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Columnas

Quemar el Palacio

Fue una crónica anunciada lo que sucedió este lunes 8 de marzo en la Ciudad de México y en otras ciudades del país. Aunque sabemos que lo que pasa en la capital del país tiene repercusiones en el resto de México y en otras latitudes. Se trata del centro y corazón del sistema político mexicano.

Fue una crónica anunciada lo que sucedió este lunes 8 de marzo en la Ciudad de México y en otras ciudades del país. Aunque sabemos que lo que pasa en la capital del país tiene repercusiones en el resto de México y en otras latitudes. Se trata del centro y corazón del sistema político mexicano.

Había mucha expectativa por conocer lo que sucedería este lunes con las manifestaciones convocadas por diferentes colectivos de mujeres. Por diferentes medios durante la última semana, sobre todo a través de los medios de comunicación tradicionales, se difundía la idea de que había gran rechazo al gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) por parte de las mujeres. El caso de las denuncias contra el virtual candidato a la gubernatura de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, fue un asunto que generó una intensa polémica.

Dos días antes de las manifestaciones el gobierno federal mandó instalar una valla para proteger el Palacio Nacional. Se tenía la experiencia del año anterior cuando grupos radicales aprovecharon para tratar de quemar la puerta principal del recinto y agredieron a las mujeres policías que resguardaban el inmueble. AMLO justificó las vallas y las llamó el “Muro de la Paz”. Con ello generó la reacción furibunda de algunos grupos radicales y sobre todo de la oposición política. Una magnífica oportunidad para darle rienda al argumento de que el gobierno tenía miedo de las mujeres y por eso se amurallaba.

Palacio Nacional es la residencia oficial del gobierno actual. AMLO decidió no vivir en Los Pinos sino en el corazón del país, en el Zócalo. Se mudó a un departamento que había construido Felipe Calderón Hinojosa al interior del edificio. Por eso el simbolismo al atacar el Palacio. Se trataba de golpear al presidente no a la sede del Poder Ejecutivo.

Un día antes de las marchas grupos feministas le dieron un giro afortunado a la polémica del muro. Lo convirtieron en un memorial. Escribieron los nombres de los cientos de víctimas de la violencia de los últimos años. Fue una gran iniciativa que hacía pensar además en un efecto de disuasión para las acciones vandálicas anunciadas. Fue en vano. Llegaron feministas radicales a destruir el muro y a agredir a las mujeres policía que resguardaban el Palacio.

No hubo sorpresas este lunes en la marcha que llegó al Zócalo. Toda la propaganda mediática anti López Obrador estuvo azuzando para que el muro y Palacio fueran vandalizados. Durante el día las redes sociales fueron utilizadas para generar la idea de que la agresión era por parte de la policía. Incluso se llegó a difundir que había “francotiradores” en la parte superior del edificio. Rápidamente el vocero de Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, aclaró que las supuestas armas eran en realidad “inhibidores de drones tipo Hikvision para evitar vuelos sobre Palacio por ser un área reservada por seguridad”. La respuesta de algunos fue: “Pero que tal si sí hubieran sido armas”.

Los medios siguieron toda la tarde y noche con su argumento de que el “muro” era una provocación. José Cárdenas, sostuvo que los destrozos fueron en reacción a la provocación del gobierno de instalar el muro. Salvador García Soto, escribió que los medios pusieron toda su atención en “la guerra” que tuvo lugar en el Zócalo. Así el profesionalismo de ciertos periodistas. Escuché a otros (y otras) justificar la violencia aduciendo que era porque AMLO era misógino y poco empático con la causa de las mujeres y que eso justificaba si era necesario quemar el Palacio Nacional.

Pero los desmanes no fueron exclusivos de la Ciudad de México. En Tijuana asaltaron las instalaciones de la Fiscalía General del Estado y arrasaron con los automóviles estacionados. Algunos de ellos eran de empleadas, asalariadas, que ni siquiera los tenían asegurados. Antes habían destruido paradores de autobuses con tanta rabia como si fueran estaciones que simbolizan el machismo y que “provocaban” a estas mujeres que ayer, vestidas de ropa de marca, salieron a destruir el “patriarcado”. Una verdadera tristeza que se empañe así un día de conmemoración y de lucha pacífica por los derechos de las mujeres. Más trágico aún que se vandalice a nombre de revindicaciones feministas históricas por quienes lo hacen desde posiciones de privilegio. El feminismo de ocasión conspira contra el verdadero feminismo. Pero hay quienes no son capaces de aceptar la diferencia.   

*- El autor es Investigador de El Colegio de la Frontera Norte/Profesor Visitante en el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California en San Diego.

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