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“Peroratador”

No hace falta que me eche de cabeza y confiese que titulé este artículo con una palabreja que todavía no está en el diccionario de la lengua española.

Por Miguel Ángel Lino

No hace falta que me eche de cabeza y confiese que titulé este artículo con una palabreja que todavía no está en el diccionario de la lengua española. A mí me extraña que no la hayan incluido y, ante la tardanza, me adelanto.

“Peroratador” tiene sonoridad contundente y deriva lógicamente de perorata, que se define como: “Discurso o razonamiento generalmente pesado y sin sustancia”… ¿Ya se fijó por dónde va los tiros?

En México, tenemos al “peroratador” número uno del mundo (clasificación inventada; pero, al que estoy aludiendo le gusta figurar hasta en lo falso). Sí, me refiero al personaje reincidente de las peleoneras mañaneras. El mismo que viste y habla.

Con supuesto diálogo democrático que en realidad es un monólogo autocrático, el “peroratador” embate sin medida ni clemencia. Con o sin razón es lo de menos. Si el enemigo es cierto, incierto o inocente tampoco importa. Asociaciones o personas; empresas o instituciones; públicas o privadas. El “peroratador” se lanza sin cordura ni mesura a diestra y siniestra; sin orden ni miramientos.

Politólogos, sociólogos, comunicólogos, psicólogos, ideólogos, teólogos, todólogos y el resto de “ólogos” que usted guste y mande, no más no le hallan por dónde…

Porque el “peroratador” es juez y parte. Él no está para convencer sino par imponer. Y es tan pernicioso su ejemplo que muchos ya no se dejan corregir ante la evidencia de sus errores diciendo que: “ellos tienen otros datos”.

Rebasando todo límite, el ingente verboso acusó a la UNAM de haberse derechizado y sin importarle el vendaval desatado y sin tener la más mínima proporción de las tallas históricas, el mentado megalómano es capaz de decir que a él: “le hacen lo que el viento a Juárez”.

LA PALABRA DE HOY: PERORATA

Del verbo en latín 'orare' -hablar públicamente- se derivan 'perorar' / 'perorare' que se refieren a un discurso, en particular a la parte final como broche de oro…

Pero, resulta irónico y trágico que dicho verbo se haya descompuesto para configurar la palabra perorata que en nuestro tiempo define al discurso molesto e inoportuno.

Desmenuzándola, el prefijo 'per' indica “a través de”; el verbo 'orare', “hablar” y el participio pasivo 'ato', “acción recibida”. Semánticamente, el peroratador es un hablador.

DE MI LIBRERO: EL ORADOR

Nada menos que de Marco Tulio Cicerón (106-43 a.C.), El Orador es un tratado del bien hablar en público, en especial al pronunciar un discurso.

Es la última obra del autor que nos revela con diáfana precisión las condiciones que debe poseer todo aquel que tenga la aspiración o necesidad de ser orador.

La armonía y el ritmo son dos claves esenciales de un buen discurso para mantener cautivos a los escuchas. Aún y cuando está basado en teorías literarias de la antigüedad; hoy, a muchos les convendría leerlo y adaptarlo a los tiempos que corren.

Siempre será mejor partir de algo muy bien estructurado; que lanzarse como “chivo en cristalería”, con la perversa consigna de: “aunque no quiera ni les guste, me van a oír”. Como estila el peroratador.

*- El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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