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Héctor Benjamín Trujillo: un monstruo

Para entender la trayectoria literaria de Héctor Benjamín Trujillo hay que enmarcarla, al menos al principio, en la tarea mayúscula de su mentor, el profesor Rubén Vizcaíno Valencia, bajo cuyo patrocinio nuestro autor se dio a conocer en Baja California.

Por Gabriel Trujillo

Para entender la trayectoria literaria de Héctor Benjamín Trujillo hay que enmarcarla, al menos al principio, en la tarea mayúscula de su mentor, el profesor Rubén Vizcaíno Valencia, bajo cuyo patrocinio nuestro autor se dio a conocer en Baja California. Hay que recordar primero que don Rubén era un promotor impaciente, que tenía prisa por construir la cultura de nuestra entidad. Por ejemplo, su labor educativa dejó huella en las jóvenes generaciones de estudiantes mexicalenses, especialmente preparatorianos (la preparatoria del estado de Mexicali se había incorporado a la UABC), a los que dio clases de filosofía por dos años. En 2001, con motivo de un reconocimiento (se le otorgó la medalla Adalberto Walther Meade) por el Congreso del Estado, el maestro Arnoldo Castilla (El Mexicano, 17-IX-2001) aseguraba que a “usted muchos le debemos el amor a los libros y la buena música, pero sobre todo el apego a los valores de respeto y comprensión a aquellos que no comulgan con nuestras ideas. Recuerdo aún cómo un abigarrado grupo de jóvenes bebía sus explicaciones respecto a los problemas fundamentales de la filosofía, desde su orientación dialéctica hegeliana, mostrando usted una sencillez en el trato hacia aquellos aspirantes que lo escuchábamos”. Para el abogado Castilla, “si alguien merece el título de maestro es usted, por tanto no olvide que los reconocimientos públicos, la mayoría de las veces son efímeros, pero los afectos que usted ha sembrado permanecerán por siempre, así como una inagotable gratitud.”

Uno de esos jóvenes capturados por la oratoria vizcaínista no fue otro que el adolescente por aquel entonces: Héctor Benjamín Trujillo. Nacido en Teocupatlán, Jalisco, en 1940, llegó con su familia a Tijuana y en poco tiempo se hizo fama de genio intelectual y poeta de altos vuelos, en el marco de una literatura que daba énfasis a la lírica de otros siglos y no a las vanguardias artísticas del propio siglo XX.  Para la generación de la Californidad, fue el poeta académico, erudito por excelencia. Vizcaíno lo alabó por sus ambiciones literarias, por los retos que él mismo se ponía para hacer sus versos: “Licenciado en Lingüística egresado de la UNAM, fue como un incendio en la literatura joven a principios de los sesenta, cuando se dio a conocer su obra juvenil de inspiración medieval y renacentista, de tema histórico y fantástico, puso en verso el Apocalipsis de San Juan y el Cantar de los cantares de Salomón. En plena adolescencia se le rindió homenaje de aprecio popular. Escribió, mientras hacía su literatura, obras de teatro en verso y en prosa. Terminada la carrera prefirió el estudio de los idiomas primitivos de los habitantes de Baja California.” también tradujo los Sonetos de William Shakespeare. De la primera etapa creativa de Trujillo destacan los libros Salvatierra (1961, que serviría más tarde de libreto para una ópera del músico Héctor Seeman), En lo gris del mundo (1969) y La muchacha del pelo castaño (1969).

Ya Patricio Bayardo, en las novenas Jornadas Vizcaínas de 2017, al lado de Pedro Ochoa y Jaime Cháidez, dijo que “una vez don Rubén Vizcaíno hizo el elogio de Héctor Benjamín Trujillo, que publicaba poemas de dos planas, es un genio, dijo, es un monstruo. Por allá en el fondo estaba Jesús Blancornelas y pesca al vuelo el adjetivo y desde entonces a todos los amigos de Vizcaíno nos dicen los monstruos.” Y monstruo fue, en toda la extensión de la palabra, Héctor Benjamín Trujillo.

Para los años setenta, Héctor Benjamín ya es un funcionario universitario de alto nivel, que funda y dirige el Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Literarias de la UABC. Los días de poeta han dado paso a los días del investigador riguroso en temas regionales y sociales. Al final, la academia le gana a la creación literaria. En esta segunda etapa destacan los libros suyos: Las prostitutas de Baja California (1979) y Las lenguas hocanas de Baja California (1980). Para los años ochenta del siglo XX en adelante, Benjamín Trujillo es profesor de la Universidad Pedagógica Nacional, donde publica el libro Tijuan. Sobre el origen del nombre Tijuana y la fundación de dicha ciudad Tijuana indígena (1990), donde defiende la tesis que los colonizadores del rancho de la Tía Juana no son los verdaderos pioneros de esta ciudad fronteriza, sino los nativos bajacalifornianos. En todo caso, de la obra literaria de Héctor Benjamín quedan sus versos severos, clásicos, así como su interés por las raíces nativas de Baja California.

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

 

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