No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

La Consulta Popular y el avance hacia la utopía

Practicar la ciudadanía en contextos de vulnerabilidad social y diversidad cultural, como es el caso de muchas regiones del país -y Baja California no es la excepción-.

Por Antonio Medina de Anda

Practicar la ciudadanía en contextos de vulnerabilidad social y diversidad cultural, como es el caso de muchas regiones del país -y Baja California no es la excepción-, se plantea como una utopía; sin embargo, sustentar propuestas de participación que consideren principios del pensamiento y la acción que traten de dar cuenta del sentido de la reivindicación para los sujetos que piensen que en los espacios donde la barbarie exógena es la expresión, la lucidez y la razón endógena es la exigencia, puede ser una alternativa para avanzar en la pretensión permanente de los escenarios posibles.

La Consulta Popular, que se experimentó el fin de semana, resulta una trascendental estrategia de interlocución entre los mexicanos y las instancias encargadas de la impartición de justicia. Estos mecanismos permiten recuperar la percepción de los mexicanos y mexicanas, respecto a un cúmulo de evidencias inaceptables que la historia reciente ha venido documentando del ejercicio, y abuso, del poder de los funcionarios públicos que han tenido en sus manos la conducción (y despojo) de las riquezas de este país.

Las evidencias inadmisibles de rapacidad de funcionarios de los diferentes órdenes de gobierno que por décadas hemos experimentado, no sólo han sido narradas por las plumas de quienes lo han venido denunciando, a costa de ser relegados de los espacios públicos y privados, sino también han quedado tatuadas en la consciencia y vida de millones de mexicanos.

Las expresiones y pretensiones de emancipación, siempre encontrarán o coincidirán con sendas para la construcción de escenarios deseables y para la expresión de libertades posibles; es decir, coincide con las propuestas de emplazamiento de (re)pensar a México desde una perspectiva política y ética más propia (en coincidencia con autores como Hugo Zemelma; Horacio Cerutti-Gulberg; Boaventura de Sousa Santos).

En este marco, la horizontalidad del diálogo e interacción, que ofrece la Consulta Popular, como estrategia de interlocución, se convierte en una práctica para el ejercicio de la ciudadanía, que puede refrescar la obsolescencia estructural y estática de la participación de todos y todas en la vida pública, independientemente la posición que se asuma dentro de la sociedad; las experiencias y el acercamiento a los conocimientos y opiniones de la mayoría y las minorías (los olvidados y excluidos) implica una riqueza de significaciones que expresan la diversidad cultural de nuestro país. En este sentido, todas las vías que se propongan para la (re)construcción de una sociedad que evidencien expresiones de/hacia la justicia social, son bienvenidas. Avanzar hacia la consolidación de mecanismos de interlocución entre unos y otros en un contexto de diferencias y diversidades es, de suyo, fundamental, relevante e incuestionable; significa escuchar(nos); asunto que la derecha por antonomasia se negará sistemáticamente.

Así advertir –como lo hemos visto y leído, durante las últimas semanas- las expresiones de acuse a prácticas reales del ejercicio (de la participación) de la democracia es cerrarse a la alteridad; es limitarse al enriquecimiento y desarrollo individual y colectivo. La Consulta Popular, duela a quien le duela, permite reconocer que en la construcción crítica del conocimiento, con y desde el otro es una posibilidad (no tan utópica) de generar las vías para la transformación de las estructuras sociales hacia la construcción de una sociedad más equitativa. La Consulta, plantea pues la idea de una educación como práctica de la libertad y compromiso con la transformación social desde la colectividad dialógica.

Quienes experimentaron y participaron en la Consulta, lo (con)firmé, (re)construyen(ron) y redefinen(ieron), con utopía, su papel ciudadano; entendiendo(se) así que son (ellos mismos) los propios sujetos quienes en su participación contextual y (muchas veces) limitativa no sólo determinan(rán) la historia pero el devenir de su territorio al tiempo que construyen un conocimiento social transformativo.

En síntesis, coincidiendo con el Premio Nobel de economía, Amartya Sen, la capacidad humana va más allá de un medio de producción, y en este punto la educación tiene un valor en sí misma, pues contribuye a los objetivos individuales y al desarrollo de una sociedad; en el México contemporáneo, se avanza, pues, hacia esa utopía por la que tanto hemos y seguiremos avanzando….

*- El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

Comentarios