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Columnas

La familia

Considerada la familia como la célula más importante de la sociedad, históricamente se le han asignado una serie de afirmaciones que la hacían ser el mejor logro que teníamos.

Por Roberto Vázquez

Por el derecho a la libertad de expresión

Considerada la familia como la célula más importante de la sociedad, históricamente se le han asignado una serie de afirmaciones que la hacían ser el mejor logro que teníamos. Se decía que dentro de ella se encontraba la fuerza y la coherencia que afianzaban la búsqueda incesante de metas del ser humano, dándole motivos para lograr sus propósitos; que entre quienes la conforman -padres y hermanos- forman lazos tan fuertes, que nada ni nadie logra desvincularlos y hacerlos perder sus objetivos centrales, que son el amor, la solidaridad y el apoyo mutuo; que sus integrantes creaban vínculos poderosos entre ellos con los cuales, de manera conjunta y con la participación de todos, se prosperaba y se iba creciendo en la escala social; que los padres como guías y líderes naturales, motivaban a sus congéneres promoviéndolos para que superaran a sus antecesores. Sin embargo, creo que es tiempo de que hagamos una revisión de estos y otros conceptos y modifiquemos, si es necesario, las percepciones generales de la familia.

Sin que tenga datos definitivos producto de la investigación, desde tiempos ancestrales la violencia y abusos de todo tipo, se han generado en la familia. Por ejemplo, la utilización de los niños con discapacidades físicas fue de uso común para obtener beneficios monetarios o de otra índole, cuando fueron obligados a mendigar en las calles. En muchas ocasiones sus extremidades fueron dañadas irreversíblemente, para ser utilizados de esta manera. Los niños siguen siendo una forma común y muy utilizada por familias, para hacerse de dineros en la calle.

El abuso sexual promovido y ejercido por los padres, hermanos, abuelos, tíos, maestros, religiosos y vecinos, son una constante. Se conoce que los asesinos seriales comenzaron sus carreras delictivas, agrediendo a los miembros de su propia familia.

Lo que antes fue ejemplo de modelo y el precepto de que la familia es primero, sucumbe a las ambiciones. Al fallecer los progenitores, en muchos casos no en todos, la idea original de la familia desaparece. La unidad y la fuerza de la sangre se hacen a un lado, y olvidando las enseñanzas de sus ancestros, emerge la ambición y los escasos recursos generados por ellos, se convierten en objetivo a alcanzar. La inexistencia de un testamento y el agandalle de uno de los miembros de la familia para apropiarse de ellos, ha producido y lo seguirá haciendo, la separación de las familias.

Los abusos sexuales, la violencia intrafamiliar, la venta abierta de las niñas para efectos de matrimonio o de explotación sexual, la utilización de los hijos o los hermanos en el comercio de narcóticos y otras prácticas ilegales, son comunes en la actualidad. 

La familia, si somos realistas, no conserva de manera obligada la mayoría de las cosas buenas que le atribuimos. Esa frase de que la familia es primero no tiene un soporte real. De manera automática le adjuntamos cualidades que no siempre existen. Las actitudes y conductas antisociales se aprenden dentro del seno de la familia. Los padres les enseñamos a los hijos a ser mentirosos, a apoyar las conductas inmorales dentro de la familia y a refrendar la ilegalidad como práctica común. Debemos modificar nuestra conducta y reformar nuestra forma de conducir a la familia. La autocrítica será definitiva. Vale.

* El autor es Lic. En Economía con Maestría en Asuntos Internacionales por la UABC.

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