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Columnas

Por el derecho a migrar

La ubicación geográfica de México es factor determinante para entender su porvenir. Somos un puente entre dos mundos: Norteamérica y Latinoamérica.

Por Roberto Quijano Luna

La ubicación geográfica de México es factor determinante para entender su porvenir. Somos un puente entre dos mundos: Norteamérica y Latinoamérica. Por un lado, nuestra cercanía con Estados Unidos y Canadá nos permite formar parte de una de las regiones de intercambio más grandes del mundo; por supuesto, esto incluye bienes y servicios tanto legales (automóviles, electrodomésticos) como ilegales (drogas, personas, contrabando). Por el otro, dada la mayor oferta de prosperidad en Norteamérica y la inestabilidad de Latinoamérica, México es la última frontera antes de llegar a la tierra de las oportunidades.

Desde la era Obama, México se ha consolidado como el muro para detener la migración proveniente de América Central. Basta preguntar a cualquier migrante que haya transcurrido por nuestra frontera sur para confirmarlo. Miles de hermanos centroamericanos deben padecer los innumerables abusos y acosos que sufren a manos de autoridades migratorias y crimen organizado a lo largo de nuestro territorio. Algunos logran llegar hasta su tierra prometida (EUA), otros deciden regresar a su país de origen y otros se quedan en México.

A inicios del sexenio obradorista, todo indicaba que México facilitaría el libre tránsito del migrante hasta llegar a la frontera estadounidense. El otorgamiento de visas humanitarias fue un instrumento legal para concretar esto. Empero, cada acción conlleva una reacción. Dicha política migratoria incentivó el arribo de más migrantes provenientes de innumerables países que veían en México su última oportunidad para llegar a Estados Unidos. Esto enfureció al gobierno de Trump, dado que un efecto corolario fue el incremento de detenciones migratorias en la frontera sur de EUA.

Bajo amenaza de devastar la relación comercial, México cedió y comenzó la actual política migratoria de contención. En días recientes hemos visto con mayor publicidad su puesta en práctica, la cual es arbitraria, improvisada y vergonzosa. Elementos de la Guardia Nacional han sido asignados para ejecutar esta política en lugar de enfocarse en sus labores de seguridad pública. Esto debe despejar cualquier duda que México siempre realiza el trabajo sucio de Estados Unidos.

Precisamente esta crisis debe verse desde el ángulo de la relación EUA-México. De ahora en adelante, no se tomarán más decisiones en el ámbito migratorio sin el beneplácito estadounidense. La salida de Evo Morales y la actual política migratoria oficializa quien manda en la realidad.

Pertenezco a una minoría de personas que ha tenido el privilegio de viajar y vivir en distintas partes del mundo. Cada lugar ha enriquecido mi vida y alimentado mi pasión hacia lo humano. Reconozco que no podría estar donde estoy si no fuera por esta libre movilidad. Por ello, frente a la actual situación en México, intento concebir lo que sucede en la mente del migrante que decide dejarlo todo en búsqueda de una mejor vida. A este lo mueve lo mejor que tiene la humanidad. Jesús migró, Mahoma migró, el Buda migró. La vocación migrante está engranada en nuestra genética.

Si bien desde el gobierno se seguirá vulnerando al migrante, desde la sociedad civil debemos empatizar, ayudarle y estar conscientes de que en cualquier momento los migrantes podemos ser nosotros.

*- El autor es abogado y estudiante del programa Atlantis en Syracuse University/Hertie School of Governance.

 

 

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