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Columnas

Tercera generación

El domingo 30 de mayo, llegamos a media mañana el campo de “Papa” Fernández, después de dos décadas de ausencia. En todo este tiempo solamente veíamos este histórico asentamiento rural y costeño, desde la comodidad del asfalto de la nueva carretera San Felipe-Laguna de Chapala o número cinco.

Por Alberto Tapia

El domingo 30 de mayo, llegamos a media mañana el campo de “Papa” Fernández, después de dos décadas de ausencia. En todo este tiempo solamente veíamos este histórico asentamiento rural y costeño, desde la comodidad del asfalto de la nueva carretera San Felipe-Laguna de Chapala o número cinco. Nuestra visita tenía varios propósitos: Ver su crecimiento, transferir gasolina de los bidones al tanque de la camioneta, y el principal de todos, saludar al señor Gorgonio Fernández III, hijo de Gorgonio “Chichí” Fernández Murillo y nieto del célebre pionero del Golfo de California, don Gorgonio “Papa” Fernández Romero.

Fue muy grato que el “Goño”, como le apoda su familia, recordara de su infancia, nuestras visitas recurrentes desde 1970 y hasta 2000, que entrevisté por última vez a “Papa”, durante la Semana Santa que estuvimos en San Luis Gonzaga con mi familia. Como se sabe, el apodo de “Papa” se lo puso a don Gorgonio, el famoso artista de Hollywood John “The Duke” Wayne, que asiduamente lo visitaba por avión en los años 50 y 60. Y con ese nombre aparece su campamento pesquero primero, y turístico después, en todos los mapas que sobre el Golfo de California han editado exploradores estadounidenses.

Mi hermano Armando y yo lo sorprendimos al obsequiarle nuestro último libro, “Gonzaga Bay Affair. Certezas e imaginarios entre el desierto y el Mar”. Lo hojeamos juntos recordando personajes que han visitado San Luis, así como reconociendo a sus propios familiares. Unos turistas americanos que desayunaban en la ramada del restaurante, nos escucharon y se levantaron a pedir una copia. ¿Cuánto? Me dijeron, nunca había pensado un precio en dólares, dije ¡25! Inmediatamente uno los sacó de su cartera y me lo pagó. “Si lo hace en inglés le compraremos muchos”, dijo el turista.

En lo que más se concentró Gorgonio III fue en las anécdotas de su abuelo. Ilustradas con dibujos inéditos a color de Armando. Recordamos cómo las contaba “Papa” y como las cuentan ahora su tercera generación. El barco que aparece y desaparece. Las luces que salen del mar. El Tesoro desenterrado de Isla Willard. El difuntito gigante. El temible bufeo. Todas relatadas en este nuevo título. El sexto, de la colección editorial “Compendio Cinegético Tapia Landeros”. Pero el “Goño” empezó a recordar otras anécdotas de su abuelo, que nosotros no conocíamos, por ejemplo, Las anclas de Oro. Recordó que “Papa” contaba un caso de pescadores que perdieron su ancla, pero encontraron un cofre con lingotes de Oro, y en una emergencia los ataron para usarlos de ancla.

Nos dimos cuenta que la pesca comercial, que les hizo posible enraizarse en la bahía, pasó a ser una segunda ocupación para la gran familia Fernández, de la cual uno de sus miembros fue mi alumna en la Facultad de Derecho, UABC. Ahora están dedicados al turismo de hospedaje, ya sea que sus clientes construyan sus casas o renten un espacio para su casa rodante. Interesados, soliciten el libro a mi correo. Fotos en FB.

*- El autor es investigador ambiental.

 

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