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PÓSTIGO

Tiro por la culata

Indiferentes, vanidosos, vacilantes, demagogos, serviles o vende patrias; son parte de los adjetivos-calificativos que los diputados a pulso de sus típicas picaradas, han logrado merecer desde épocas incalculables.

Por Antonio Medina de Anda

Indiferentes, vanidosos, vacilantes, demagogos, serviles o vende patrias; son parte de los adjetivos-calificativos que los diputados a pulso de sus típicas picaradas, han logrado merecer desde épocas incalculables de parte del pueblo que, fuera de honorables y asombrosos parlamentarios, abrumadoramente México ha padecido un poder legislativo (con letra pequeña) apenas atrás de la delincuencia policíaca al ser objeto de recelo, desprecio y repugnancia ciudadana que habiendo visto y escuchado todo nada les asombra si los diputados hacen cosas malas que parezcan buenas o al revés. 
Enyuntados los responsables de hacer y reformar la ley  al antojo político del presidencialismo en turno; de forma natural se creó un círculo vicioso donde particularmente el Poder  Legislativo y Judicial en la práctica son inexistentes siendo, precisamente el primero, la figura degradada a través de la cual el régimen justifica las canalladas constitucionales que mejor se acomodan a sus intereses económicos y sociales que para “taparle el ojo al macho”, se sirven de diputados arrodillados ante la directriz recibida, señal remitida o propina depositada en sus ávidos bolsillos.
Para no llover sobre mojado aproximaremos a la memoria, así fuese una mínima parte de la tupida crónica, los golpes alevosos ocasionados por tribunos de pacotilla en contra de la nación, el pueblo y la patria  cuyos alcances han socavados no solo la soberanía sino abrazado el suelo y subsuelo en pareja proporción en menoscabo de la libertad, la democracia y la justicia al convalidar, una y otra vez, el saqueo de las riquezas naturales, entrega de la industria estratégica, privatización del ejido, desamparo laboral o sometimiento electoral que agregados, repetimos, pintan cuerpo y rostro del órgano se supone instituido para regular la racionalidad constitucional del Estado.
En la interpretación antes plasmada es innegable que “nuestros” congresistas han experimentado una lógica metamorfosis que viene, del cacique empistolado y silvestre, al corrupto y servil etiquetado con título universitario o grillo partidista que resultó más toxico  comparado al anti moderno del pasado pues los vanguardistas de hoy, en la más reciente de sus fechorías, promulgaron la enajenación petrolera a favor del capitalismo globalizado apegados al mismo sucio dedo privatizador de ferrocarriles, Bancos, minerales etcétera los que ambiciones al margen responden  al virus que Jaime Bonilla inyectó a los diputados que “apegados a la ley y su conciencia” desautorizaron los comicios locales anteriores en aras de satisfacer al Primor, sus candidatos y chequera correspondiente.
Bastante tinta y verbo han corrido tratando de articular una explicación de condena, más que indultar, el GOLPE DE MANO urdido por leyvistas-bonillistas, inducido con maletines de dólares y ejecutado a través de “representantes populares” que fieles a la costumbre, como siempre sucede, fueron fáciles de torcer importándoles un comino lo inmoral de sus actos e instintos centaveros que, fuera de sus compradores, nadie los excusa (y menos) ciertos chayoteros que piden histéricos “defender a Baja California o “exigir al centro respetar el Norte”. 
Se salgan o no con la suya, a los golpistas el tiro les salió por la culata…



* El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

 

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