No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

La gerontocracia

La razón de la existencia de gerontocracias es la creencia de que los ancianos son las personas más sabias debido a su larga experiencia vital y al profundo conocimiento que estos tienen de la cultura.

Por Gonzalo Llamas Bañuelos

Es una realidad en nuestro país, estamos y seguiremos en el futuro gobernados por ancianos, han sido muchos años de abandono de los jóvenes. Hoy nos gobiernan sujetos con edades que fluctúan entre los 60 y 70 años de edad. El término gerontocracia proviene del griego clásico; gerontos, "anciano", y kratos, "poder"; es decir, etimológicamente la gerontocracia hace referencia al gobierno liderado por los ancianos.

La razón de la existencia de gerontocracias es la creencia de que los ancianos son las personas más sabias debido a su larga experiencia vital y al profundo conocimiento que estos tienen de la cultura. Se dice también, que los ancianos son muy ecuánimes al tomar decisiones importantes y según esto son menos ambiciosos que los jóvenes en términos de la riqueza material.

Los partidos políticos se olvidaron de los jóvenes, no hay relevos generacionales, para donde voltees, te encuentras puros personajes entrados en edad, pero que por ambición de poder o necesidad de sobrevivir se encuentra todavía activos. Algunos de ellos en la comunidad habían creado una “tercera vía”, pero hoy se presentan en la “4ta vía” buscando acomodo en otros partidos para no hundirse en este mar tan revoltoso e inestable.

Es una falacia pensar que, por ser ancianos, la ambición desapareció de su mente, nada más alejado de la realidad cuando observamos su afán por enriquecerse y servirse con la “cuchara grande”. Muchos se preguntan ¿para qué tanta ambición, cuántos años les quedan de vida? Se quieren disputar el primer lugar de ser los más ricos del panteón y trascender la historia como los más corruptos.

En la próxima elección, sin duda, veremos a sujetos de todo tipo disputando posiciones en todos los partidos políticos, personajes que son “cartuchos quemados”, serán las mismas caras de siempre.

Estos sujetos serán los que a través de sus respectivos partidos harán frente común para ser un contrapeso a las malas decisiones de los gobiernos; de verdad piensan que serán una oposición responsable, si en las boletas electorales aparecerán “puros chapules” y dinosaurios, porque no se observa la incursión de políticos jóvenes. Los jóvenes han sido relegados de la vida pública de México.

Nuestro país requiere de nuevas caras, de nuevas ideas que vengan a destrabar este anquilosamiento de las tareas públicas.

Mucho se ha prometido “purificar y dignificar la vida pública del país”, sin embargo, esto no cambia, la esencia continua incólume, sin movimiento, se dice que “se cambia para no cambiar”. Pasan los años y todo sigue igual, no hay nada nuevo bajo el sol. Estamos siendo gobernados por una clase política irresponsable cuya máxima es el enriquecimiento personal, donde el quehacer político es visto como una mercancía, como un negocio y no como un servicio a la comunidad.

Mientras permanezca ese principio, no podremos salir de la pobreza extrema donde nos encontramos y el consejo de ancianos seguirá acumulando riqueza.

Las protestas en el país siempre han sido encabezadas por los jóvenes, la juventud ha luchado siempre por nuevos espacios de participación, son estos los que cambiaron desde 1968 las condiciones políticas y sociales del país, sin embargo, hoy no son tomados en cuenta para representar a la sociedad en puestos de elección popular. No son suficientes las políticas públicas con sello electorero y asistencialista.

Ni la gerontocracia es garantía de eficiencia, como tampoco la juventud es garantía de innovación. Los partidos se olvidaron de los jóvenes, se olvidaron de que ellos ayudan a la construcción democrática; los partidos políticos y los candidatos independientes no están volteando a ver a los jóvenes, no tienen candidatos jóvenes, no tienen agenda de juventud y no les interesa el “voto joven”.

*- El autor es economista egresado de la UABC.

 

Comentarios