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Columnas

Mexicali de mis recuerdos, Mexicali de mis amores

Allá, por 1940, en Mexicali, los jueves y domingos eran tardes de serenatas. Las parejas, familias y jóvenes paseaban alrededor del parque Chapultepec, mientras la orquesta de “El Quinto Batallón” dejaba escapar melodías de Pedro Vargas, Agustín Lara y otros cantantes de aquella época.

Por Beatriz Limón

Allá, por 1940, en Mexicali, los jueves y domingos eran tardes de serenatas. Las parejas, familias y jóvenes paseaban alrededor del parque Chapultepec, mientras la orquesta de “El Quinto Batallón” dejaba escapar melodías de Pedro Vargas, Agustín Lara y otros cantantes de aquella época. Los niños jugaban en el césped del parque mientras los paleteros ofertaban su mercancía diciendo: “Lloren niños, lloren para que les compren las paletas”.
Los faritos alumbraban tenuemente las inmediaciones del parque, era un lugar lleno de romanticismo donde los jóvenes enamoraban con dulces piropos a las mujeres de Mexicali.
En ese tiempo la avenida Colón era un arenal, de manera que si un auto entraba por equivocación corría el riesgo de quedar atascado. El cerco que divide Mexicali de Caléxico ya existía, la línea para cruzar a Estados Unidos se cerraba a las 9:00 pm, pero todos los que se quedaban a las serenatas no les importaba, porque había un hueco por donde se cruzaban a altas horas de la noche, tampoco había vigilancia, la gente pasaba sobre un madero que dividía el canal.
También había varios centros nocturnos, entre estos “El Tecolote”, que era conocido como casa de juego; “El Clímax”, “El Gambrinus”, al que se le recuerda como un bar muy elegante; en la otra acera estaba “El San Diego”, un cabaret más.
Recuerdo que la avenida Reforma iniciaba desde la calle México y concluía justo frente a las oficinas de La Colorado River Land Company, la que se veía majestuosa. La avenida Obregón era más elegante, con camellón y unos faroles muy hermosos en medio.
Toda la calle Melgar, que era la entrada de Caléxico estaba muy poblada, así como las primeras cuadras de la avenida Madero, donde se veían casas de juego, edificios muy bonitos por fuera y muy elegantes por dentro. En el resto de la avenida Madero, lado Norte, estaba ubicado el Hotel Comercial, a un lado del Parque Héroes de Chapultepec, más adelante estaba la escuela Cuauhtémoc.
Por el lado Sur había un banco, tiendas con diversas mercancías, restaurantes chinos y japoneses, “El Paraíso” y “Oasis”, los que eran muy populares y frecuentados por el pueblo, donde servían sabrosos tacos, flautas, horchatas, raspados, nieves que me gustaban mucho. También, la gente iba al “Jardín Azteca”, era una cervecería de americanos.
Y del otro lado de la frontera se presumía el legendario Hotel de Anza de Caléxico que abrió a fines de 1931 y hospedada a personajes importantes y estrellas de cines procedentes de Hollywood.
Este hotel era elegantísimo, todo el personal de servicio era filipino, era la joya y orgullo de Calexico; con la influencia del nuevo hotel y las casas de juego, se consiguió que la garita estuviera abierta las 24 horas.
Y el calor, ¡Huy el calor!, era el mismo que se siente hoy, pero a diferencia que no teníamos refrigeración, así que poníamos trapos mojados para que el aire saliera más fresco, la gente tendía catres arriba de los techos, y los mojábamos para que refrescaran.
Así fue mi juventud, sin refrigeradores; comprábamos barras de hielo para que no se perdieran los comestibles, y fue hasta 1938 cuando salió al mercado el primer ‘cooler’ de agua colada, que para nosotros fue la gloria.
Pero como verán, apenas cumplí mis 46 años, así que esos pasajes solo viven en mi imaginación, y los logré capturar cuando el ya desaparecido Don Armando Gallego Moreno, me concedió amablemente una entrevista para hablarme del Mexicali de sus recuerdos, que también es, el Mexicali de mis amores.
 
* La autora es corresponsal en Arizona, Nuevo México y Texas de la Agencia Internacional de Noticas Efe.

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