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Columnas

Reflexión navideña

Se acercaba la época navideña, los niños de un orfanato en Rusia, escuchaban por primera vez la historia de la Navidad; cómo José y María al llegar a Belén y no encontrar posada, debieron ir a un establo donde el Niño Jesús nació y fue puesto en un pesebre.

Por Anita B. de Ochoa

Se acercaba la época navideña, los niños de un orfanato en Rusia, escuchaban por primera vez la historia de la Navidad; cómo José y María al llegar a Belén y no encontrar posada, debieron ir a un establo donde el Niño Jesús nació y fue puesto en un pesebre.

Los niños tratando de captar cada palabra, no podían contener su asombro. Una vez terminada la historia, les repartieron algunos materiales de cartón y papel, para que  hicieran un pesebre, entregándoles  pedazos de franela y fieltro para elaborar la figura del bebé y una pequeña manta para cubrirlo.

Mientras los huérfanos atareados armaban sus pesebres, el instructor caminaba entre ellos, para ver si necesitaban alguna ayuda. Todo iba bien hasta que llegó al lugar donde el pequeño Misha, de seis años, estaba sentado con su trabajo terminado.

Cuando miró el pesebre, quedó sorprendido al ver dentro de él no un niño sino dos. Al preguntarle la razón de dos bebés, Misha repitió muy bien el relato antes  escuchado, hasta que llegó la parte donde María pone al bebé en el pesebre. Allí Misha empezó a inventar su propio final y dijo: Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró preguntándome si yo tenía un lugar para estar. Le dije que no tenía papá ni mamá, tampoco un lugar para estar; entonces Jesús me dijo que yo podía estar ahí con Él, pero le contesté que no podía,  por no tener un regalo que darle. Y como quería quedarme con Jesús, pensé en algún regalo. Se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor. Entonces le pregunté: ¿Ese sería un buen regalo para ti? Jesús me dijo: Será el mejor regalo que haya recibido. Por eso me metí dentro del pesebre, y Jesús  me dijo que podía quedarme ahí para siempre- Cuando el pequeño Misha terminó la historia, sus ojitos llenos de lágrimas empapaban sus mejillas; se tapó la cara, agachó la cabeza, sacudiendo  sus hombros  en un llanto profundo. El pequeño huérfano había encontrado a Alguien que jamás lo abandonaría, ni abusaría  y  estaría siempre con él.

Esta sencilla anécdota nos recuerda lo que es más importante en la vida; Las personas, no las cosas, y nos sitúa  en lo que hoy sucede, donde el tener vale más que el ser. Una cultura consumista que al poner las cosas por encima de las personas, hace perder al hombre el sentido de su existencia, se  olvida de dónde viene y el fin para el que fue creado.

En éste caminar a tientas en la noche de los tiempos, aparece una gran luz en el cielo, una estrella brillante, que desborda todas las expectativas. ¡Dios se ha hecho hombre y ha venido a salvar a la humanidad de la oscuridad del sin sentido! El rumbo de la historia cambia, la luz del Amor irradia a todos los hombres de todos los tiempos y razas, haciendo que todo adquiera sentido.

Esta Navidad, celebremos en familia en un abrazo de amor y perdón, la historia de la salvación, iniciada hace 2019 años, y como Misha, acojamos amorosamente, al amigo que quiere quedarse para siempre en nuestro corazón.

* La autora es Consejera Familiar.

 

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