No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

Lo mismo pero en otra envoltura

La cúpula de Morena en Baja California se está esmerando en hacer aparecer sus gobiernos municipales como un gran cambio y como algo histórico, pero están muy lejos de serlo. 00

Por Benedicto Ruíz Vargas

La cúpula de Morena en Baja California se está esmerando en hacer aparecer sus gobiernos municipales como un gran cambio y como algo histórico, pero están muy lejos de serlo. Desafortunadamente, las cinco nuevas alcaldías que tomaron posesión de sus cargos están integradas por una clase política que viene del priismo y del panismo.
Con los primeros gobiernos de Morena no se ha producido una renovación de la clase política que ha gobernado en Baja California durante las últimas cinco o seis décadas, por lo que es difícil hablar de un cambio o de una alternancia diferente. Lo que vemos es más bien un “reciclamiento” de la misma clase política que ahora se reincorpora a los gobiernos a través de Morena.
Cuando en 1989 se produjo la primera alternancia en los gobiernos locales, arribó al poder una nueva clase política proveniente del PAN, lo que generó expectativas en torno a una nueva forma de gobernar. Ahora con Morena, que gana las elecciones justamente por el desprestigio de los gobiernos panistas y priistas, integra en sus equipos a esa misma clase política que ha sufrido un profundo desprestigio en los últimos años.
Y Morena hace esto no porque no tenga cuadros políticos propios con los que podría conformar sus gobiernos, sino fundamentalmente porque los cuadros más destacados de ese partido provienen del PRI (de la era del gobernador Xicoténcatl Leyva Mortera, principalmente) y del PAN, que fueron cooptados por el bonillismo cuando se distanciaron del tristemente célebre gobernador Francisco Vega de Lamadrid.
Desde el primer momento en que Morena elige a sus candidatos para la pasada elección estatal, excluyó claramente a todos aquellos líderes o grupos más identificados con las corrientes de izquierda o más progresistas, que habían participado en la formación de Morena, para colocar en su lugar a distintos personajes ligados al priismo (como Arturo González Cruz, Aracely Brown y Armando Ayala) y al panismo (Marina del Pilar en Mexicali).
Los cuadros y los miembros de Morena que se afiliaron a ese partido en distintas etapas de su organización, en su gran mayoría quedaron fuera de los gobiernos o algunos han recibido puestos menores para disfrazar o esconder su evidente exclusión. Es decir, Morena reproduce el mismo esquema vertical y autoritario del resto de los partidos a la hora de definir quién sí y quién no accede a los puestos de gobierno.
Esto significa que con Morena no llega a gobernar una fuerza nueva, con nuevos cuadros y perfiles, sino la misma clase política anquilosada y viciada que se formó en el priismo y el panismo. Por lo mismo, tampoco hay un proyecto nuevo de gobierno que redefina los alcances y el contenido de los ayuntamientos o del gobierno estatal.
Con Morena se corre el riesgo de repetir o de seguir la misma trayectoria del PAN al poner en las alcaldías a simples “administradores” de las ciudades, o un personal técnico que haga frente a la complejidad de los problemas urbanos, dejando de lado lo que significan realmente los gobiernos y algo que el panismo desdeñó y al final le costó una gran derrota electoral: el ámbito de la política.
Sin una visión política y social de las ciudades y de su realidad, de su historia, etcétera, no se pueden gobernar desde un ayuntamiento instrumentalizado o tecnificado, con visiones gerenciales y administrativas, que hace depender todo de las virtudes y cualidades de los alcaldes y no, justamente, de los proyectos políticos que representan los partidos que gobiernan.
Lo que se necesita cambiar en BC para producir un verdadero viraje histórico a nivel de los gobiernos, es precisamente erradicar esta mentalidad y esta forma de pensar que introdujeron tanto el PRI como el PAN, cuyo pragmatismo y cortedad de miras se definió siempre por “ganar la próxima elección”. Si no hay un partido nuevo que llegue y cambie todo esto, no habrá ningún cambio. Y Morena no lo es.
La pobreza de los gobiernos municipales y la mediocridad que los ha caracterizado desde hace años en BC, proviene de la pobreza y la mediocridad de la clase política compuesta por el priismo y el panismo. Pero también de una clase política que conjuga, en su gran mayoría, dos actividades incompatibles: gobernar y hacer negocios (desde el gobierno). Morena está lejos de cambiar esta tendencia pues son casi los mismos perfiles los que se harán cargo de los ayuntamientos y el gobierno estatal.
Para pensar en la posibilidad de un cambio, Morena debió haber integrado de otra forma sus equipos locales, inaugurar y formar un nuevo personal en las administraciones, cerrar el paso a la vieja clase política, hacer un gobierno más representativo de los intereses populares y dar cabida a nuevas ideas sin desdeñar la visión política.
Pero no, en lugar de eso tenemos una vieja clase política en una nueva envoltura.

 *El autor es analista político.

Comentarios