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Columnas

La vida que leemos

Contemplar nuestro pasado desde el filtro de la imaginación en cuentos, poemas y novelas que nos revelan las distintas interpretaciones de nuestra realidad, desde cómo vemos, literariamente, nuestro pasado con todas sus contradicciones y paradojas, haciendo hincapié en ciertos temas pertinentes, como la Revolución Mexicana y la nota roja.

Por Gabriel Trujillo

Contemplar nuestro pasado desde el filtro de la imaginación en cuentos, poemas y novelas que nos revelan las distintas interpretaciones de nuestra realidad, desde cómo vemos, literariamente, nuestro pasado con todas sus contradicciones y paradojas, haciendo hincapié en ciertos temas pertinentes, como la Revolución Mexicana y la nota roja, los desafíos de ser un estado libre y soberano y la conciencia de indagar en nuestra identidad como bajacalifornianos, como mexicanos fronterizos, incluyendo visiones encontradas de nuestra realidad, acontecimientos que dieron forma a nuestro desarrollo comunitario, todos esos momentos que han pasado a la literatura porque sus autores los consideraron de trascendencia para su obra de creación, porque marcaron el rumbo. Episodios que son reconocibles más allá de lo personal y tienen impacto social en la memoria colectiva de los bajacalifornianos.

Lo que quiero señalar es que tanto la vida cotidiana de nuestra entidad como sus etapas de desarrollo social pueden ser leídas en las obras periodísticas y literarias que se publicaron entre nosotros en el transcurso de nuestro devenir histórico, marcando con su imaginación y con sus testimonios lo que fue y es vivir en la frontera, en esta región del país donde amplios movimientos migratorios, donde gente venida de todos los confines del orbe hizo su casa, fundó poblaciones, logró con su trabajo progreso y prosperidad.

Entre lo periodístico y lo literario está un mundo por contar. Empecemos contándolo desde la historia misma de Baja California antes de internarnos en sus sucesos trascendentes, en sus impulsos imaginativos. Este libro trata de descifrar lo que hemos sido por medio de los signos de nuestra literatura, a través de los relatos de nuestra creatividad. Un camino de hallazgos en una tierra en construcción permanente. Una ruta que podemos seguir en sus luces y sombras. Una narrativa que nos obliga a descubrir los recovecos de nuestro pasado lo mismo que las contradicciones de nuestro presente.

Para escribir se necesita, por supuesto, de un dominio ejemplar del lenguaje, pero también se requiere de un amor por el entorno en que se vive y se trabaja, una querencia por los signos naturales y culturales que constituyen la base de nuestra sociedad, por las particularidades de residir en la frontera, como vecinos de los Estados Unidos, como usuarios de ambas culturas, la latinoamericana y la anglosajona. Esto es visible en la índole abierta, siempre experimental, siempre novedosa, de muchos de los textos literarios que sirven de ejemplo de la literatura bajacaliforniana. Hay una visión distinta sobre lo que queremos ser y cómo lograrlo.

Ya Rubén Vizcaíno Valencia en 1957, el año mismo en que se fundó la Universidad Autónoma de Baja California, publicó una carta a los bajacalifornianos con conciencia, donde primero daba un diagnóstico de todos los faltantes, en arte, ciencia y cultura, que faltaba al recién fundado estado 29 de la República Mexicana, y luego pedía que todos los bajacalifornianos creativos, empeñosos, soñadores, lo acompañaran en su travesía por el conocimiento de nosotros mismos. Y cito sus palabras de nuevo: “Hay tanto aún que hacer en Baja California, arreglar tantas cosas, fincar tantos hogares, abrir tantas escuelas, escribir tantos libros. Hay tantas cosas pendientes aún de ser tocadas, hechas, pensadas, armadas, cantadas, sentidas, que me fustiga imperiosamente el golpe de la necesidad, que anhelo gritar a ustedes, hermanos de destino, escúchenme, participen conmigo… Hagamos de Baja California un México nuevo, superior, puro de intenciones, fecundo en su esfuerzo, generoso y sincero. Hagamos un mundo para todos, sin miseria brutal, sin resentimiento, sin hambre ni ignorancia, un mundo en donde las altas aspiraciones de nuestra Patria se realicen y nos lleven más allá. Marquémosle rutas a México y hagamos un clima adecuado al progreso humano, dispuesto siempre al sacrificio y a la superación.”

Por eso, para comprender nuestra historia es necesario acudir a sus periodistas, a sus intelectuales, a sus literatos. Que en los poemas, cuentos, crónicas, ensayos y novelas que se han dedicado a nuestra Baja California está un esfuerzo colectivo por difundir nuestro paso por el mundo, un grito de orgullo nacido de ser parte de una empresa hecha entre todos, de una sociedad que ha seguido adelante contra viento y arena, de una comunidad que sigue aspirando a ser mejor hoy y siempre.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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