno para que se convierta en cenizas, dependerá del volumen, durante la cremación todo el cuerpo se disolverá y las cenizas sólo son los huesos, reveló Alexander.

“El horno tiene una ventana, la primera vez que cremamos un cuerpo, me fijé por la ventana y miré el fuego en el cuerpo, la cerré y me tuve que salir a calmarme porque fue mucho el impacto”, compartió.

“Cuando la familia me dice que está contenta con el resultado, me dice que parece que está dormido, es la mejor satisfacción, ese es mi mejor pago”, comentó el embalsamador.

PROCESO

Cada cuerpo por ser único conlleva un nuevo reto, ya sea la causa de la muerte, el tamaño o las condiciones físicas, es que se definirá el proceso, explicó Alexander López. El cáncer huele, aseguró López, siendo esta enfermedad uno de los mayores retos, pues es difícil quitar ese aroma.

En enfermedades infecciosas se debe hacer otro proceso aún con más cautela. “Primero lo aseas, le arreglas la cara, sus facciones, le inyectas líquido arterial, lo cambias por la sangre, eso le da color a la piel, mata todos los virus, le da volumen a las facciones por que la gravedad hace que se hundan”, explicó.

Acto seguido se debe de “troquear” el cuerpo, esto se hace con una aguja gigante que se inserta por el abdomen para sacar líquidos, heces fecales y gases, con el fin de que no entre en estado de putrefacción.

“Suturas las incisiones del cuello y del estómago, lo desinfectas, eso es muy importante porque a veces los familiares se acercan a darle un beso o tocarlo, después le das sus retoques estéticos, lo maquillas de forma que se vea natural”, instruyó.

Finalmente los familiares le llevan la ropa, viste al difunto, lo peina y lo coloca en el féretro en el que le darán el último adiós, todo el proceso le lleva alrededor de una hora y media. Al día suele embellecer cuatro cuerpos.



NIÑOS Y FEMINICIDIOS

La experiencia más amarga es tener que trabajar el cuerpo de un niño o el de una mujer violentada, aunque Alexander intente separar los sentimientos de su trabajo, la compasión ante estos casos puede pesarle durante todo el día.

“Como tengo dos niñas chiquitas, te quedas reflexionando, porque esos niños tenían todo un futuro, todo eso te viene a la cabeza, son experiencias que sí te dejan marcado”, comentó. “En los feminicidios, cuando llegan así las mujeres, sientes el coraje, la impotencia, todo eso, pero de alguna manera tratas de ayudar, para que esté mejor, para que descanse en paz”, prosiguió.

La cercanía con los muertos le ha cambiado el concepto de un deceso, ahora asegura valorar más la familia, un abrazo y una caricia, ya que la vida se esfuma en un suspiro.

HAY QUE HABLARLES

La mejor técnica del embalsamador es hablarle a los cuerpos, en lo que pareciera un protocolo fuera de lo racional, asegura que con eso le saca los mejores semblantes de alivio a un difunto.

“Tienes que hablarle, masajearle para que se destense el rostro, a veces cuando son muertes violentas hasta la luz se va, siento su presencia, se oye como que cierran la puerta, todo eso tiene que ver”, reveló.

Alexander a manera de respeto le pide permiso al difunto para trabajarlo, cuando siente que su presencia no está de acuerdo, los convence diciéndoles que todo estará bien hasta que dejen de manifestarse.
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