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María Elvira Bermúdez: la ley nunca se equivoca

Nacida en Durango, Durango, en 1912 y muerta en 1988, María Elvira Bermúdez, la primera escritora policial mexicana era licenciada en Derecho en una época en que las mujeres abogadas eran bichos raros en los tribunales de justicia del país.

Por Gabriel Trujillo

Nacida en Durango, Durango, en 1912 y muerta en 1988, María Elvira Bermúdez, la primera escritora policial mexicana era licenciada en Derecho en una época en que las mujeres abogadas eran bichos raros en los tribunales de justicia del país.  Para 1941 ya trabajaba, como defensora de oficio primero y después como actuaria de la suprema corte de justicia, en la policía judicial federal. Bermúdez llegó a la narrativa policiaca por su cercanía con los dramas criminales de su tiempo.  Por treinta años trabajó incansablemente, dándole seguimiento a distintas investigaciones y buscando que el culpable pagara por sus delitos y el inocente quedará por completo exonerado.

A lo largo de su extensa obra, María Elvira nunca traicionó tales exigencias escriturales.  Desde sus primeros textos, publicados en periódicos como El Nacional, Excélsior  o Novedades, fue notorio que aunque aparecieran elementos de índole social, el estilo y tratamiento eran tradicionales, apegados a la ley y el orden.  Entre sus obras policiacas hay una novela, Diferentes razones tiene la muerte (1953) y varias colecciones de cuentos: Alegoría presuntuosa (1971) Cuentos herejes (1984), Detente sombra (1985), Muerte a la zaga (1985) y Encono de hormigas (1987).  Escribió, además, además una gran cantidad de artículos y ensayos sobre teoría y crítica del género policiaco.  Su interés por el género llevó a Bermúdez a compilar dos antologías clásicas: Los mejores cuentos policiacos mexicanos (1955) y Cuento policiaco mexicano.  Breve antología (1987).  Pero su gran aportación al género es haberlo mantenido con vida cuando la época de oro de la narrativa policiaca se fue desvaneciendo a fines de los años sesenta.  María Elvira permaneció entonces como el único faro protector, como la única guía segura, hasta que apareció Paco Ignacio Taibo II para remover, desde sus cimientos, a esta literatura.

Nuestra autora, por supuesto, resintió la presencia de una nueva generación de autores jóvenes que desdeñaban los mecanismos reconocidos de la narrativa policiaca tradicional, las fórmulas racionales y justicieras, ya que preferían la abolición del enigma y negaban la posibilidad de que la justicia prevaleciera sobre el crimen.  Los nuevos escritores, a su vez, veían a María Elvira Bermúdez como la última representante de una etapa superada del género en el país.  No se sintieron reflejados en sus cuentos y, peor aún, casi todos se decantaron por la novela y dejaron a un lado la práctica del cuento a la que Bermúdez era tan proclive. Sin embargo, hoy podemos contemplar, con menos encono y más simpatía, la postura de María Elvira. Como el escritor argentino Jorge Luis Borges, nuestra autora considerada a la narrativa policiaca como una puesta en escena, como una realidad literaria autónoma, con sus propias reglas y códigos, que se manifestaba como un trabajo de relojería: con precisión y pulso firme.  Todas las piezas de la trama debían embonar unas con otras sin que nada pareciera forzado o artificial.  En esta clase de literatura no hay sitio para el azar, para el asesinato sin motivo, para la violencia gratuita.

Pero todos los elementos que perturbaban la decorosa narrativa policiaca de Bermúdez son los que van a crear un clásico de la literatura policiaca en México: El complot mongol (1969) de Rafael Bernal. Para entender este salto entre una narrativa policiaca de reglas inamovibles y la novela de Bernal, donde toda la investigación está presidida por el caos, los muertos inesperados, los torcimientos de la trama y la imposibilidad de una justicia legal en nuestro país, tenemos que recordar la trayectoria de Bernal como la de un escritor que veía la realidad nacional sin filtros canónicos, sin filigranas literarias.

Pero una novela policiaca como El complot mongol no habría sido posible si antes no hubiera existido una narradora como María Elvira Bermúdez, alguien que supo transferir la indagación criminal de la narrativa inglesa y estadounidense y aclimatarla en nuestro país con tanto aplomo y verosimilitud. Cuando hablemos de la historia de este género literario en México hay que darle su lugar a esta autora, que no sólo se dedicó a escribir cuentos propios sino que fue una tenaz creadora de antologías para que esta narrativa se difundiera entre los lectores nacionales. Si alguien estableció un público para lo policiaco, lo criminal, lo psicológico y lo enigmático fue ella, Maria Elvira, la pionera, la divulgadora, la cuentista.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

 

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