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Honor a quien honor merece

A principios del siglo XXI, el periodista Raúl González Galarza aseveraba (La crónica, 10-IX-2001) que “la historia inmediata se ve siempre a la luz de la gratitud o el resentimiento: no se ha fijado por escrito. La tradición oral la lleva el pueblo por todas partes o la olvida”.

Por Gabriel Trujillo

A principios del siglo XXI, el periodista Raúl González Galarza aseveraba (La crónica, 10-IX-2001) que “la historia inmediata se ve siempre a la luz de la gratitud o el resentimiento: no se ha fijado por escrito. La tradición oral la lleva el pueblo por todas partes o la olvida”. Y luego, basado en esa tradición oral, afirmaba que Milton Castellanos Everardo, quien fuera gobernador del estado de 1971 a 1977, era “sin duda el mejor gobernador que ha tenido Baja California”. A casi medio siglo de haber Milton Castellanos llegado al poder, las palabras de Raúl González podían ser compartidas por muchísimos bajacalifornianos que habían vivido, en carne propia, los avatares del estado libre y soberano de Baja California desde su creación en 1952.

Nacido el 23 de marzo de 1920 en Copainalá, Chiapas, Milton Castellanos Everardo estudió en la UNAM, en la Facultad Nacional de Jurisprudencia, de 1938 a 1943, año en que se recibió de licenciado en Derecho. Fue diputado local por Chiapas de 1944 a 1948 y diputado federal por Chiapas de 1949 a 1952. Participa, en su estado natal, tanto de actividades partidistas como en las tertulias culturales con poetas de la talla de Jaime Sabines, Rosario Castellanos o Enoch Cansino y cuentistas como Eraclio Zepeda. De ahí que años después, el historiador universitario David Piñera dijera que la sensibilidad política de Milton Castellanos era producto de un entusiasmo por la cultura y de una sensibilidad literaria donde los libros son más que factores de conocimiento, símbolos de su curiosidad por el mundo en todas sus facetas.

En 1952, el mismo año en que Baja California se transforma en el estado 29 de la República Mexicana, el joven Milton llega a Baja California como presidente del Comité Regional del PRI en el Territorio Norte. En menos de veinte años de residir en nuestra entidad logra llegar a ser gobernador de la misma. El gobierno de Milton fue un gobierno sin titubeos ni precauciones: desde el primer día el impulso a trabajar en grande se percibió como la forma oficial de gobernar de la nueva administración. Sin pérdida de tiempo y con planes bien elaborados, Milton procedió a dar tratamiento a las necesidades de los distintos sectores inconformes de la sociedad bajacaliforniana. Con el apoyo del presidente Luis Echeverría, del que Milton era un amigo cercano, se dio pie para proyectar y construir obras espectaculares y se ofreció respuesta rápida a las demandas por mucho tiempo postergadas de la población. En casi todos los casos estas obras del gobierno tuvieron el apoyo popular. Mexicali y Tijuana se volvieron ciudades modernas bajo su mando. Milton pudo resolver problemas tan graves y acuciosos como el de Cartolandia, la canalización del Río Tijuana, la salinidad del río Colorado, a la vez que impulsó la construcción del Centro Cívico de Mexicali, además de una abundante infraestructura para actividades culturales en todo el estado.

En los años en que yo era un adolescente, entre 1971 y 1975, Milton Castellanos fue el gobernador de Baja California. Sus grandes obras públicas –desde el Centro Cívico hasta el Teatro del Estado, pasando por la Plaza Calafia- no las vi terminadas porque me fui del estado en 1975. A mi regreso, ya en la década de los años ochenta, la gente hablaba de cómo Milton cambió radicalmente nuestra entidad, del impulso que le dio. Desde entonces, todo gobernador del estado se le compara con él y nadie ha logrado superarlo. Y no sólo con lo que hizo sino con la forma de hacerlo. Milton jamás dejó que los problemas crecieran hasta hacerse inmanejables, que los conflictos se enconaran hasta volverse un peligro social. El diálogo fue su instrumento de trabajo. El consenso, su herramienta principal para conjuntar esfuerzos. Cada vez que lo veía en la calle, solo, sin guaruras protegiéndole las espaldas, lo saludaba. En sus últimos años de vida de nuestro ex gobernador, el historiador David Piñera me pidió lo apoyara en un libro sobre Castellanos. En 2009, ambos fuimos al hotel Crown Plaza, donde los entrevistamos por horas. Milton fue abierto y cordial, contestó nuestras preguntas sin titubear, con la franqueza de quien vivió su tiempo como servidor público y no como autoridad incuestionable. Hoy que los políticos son tan despreciados, es difícil aceptar a uno como él, a uno que hizo de su labor pública una tarea perdurable, una obra republicana, un ejemplo a seguir.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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