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Le faltó un quinto pa’l peso: mkt de experiencias

Hace un par de días visité el Valle de Guadalupe, ya sabe que es el paraíso para los que nos gusta el resveratrol (jeje), no teníamos reservación para ese restaurante, muy amables nos explicaron que tenían lista de espera.

Por Marcela Mexía

Hace un par de días visité el Valle de Guadalupe, ya sabe que es el paraíso para los que nos gusta el resveratrol (jeje), no teníamos reservación para ese restaurante, muy amables nos explicaron que tenían lista de espera y nos invitaron a visitar el local de enseguida, donde tenían degustación, venta de vino y artesanía y media (nota mental: llevar sombrero al Valle, estaban maravillosos los que vendían ahí). Se nos hizo excelente idea, así que nos dirigimos al lugar, era solo cruzar un pasillo “es la misma” nos dijo el guardia, refiriéndose al local y nos abrió la puerta.

Ahí nos ofrecieron degustación pero éramos 3 personas y una botella era la opción más adecuada (yei), ahí yo me despegué un poco del grupo y me fui a explorar, había unas escaleras que daban al lugar donde se produce el vino, eran unos tanques de acero inoxidable impecables e impresionantes, al fondo una gran piedra, a lado derecho había un privado, con chimenea, una mesa larga con unas nochebuenas hermosas y dos camas ¿para qué dos camas? y un Arcángel Miguel en el medio, no mas faltaban los vampiros sexies ahí. Subí a contarles lo que había visto y enseñarles fotografías, nos explicó la del mostrador que era un “reservado” que atendían grupos de hasta veinte personas (creo que dijo veinte), y las camas que porque a veces les daba sueño (yo creo que eso le afecta a los que no les gusta el resveratrol).

El vino que compramos nos lo llevamos al restaurante, nos avisaron que ya estaba la mesa lista. Muy rico el vino, ya sabe es para prevenir enfermedades y es mejor que tomar bebidas azucaradas (no me alegue si no entendió plis). La cena estuvo muy rica, nos sirvieron tacos de pulpo y unas costillitas con chile (no me acuerdo bien la receta), después pedimos carajillos y hubo toda una experiencia con el mesero, trajo las copas, les puso una rama de romero y con un soplete la prendió, yo creo que porque huele bonito, a mi la verdad no me gustó, pero estuvo interesante la experiencia. Por cierto no había WiFi gratis… entonces…llegó mi análisis de marketing.

1.¿Cómo o dónde harán el registro de mi visita? No quedó rastro de mi estancia ahí, no saben quién soy, cuántas veces he ido y menos lo que consumí, con esto se perdió toda una estrategia de email marketing, ellos debieron haberse cerciorado de mi información para empezar una relación conmigo y hacer que yo vuelva cada vez que visito el Valle.

2. No había logotipos ni hashtags ni absolutamente nada que me invitara a repartir mi experiencia en redes sociales ¿por qué no lo motivan? Ya estoy ahí, estoy contenta, estoy brindando, ¿por qué no un centro de mesa con el logo y un hashtag? Aunque sea un logo de Tripadvisor ¡Foursquare! ¡Algo por Dios! absolutamente nada, ni siquiera el mesero que debería de ser fotógrafo profesional, un “¿les tomo una foto para el recuerdo?” Nada; y convengamos que eso no cuesta tanto.

3. “El quinto pa’l peso” es una expresión que usamos en Sonora, no se si les es familiar, pero se refiere a que faltó “un poco” para lograr algo y por nada se desperdició...algo así… bueno, al pagar la cuenta ¿qué cree? ¡cobraron el descorche! o sea, uno sabe que debe de pagar descorche, de hecho traíamos en el auto un vino delicioso, pero no lo bajamos ¡de haber sabido! pero ellos aclararon que era “lo mismo”, nos mandaron a comprar el vino ¿para después cobrar el descorche? eso aquí y en China es un descaro ¿para qué? para hacernos no volver nunca más. Eso no se hace, no pierdan lo más por lo menos...y aquí el marketing de experiencia se fue ya sabe usted a dónde. Hay que aprender en cabeza ajena, y si no, llámeme.

* La autora es estratega de marketing, directora de Adirektiva, miembro de la Asociación Mexicana de Mujeres Empresarias.

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