No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

 Recta final

Restan tan solo 38 días de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América, inmersos sus ciudadanos en una campaña inédita debido a las diversas restricciones de contacto social impuestas por la pandemia del Covid-19, se percibe el hecho de que (si nos atenemos a la tendencia de las encuestas de intención del voto) el demócrata Joe Biden habrá de convertirse en presidente de aquella nación a partir de enero del 2021.

Por Rogelio Perez

"Usted es libre para hacer sus elecciones,

pero es prisionero de sus consecuencias"

Pablo Neruda

Restan tan solo 38 días de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América, inmersos sus ciudadanos en una campaña inédita debido a las diversas restricciones de contacto social impuestas por la pandemia del Covid-19, se percibe el hecho de que (si nos atenemos a la tendencia de las encuestas de intención del voto) el demócrata Joe Biden habrá de convertirse en presidente de aquella nación a partir de enero del 2021.

Sin embargo, a pesar de que el anterior escenario es factible, de igual manera no pueden descartarse los últimos coletazos de un desesperado y cada vez más errático presidente Trump que busca su reelección, sin muchos nuevos argumentos y con un descrédito monumental ante la opinión pública en general, enfocando la estrategia en los 14 estados clave de la Unión Americana que históricamente han sido volátiles en cuanto a la decisión de sus ciudadanos a la hora de votar demócrata o republicano.

He ahí el detalle. A sabiendas de lo arcaico que sigue resultando el hecho de que el ganador de la contienda no es el candidato que se lleva más votos directos sino el que acumula más votos electorales de acuerdo al peso que cada estado tiene, sigue siendo aún posible que Trump pueda ganar a pesar de todos los pesares...

Siendo así, a reserva de que hasta el momento no ha sucedido nada espectacular que de un giro al estado de las cosas y en espera de los debates presidenciales que sin duda alguna serán definitorios para la toma de decisión final por parte de los norteamericanos, se puede esperar que en esta recta final vengan los ataques y la guerra sucia más despiadada con el afán de incidir para lograr el cometido de desacreditar al adversario.

En este contexto, más allá de la certeza en el sentido de que los políticos harán y seguirán haciendo lo mismo de siempre en muchos sentidos, considero que ha llegado el momento para que la sociedad de un país como Estados Unidos, con una de las democracias liberales más consolidadas y exitosas de la historia, haga un alto en el camino para observar y asumir su responsabilidad en cuanto a ser motor de solución y no de problema si lo que se pretende es sacar a su nación de la perversa polarización a la que ha sido llevada irresponsablemente con las consecuencias evidentes que le acarrean un enorme desprestigio nacional e internacional en donde es claro palpar como han perdido el respeto y el liderazgo en el concierto de las naciones.

Ha llegado la hora de distinguir y darse cuenta que cuatro años más de división premeditada de su sociedad, a la par de lo peligroso que resulta el ejercicio de poder entendido en las bases intolerantes, populistas, despóticas y racistas de quien actualmente despacha en la Casa Blanca, pudieran ser la gota que derrame el vaso para acrecentar aún más la crisis generalizada socavando las posibilidades inmediatas para empezar una nueva era de entendimiento y de altura de miras de la mano de nuevos actores que les puedan dar fundamento, cauce y por lo tanto viabilidad.

Veremos y diremos cómo se siguen dando las cosas en estos últimos días de campaña para tener más elementos de juicio con respecto a la elección del próximo 3 de noviembre en donde está claro lo mucho que se juegan nuestros vecinos del norte. 

*El autor es editorialista local/consejero CDEM.

Comentarios