Columnas CONTRA CORRIENTE

Qué necesidad II

En días siguientes del informe “Al Pueblo de México” por el presidente Andrés Manuel López Obrador persistió en varias ocasiones en las siguientes palabras, sin ser textual: la derecha mis adversarios están derrotados, disminuidos; ni se ven ni se encuentran palabras más; palabras menos.

Por Ruben García Benavides

En días siguientes del informe “Al Pueblo de México” por el presidente Andrés Manuel López Obrador persistió en varias ocasiones en las siguientes palabras, sin ser textual: la derecha mis adversarios están derrotados, disminuidos; ni se ven ni se encuentran palabras más; palabras menos.

Mientras tanto, en el Congreso de la República una semana después, se debatía “encarnizadamente” entre los diputados de todos los partidos; Morena, PRI, PAN, PT, quién sería el nuevo titular para asumir la Presidencia del Congreso en la Cámara de Diputados. Y ojo: la disminuida e invisible oposición; la inexistente o pálida derecha; la que ni se ve y por lo tanto es menos que nada, según nuestro presidente Obrador, le dio un golpe duro a Morena, el partido de Obrador. ¡Sí, hombre! Los panistas, los invisibles, le pusieron una paliza, por no decir de otra manera a Porfirio Muñoz Lado, que por su afán de conservar el poder en la Cámara citada, el porfirista insistió una y otra vez, y lo expresó de mil formas en los medios, que él merecía por sus méritos y los méritos de Morena, por su prestigio al frente del Congreso y o como político acreditado, a grado tal que bien merecía su “porfiriato” permanecer al frente del organismo un periodo más. De igual forma, la diputada Dolores Padierna, faltaba más, defendía en su intervención en los medios, a capa y espada, los derechos bien ganados del político; por ser de Morena y porque Morena simplemente era una amplia mayoría. Pero la invisible oposición, -los conservadores- los parientes de Maximiliano y el otro Porfirio, le pusieron una tunda al partido del presidente a modo de respuesta a su menosprecio a los partidos invisibles. Y, a la vez, se queda con su persistente discurso, mañanero o a la hora que sea, contra sus adversarios, mismo que deberá ser conciliatorio en lugar de agresivo, respeto a la oposición por ser él, el presidente de todos los mexicanos. Digo yo: Qué necesidad. Persiste el presidente Obrador en atacar a un sector de mexicanos que de hecho lo apoyan en lo general, pero que con valentía y datos bien fundados se muestran en desacuerdo con su administración.

Sí, en efecto, los partidos políticos adversarios de Morena se encuentran

bastante disminuidos, pero los liderazgos de estos partidos son fuertes,

argumentan contra lo que no están de acuerdo con Morena, el partido del

presidente, con una oratoria muy superior a los morenistas: en el Congreso

han dado muestra de su capacidad oratoria. No se diga más.

Pero, lo más importante: reitero: Andrés Manuel López Obrador es el presidente de todos los mexicanos y no sólo de una facción. Con frecuencia, en su discurso el ejecutivo actúa de manera facciosa. No lo digo yo, él mismo en sus actos se comporta como un candidato de partido y ya no como el Presidente de las mayorías. Así de simple. Así de claro. No se diga más.

* El autor es artista plástico.

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