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Columnas

Tomar la iniciativa

No es la primera... ni la última..., sin embargo, la coyuntura y circunstancia del momento tan delicado en el que se debate nuestra República ameritan observa.

Por Rogelio Perez

"El compromiso es un acto,

no una palabra"

Jean Paul Sartre

No es la primera... ni la última..., sin embargo, la coyuntura y circunstancia del momento tan delicado en el que se debate nuestra República ameritan observar, desde ya, el comportamiento debelador de las intenciones de cada quien partiendo del valor, peso y credibilidad individual que tienen, pero sin dejar de lado que las más importantes, las que verdaderamente necesitamos los mexicanos, son las de un grupo de gobernantes que tengan la capacidad y la altura de miras para que el compromiso se traduzca en actos y no solo palabras... uno en donde el interés de los Estados y de la Nación en su conjunto prevalezcan.

Y sí, en este sentido, rescato para bien las primeras declaraciones al respecto de uno de los 10 gobernadores que han decidido tomar la iniciativa y dar un paso al frente dejando la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) para dar origen a la Alianza Federalista con todas las implicaciones que debe significar la responsabilidad sobre una decisión que no es cosa menor y que en los hechos representa un punto de inflexión en el camino políticamente hablando.

Son del gobernador de Jalisco (Enrique Alfaro Ramírez): "estamos aquí para construir un nuevo espacio para el diálogo republicano verdadero, no para la simulación".

Hago énfasis en dicha postura pues para que la iniciativa por la Alianza Federalista tomada por los gobernadores cuyas entidades representan nada menos y nada más que el 33% del PIB nacional no se torne en otra Conago a la vuelta del camino (misma que ciertamente perdió fuerza y razón de ser a través de sus 18 años de existencia) es trascendental el que sean bien definidas las estrategias no solo de contrapeso respecto a la Federación ante lo inmediato, sino de una agenda integral de gran calado de mediano y largo plazo que esté a la altura para matizar la evidente tendencia del Gobierno Federal en funciones por centralizar el poder y la toma de decisiones en donde paradójicamente, a la hora de asumir el poder, fortalecen lo que evidentemente no ha funcionado en un país en donde lo que habría que promoverse es un federalismo tendiente a promover el desarrollo regional con inversiones públicas a la medida de las necesidades y vocaciones de cada entidad alejadas de la discrecionalidad y los intereses de grupo que siempre han rondado las políticas públicas decididas en Palacio Nacional lejos de los intereses locales.

Lo anterior sin dejar de entender la importancia estratégica de cohesión e integridad nacional que en los hechos debe representar un Gobierno Federal fuerte y con objetivos bien definidos en cuanto a su capacidad integradora y promotora del bienestar nacional teniendo como cimientos el de las regiones en los estados soberanos.

Así las cosas, la mesura y sensatez de las posturas iniciales ante la decisión tomada, tanto de la mayoría de los gobernadores involucrados (destaco para mal la palabrería infame del fracasado Bronco de Nuevo León) como la del Presidente de la República sobre el tema en cuestión, dejan un buen sabor de boca a sabiendas de que hay mucho en juego y que seguirán siendo observados por la sociedad civil en cuanto a su capacidad política para operar en los hechos los cambios tan trascendentales que se requieren en donde más pronto que tarde quedan evidenciados para bien los que tienen los tamaños de estadistas y para mal los que no pueden dejar de lado la amargura y la soberbia.

*El autor es editorialista local/consejero CDEM.

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