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Columnas

Las contradicciones de la 4T

Para saber si una propuesta o un proyecto político o de otra índole son viables, hay que analizar si no tiene contradicciones internas, es decir, si no tiene ideas o propuestas que se contrapongan y por lo mismo no conduzcan hacia los objetivos deseados.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Para saber si una propuesta o un proyecto político o de otra índole son viables, hay que analizar si no tiene contradicciones internas, es decir, si no tiene ideas o propuestas que se contrapongan y por lo mismo no conduzcan hacia los objetivos deseados.

El proyecto de la 4T, de Morena o del presidente Andrés Manuel López Obrador, que aquí se toman como sinónimos, es un proyecto plagado de contradicciones. La más importante es que se propone un cambio, o una transformación, pero varias de las acciones de gobierno y algunas de sus visiones significan un retroceso. Un cambio que no es un cambio.

Para ejemplificar, apunto enseguida sólo diez de estas contradicciones. Son quizás las más visibles o evidentes, pero también las más preocupantes.

Primera. No puede haber un cambio profundo en la sociedad si el gobierno actual, así como de varios morenistas, siguen manteniendo la concepción machista y patriarcal sobre la mujer y del papel que ella debe jugar dentro de la familia y en general en la vida social y política.

Justamente lo que se quiere romper por parte de los movimientos que están buscando un cambio, entre ellos el movimiento feminista y otros, es lo que el morenismo quiere preservar. ¿No se dan cuenta?

Segunda. No puede haber un gobierno civil que quiera construir una nueva relación de seguridad (interna y externa), dándole un lugar protagónico a las fuerzas armadas, no sólo en el terreno de la seguridad y la protección sino también en el campo de lo económico y social. AMLO quiere revivir un mito sobre el ejército del pueblo, cuando la realidad y el mundo han cambiado radicalmente.

Tercera. Una de las mayores contradicciones hoy en México es que a mayores niveles de militarización, más crecen los índices de violencia y la percepción de inseguridad de la población, como lo demuestran una gran cantidad de encuestas y estudios sobre el tema. Entre más se incrementa la presencia del Ejército o de la Guardia Nacional en las calles de las principales ciudades, más aumentan los delitos como el robo en casa habitación, el robo con violencia, etcétera.

Cuarta. Otra contradicción notable es que no puede haber un gobierno que entre sus principales objetivos se proponga abatir el problema de la pobreza, pero no tenga un proyecto de desarrollo social, sino sólo medidas asistenciales, que resuelven temporalmente el problema de las carencias pero no atacan las causas de fondo que originan la pobreza y la desigualdad. El riesgo es que al final de este gobierno los pobres sean más de los que históricamente ha tenido este país.

Quinta. El gobierno de López Obrador ha ido eliminando y achicando varios organismos e instituciones que forman parte de un sistema democrático y que sirven como contrapeso o vigilantes de las acciones del gobierno, para que sólo haya una relación directa entre el presidente y los ciudadanos. Sin embargo, esta relación directa entre el “líder” o entre el caudillo y el pueblo, nunca ha rendido buenos frutos. Al contrario, permite la manipulación y alimenta el populismo.

Sexta. La bandera principal del gobierno de AMLO ha sido el combate a la corrupción en los gobiernos, pero hay muy pocas medidas efectivas, sistemáticas, que indiquen que se está atacando el problema. Lo que hay más bien es un uso político de la corrupción, en la medida en que es algo altamente redituable y que permea hacia los votantes de Morena. Ahí está el caso de Emilio Lozoya, para poner un ejemplo. Pero también forma parte de la corrupción sostener como candidato a gobernador a Salgado Macedonio en Guerrero.

Séptima. Para muchos mexicanos puede parecer agradable o deseable, pero revivir el viejo presidencialismo en México es una pésima noticia para la democracia. El poder concentrado en una sola persona, como sucedió antes con el PRI, es volver a fortalecer los viejos resortes del autoritarismo y el culto a la personalidad (del presidente). Un retroceso a todas luces.

Octava. Decir que hay libertad de expresión, pero al mismo tiempo descalificar y estigmatizar a los periodistas y analistas que no comulgan con las ideas del presidente, es crear un estado de simulación y engaño a la gente.

Novena. Es una contradicción que haya un gobierno que, en lugar de tomar medidas para no favorecer el calentamiento global, como lo establece la firma del Acuerdo de Paris, promueva una ley que permita el uso de combustibles fósiles.

Décima. Construir un partido nuevo como Morena, con todas las mañas y los vicios de los viejos, que abona al desmadre de los partidos.

*-El autor es analista político.

 

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