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Columnas

Nadie dijo que sería fácil...

Cuanto camino por recorrer... cuantas cosas por hacer... cuantos compromisos que asumir...  Y pensar que muchos prefieren ni molestarse “en complicarse la vida”, como dicen ellos... otros tantos, claudican a las primeras de cambio. 

Por Rogelio Perez

“Sólo por nuestras obras, por nuestra acción,

podemos saber de nuestra vida”

Jacinto Benavente

  

Cuanto camino por recorrer... cuantas cosas por hacer... cuantos compromisos que asumir...  Y pensar que muchos prefieren ni molestarse “en complicarse la vida”, como dicen ellos... otros tantos, claudican a las primeras de cambio. 

Sólo algunos prevalecen en su iniciativa traduciéndola en acciones concretas... sólo los que inteligentemente arriesgan con visión estratégica dan la cara integrando a los empresarios que asumen su rol en la vida encabezando un sueño cargado de ilusiones a través de las cuales se suman voluntades, capacidades y esfuerzos de quienes comparten el reto que significa emprender.

El camino, sin duda alguna, es complicado. Nunca nadie dijo que sería fácil. 

Pero para el verdadero emprendedor siempre existirá ese estado de ánimo que permita ver oportunidades en tiempos de crisis. Lo anterior siempre y cuando cuente con la solvencia moral de un liderazgo basado en valores éticos inquebrantables ante los colaboradores en donde, si así lo hace el líder, siempre existirá la voluntad común incluso para volver a empezar si así fuese necesario.

Es así como el éxito alcanzado faculta automáticamente al empresario proactivo para levantar la voz cuando se requiera.  Ya sea para exigir compromiso y voluntad por parte de los diversos actores involucrados en la búsqueda del desarrollo o para cuestionar las incongruencias y limitantes impuestas por la autoridad correspondiente. 

Siempre será importante tener los arrestos para sustentar posiciones con argumentos en donde se aprecie como algo sagrado el diálogo enriquecedor de ideas, pero en donde a final de cuentas se tomen decisiones más allá de la demagogia que sólo aplaza problemas irresponsablemente.

De igual manera, la consistencia ideológica observada desde sus muy diversas aristas, marcará la pauta para diferenciar al oportunista del empresario comprometido con la prosperidad de su negocio y el de las familias que dependen de él. 

Desgraciadamente, en más de una ocasión se confunde el camino, sobre todo en este México nuestro en donde con mucho trabajo hemos construido los cimientos de una democracia que terminamos por pervertir cuando cada quien quiere sacar raja personal o cuando no hemos sido capaces de ponernos de acuerdo cayendo en el error de ver el árbol y no el bosque. 

¡Como nos hace falta avanzar a todos en este rubro!

Otro aspecto importantísimo que debe forjar el apostolado empresarial en nuestros días tiene que ver con su sensibilidad social para involucrarse directamente y coadyuvar con la acción gubernamental con la intención de mejorar las condiciones de vida de quienes menos tienen. 

En este contexto del mundo empresarial, del mundo que nos apasiona a quienes promulgamos la idea de hacer que las cosas sucedan, nos encontramos con el escenario de cierre de este año 2020 inolvidable en muchos sentidos y que en los hechos nos plantea un panorama complicado y retador con miras al 2021 que ameritará el cierre de filas entre ciudadanos y gobiernos en sus distintos ámbitos si es que queremos estar todos en equipo a la altura de las inéditas circunstancias por las cuales transita nuestra nación.

*El autor es editorialista local/consejero CDEM.

 

 

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