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T-MEC, el reto de cambio

En la pasada entrega hice mención del comienzo del T-MEC, versión adecuada y ampliada del TLCAN. Señalaba que hacían falta algunos pendientes. Como parece ser costumbre en nuestros poderes legislativo y ejecutivo, fueron aprobados aceleradamente y casi al sonar la campana de arranque, en periodo extraordinario y con votaciones divididas.

Por Salvador Maese Barraza

En la pasada entrega hice mención del comienzo del T-MEC, versión adecuada y ampliada del TLCAN. Señalaba que hacían falta algunos pendientes. Como parece ser costumbre en nuestros poderes legislativo y ejecutivo, fueron aprobados aceleradamente y casi al sonar la campana de arranque, en periodo extraordinario y con votaciones divididas.

Fue aprobado un amplio paquete de reformas y nuevas leyes, así como un acuerdo Internacional de Cooperación Medioambiental; esto para dar cumplimiento a diversas disposiciones del tratado trilateral. Las leyes aprobadas fueron: Ley de Infraestructura de la Calidad, que abroga la Ley Federal sobre Metrología y Normalización; Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación, que reforma la Ley Aduanera; Reformas al código penal federal en materia de delitos contra la propiedad intelectual; Ley Federal del Derecho de Autor; y Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial.

Pero también opino que debemos considerar que el escenario en que el acuerdo entró en vigor el pasado miércoles primero de julio, es bastante distinto al que estaba en el proceso de casi tres años de negociaciones y mucho más cuando fue aplicado el inicial TLCAN en los años noventa del siglo pasado, vigente desde 1994.

Han cambiado, además, la política comercial y de relaciones internacionales en el mundo y por supuesto con Estados Unidos; también se han modificado los tipos de liderazgos y gobiernos, la globalización y el regionalismo.

Cambiaron también las reglas de juego en la aplicación del tratado entre México, Estados Unidos y Canadá. Están en la mesa, en la normatividad, por lo que ahora tienen que ser estrictamente cubiertas pues están vago estricta vigilancia por las empresas, sectores y gobiernos. Vigilancia a la normatividad en materia laboral, en medio ambiente, en salud e industria farmacéutica, en lineamientos anticorrupción, en promoción de las empresas pequeñas y medianas, la modernización de normas, el impuso a la innovación, el comercio digital y un mayor listado de temas.

Significa retos y desafíos y, como lo han dicho algunos exnegociadores, analistas y políticos, el T-MEC no es la panacea del desarrollo mexicano, solamente será una herramienta, como en su momento lo fue el TLCAN. El tratado será un buen elemento si sabemos sacar provecho al distanciamiento político y comercial entre Estados Unidos y China, el que nuestro vecino país le aplica más aranceles lo que nos abre una valiosa oportunidad para que empresarios e inversionistas redefinan ubicarse en México para ser más competitivos y desde aquí cumplir con los requerimientos del nuevo tratado. Aquí en Mexicali tenemos las condiciones empresariales para poder captarlas, falta que el gobierno garantice las condiciones regulatorias y de aplicación de estado de derecho para que se sientan seguros.

Hablaba de oportunidades. Participemos en una gran transformación para la manufactura, pues representa 87% de las exportaciones; por eso también debemos insistir en que el modelo IMMEX sea renovado para fortalecer su vigencia.

Así como el Covid-19, el T-MEC llegó para cambiarnos; cambiar como empresarios, como organizaciones, como trabajadores, en el desempeño dentro de los centros de trabajo, como manufactureros de exportación y como integrantes de la comunidad.

* El autor es Consejero y Tesorero Nacional de Index, además de director de Recursos Humanos para LatinAmérica en Newell Brands.

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