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Columnas

Todavía hay esperanza

El fracaso de utilizar “delfines vaqueros” para arriar a un corral a las últimas vaquitas marinas, tuvo después de todo, un resultado positivo.

Por Alberto Tapia

El fracaso de utilizar “delfines vaqueros” para arriar a un corral a las últimas vaquitas marinas, tuvo después de todo, un resultado positivo: la especie aún puede salvarse de la extinción. Como sabemos, en 2018 se encendieron los focos rojos cuando se calcularon solamente 19 vaquitas vivas en el alto Golfo de California. Para cualquier mamífero, eso significaría la extinción inminente, sobre todo cuando sabíamos que en 1980 quedaban 600 de ellas. En los últimos 38 años casi las acabamos en buena medida, por morir asfixiadas en redes para pescar clandestinamente totoaba, especie declarada aún en peligro de extinción.

De la vaquita que murió de estrés cuando era trasladada al corral marino de San Felipe, se tomaron las mejores muestras de ADN para realizar con ellas un exhaustivo estudio genómico, que se dio a conocer el pasado mes de octubre en “Molecular Ecology Resources”, EUA. El resultado cuenta que la vaquita llegó a tener una población de unos 5,000 ejemplares, cifra que coincide con la estimación de la UNAM, quienes han dicho que la población de esta pequeña marsopa de puerto empezó a decaer a partir del uso de las redes para pescar totoaba en los años veinte del siglo pasado. Como se sabe, partidarios de los pescadores argumentan que la disminución de vaquitas se debe a la construcción de presas en los EUA sobre el Río Colorado, y que la falta de agua dulce cambió el ecosistema marino del alto golfo, en perjuicio del cetáceo.

Pero la primera presa, la Hoover, se construyó en 1935 y no coincide con la reducción del mamífero. Por lo tanto, los investigadores del genoma también atribuyen la disminución a la pesca de totoaba con red. El estudio genómico encontró que efectivamente, la vaquita tiene una diversidad genética muy baja, debido a su reducida población. Pero los científicos concluyen que esta condición ha estado con la especie por “cientos de miles de años”, y se ha adaptado ello y lo demuestra el excelente estado de salud que el ejemplar tuvo. La Ciencia a veces se tropieza consigo misma. Estudios sobre el nivel del mar hace 20 mil años, en plena era glacial (CONABIO, y otros) demuestran que los hielos continentales concentraban el agua y los mares tenían un nivel tan bajo, que el alto golfo de California, hoy único hábitat de la vaquita, sencillamente estaba seco. Era una gran pradera alimentada por tres ríos: Colorado, Gila y Sonoita.

Esto significa que la especie vivió en algún otro mar ya que su población llegó a 5,000 hace “cientos de miles de años” (las marsopas tienen 18 millones de años de antigüedad). Entonces lo que nos debe la Ciencia, es una explicación sobre ese pasado remoto de la especie. Mis preguntas serían: ¿De qué mar nos llegó? ¿Por qué ya no hay vaquitas en otra parte? ¿Cómo explicar que se vinieron todas a encerrar en el alto golfo? Afortunadamente el genoma de la vaquita anuncia que aún hay esperanza y ¡sorpresas!. Continuará…

*- El autor es investigador ambiental.

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