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Más poder a los militares

Dos errores muy graves ha cometido el presidente Andrés Manuel López Obrador a lo largo de su gobierno, pero uno de ellos lo ha reforzado recientemente.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Dos errores muy graves ha cometido el presidente Andrés Manuel López Obrador a lo largo de su gobierno, pero uno de ellos lo ha reforzado recientemente. Este último es el “decretazo”, como ya es conocido, para que las obras de infraestructura realizadas por el gobierno puedan saltarse las regulaciones existentes como licencias, permisos, etcétera.

El segundo error, igual de grave, es otorgarle un lugar decisivo al Ejército o a las fuerzas armadas en casi todas las actividades que le competen al gobierno, lo que ha venido haciendo desde el principio de la administración.

Dos errores que reflejan la concepción que tiene López Obrador del papel de las fuerzas armadas en el país, pero también refleja una percepción que no está muy lejos de la realidad: la de que el tiempo se acaba y de que no será suficiente para concluir las obras más emblemáticas de su gobierno.

Desglosemos un poco estas ideas que están interrelacionadas. La propuesta de AMLO de saltar las trancas que implican las regulaciones para un conjunto de obras de infraestructura, justificada en la lentitud de la burocracia y en el boicot de sus opositores, contradice radicalmente su pretensión de combatir la opacidad y la corrupción a nivel general.

No puede haber un gobierno que tenga como bandera la honestidad y la transparencia de su ejercicio, pero que en los hechos esconda la información e impida que todas las instancias legales puedan intervenir en la supervisión, que es en lo que se traduciría el decreto propuesto por el presidente.

Tal parece que ante el dilema de hacer un gobierno honesto y un gobierno que dé resultados, AMLO prefiere este último, pues supone que sin obstáculos de ningún tipo su gobierno terminará las magnas obras que se propuso. Lo de la honestidad es parte de su discurso nada más, como ha sido siempre en todos los gobiernos.

En cuanto al segundo punto, el de darle más peso a las fuerzas armadas, López Obrador también está en una contradicción con el significado de la democracia y otros valores, llevando al país a un etapa que se suponía ya superada como es la de darle mayor poder a los militares. Como si no supiera la diferencia entre un gobierno civil y un poder militar, o un poder civil que gobierna con el apoyo de los militares, como está sucediendo hoy en México.

Sobre este punto, López Obrador ha expresado a lo largo de este tiempo algunas ideas equivocadas. Una de ellas, expresada reiteradamente, es que “el ejército es pueblo organizado”, que no se sostiene por sí sola. La otra es que, dado el nivel de la oposición de los “conservadores” a su gobierno, necesita apoyarse en una fuerza como la del ejército para salir adelante.

Si bien el origen del ejército mexicano es la revolución de 1910, en la que participa casi como un “pueblo en armas”, con los años evolucionó hacia lo que son todos los ejércitos: fuerzas bélicas y orientadas básicamente hacia la seguridad nacional. Es ingenuo pensar que las fuerzas armadas son el pueblo organizado, tratando de mitificar su papel colgándose de aquella fecha histórica.

Bajo esta idea AMLO quiere ocultar un hecho crítico y preocupante actualmente en México: que haya un poder civil, electo democráticamente, que gobierne o intente gobernar el país apoyándose o convocando sistemáticamente a las fuerzas armadas, dándoles un conjunto de facultades como nunca antes había sucedido.

Es más crítico y preocupante todavía si consideramos que este gobierno, el de AMLO, es el primero en muchos años que ha llegado a la presidencia con el más amplio respaldo de la sociedad y con más legitimidad, y sea este precisamente, el que tenga que apoyarse en el ejército y las fuerzas armadas. ¿No es esto una contradicción?

AMLO dice apoyarse en el “pueblo” para gobernar; sin el pueblo –lo dijo recientemente- ya lo habrían derrocado los conservadores. Sin embargo, en quien se apoya realmente es en el ejército. El pueblo es una figura retórica en la perspectiva de López Obrador, un elemento para anclar y darle contenido a sus discursos populistas y autoritarios.

En el fondo, AMLO no confía en la democracia, o confía sólo en lo que él entiende por democracia. Tampoco confía en el pueblo porque lo considera como un sujeto manipulable y obediente; no confía en la Ley o en las instituciones, que las concibe como instituciones de sus oponentes.

Confía en la fuerza como la del ejército, una fuerza organizada y que responde al unísono a sus órdenes, y que por ahora le es leal, pero que después puede voltearse. Es la visión del gobierno autoritario que representa, desafortunadamente, AMLO.

*El autor es analista político.

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