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Pedro Geoffroy: el poeta migrante

En 1943, el periodista y novelista José Revueltas fue comisionado por la revista Así para llevar a cabo un amplio reportaje sobre la franja fronteriza en tiempos de la Segunda Guerra Mundial.

Por Gabriel Trujillo

En 1943, el periodista y novelista José Revueltas fue comisionado por la revista Así para llevar a cabo un amplio reportaje sobre la franja fronteriza en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Después de haber cubierto el desastre de la erupción del volcán Paricutín, en Michoacán, Revueltas llegaba a la frontera norte bajacaliforniana, mexicalense, para descubrir una zona de dura pujanza, donde la guerra no era más que un negocio que daba enormes ganancias a los agricultores cachanillas. Los textos de José Revueltas se titularían como “Viaje al Noroeste de México”, donde este escritor que este 2014 cumple el centenario de su nacimiento, nos deja un retrato completo de la vida y milagros de la sociedad bajacaliforniana fronteriza, de sus luces y sombras.

Después de viajar a Los Ángeles y andar de un lado a otro, para septiembre de 1943 nuestro escritor ya está de vuelta hacia el interior del país. Le escribe a Olivia, su esposa, desde Nogales, Sonora, el 8 de septiembre: “Lo importante es que debemos luchar juntos, por ti, por nuestros hijos y por mi arte”. Revueltas se siente optimista, renovado, listo para luchar “con abnegación y desinterés” por su país. Viendo a México desde su periferia, desde su frontera norte, ha cimentado su compromiso con el pueblo mexicano. En Mexicali, Ensenada y Tijuana, deja numerosos amigos, entre ellos, Pedro Geoffroy Rivas, un espíritu afín entre el bullicio fronterizo, entre los comerciantes y merolicos que no dejan de sentir nostalgia por un espacio de convivencia fraterna, de amistad perenne, de vida rústica, simple, verdadera. Pedro Geoffroy Rivas había nacido en la república de El Salvador, en 1908, y había asumido la vocación poética desde joven. La poesía y el periodismo serían sus tribunas públicas. Primero estudió medicina en su país, pero pronto marchó en búsqueda de horizontes intelectuales más amplios, inicialmente en Guatemala y posteriormente en la Ciudad de México, en donde estudió la carrera de derecho en la UNAM, titulándose de abogado en 1937.

En estos años, por circunstancias laborales, Pedro Geoffroy Rivas se trasladó a vivir a la frontera norte de México, a la ciudad de Tijuana. Proveniente de uno de los países más pequeños, territorialmente hablando, de nuestro continente, Geoffroy Rivas, como salvadoreño, encontró una geografía muy distinta a la suya y una región poco poblada en comparación con las pobladas selvas de su nación. Tanto en la Ciudad de México, mientras era estudiante universitario, como en la fronteriza población de Tijuana, Pedro Geoffroy continuó escribiendo una poesía cuyo destinatario era, en primer lugar, el pueblo salvadoreño y en segundo término la comunidad latinoamericana en su conjunto. En buena medida, la experiencia mexicana de este poeta, quien encontró en Tijuana, fuera de la vida literaria de la Ciudad de México, un espacio de silencio y meditación para continuar ahondando en su obra poética, para proseguir el rescate de su ser latinoamericano y, así, cantar en tono épico la gesta de su pueblo, el relato milenario de nuestra historia. Una historia hecha de opresión y conflicto, de rebeldía y libertad.

Pedro Geoffroy Rivas, poeta salvadoreño, vivió en Tijuana como muchos exiliados de izquierda del mundo: por necesidad antes que por voluntad. Como los transterrados españoles que llegaron por esas mismas fechas (1939-1942) a esta ciudad fronteriza y que pusieron buena cara al mal tiempo que les había tocado vivir. Y sin pensarla dos veces, estos exiliados se comprometieron en sus tareas: judiciales, comerciales o educativas. Y aunque Pedro vivió varios años en Tijuana, en medio del bullicio de una ciudad invadida por las tropas estadounidenses que se divertían en la avenida Revolución, antes de salir a combatir al imperio japonés, nuestro poeta siempre vivió, intelectualmente hablando, en su tierra natal, de la que siempre estuvo atento y en la que publicaba sus artículos periodísticos y poemas dedicados a la situación política y social.

Es importante advertir que, ante los ataques racistas de algunos bajacalifornianos cuando el auge de las caravanas de migrantes centroamericanos en 2018 y 2019, los versos de nuestro poeta han adquirido actualidad, y pertinencia, casi se diría que son premonitorios de los sucesos que hoy atañen a la frontera norte, que son elementos necesarios para comprender nuestro siglo XXI en su racismo furibundo. Y lo son porque el fenómeno migratorio es la huella cultural de nuestro tiempo como lo fue del suyo: “Alejándome voy de dura tierra/Y hacia otra dura tierra me encamino.”

 *- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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