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Fracturas

He sostenido que uno de los momentos críticos de todo partido político es el de la designación de candidatos a cargos de elección popular. Son momentos decisivos cuando los partidos pueden salir bien librados o fracturarse. En mucho depende las modalidades que adopten para llevar a cabo las designaciones.

Por Victor Alejandro Espinoza

He sostenido que uno de los momentos críticos de todo partido político es el de la designación de candidatos a cargos de elección popular. Son momentos decisivos cuando los partidos pueden salir bien librados o fracturarse. En mucho depende las modalidades que adopten para llevar a cabo las designaciones.

En los procesos electorales concurrentes actuales, en los que habrán de elegirse a la totalidad de los miembros de la Cámara de Diputados federal y los poderes locales en las 32 entidades, los partidos enfrentan el riesgo de no salir fortalecidos de sus procedimientos de designación. Sobre todo en aquellas 15 entidades en las que habrán de renovarse las gubernaturas.

Tradicionalmente los partidos políticos han puesto en práctica diferentes modalidades para designar a sus candidatos. Desde consultas a sus militantes o abiertas a la ciudadanía en general, hasta diferentes tipos de encuestas. Ha habido también designaciones desde la dirigencia del partido sin mediar ningún tipo de consulta a la militancia. En alguna ocasión el PAN llevó a cabo este procedimiento y lo llamó “designación democrática desde el centro”. Expresión que no tenía desperdicio e informaba del famoso “dedazo” de las cúpulas partidistas.

Hoy Morena, el partido en el poder, enfrenta un gran reto a dos años de haber arrasado en las elecciones de 2018: contar con un mecanismo de designación de candidaturas que minimice el riesgo de fracturas y divisiones que puedan llevar a la interrupción del proyecto de transformación encabezado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El problema de la fragilidad interna de Morena proviene de su historia tan reciente.

Efectivamente, Morena tuvo un crecimiento vertiginoso donde la variable que lo explica sin duda es el liderazgo y popularidad de AMLO. En muy poco tiempo tuvo que pasar de movimiento social a partido político. Ello significó que una vez que obtuvo triunfos electorales, se sumaron personajes de otros partidos y organizaciones que calcularon mejores réditos políticos. Es probable que este arribismo le pudo suponer un soporte para nutrirse de cuadros en un primer momento, pero a dos años de ganar la presidencia de la República se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza. El caso de la senadora sonorense Lilly Téllez ejemplifica esta situación, cuyos principios ideológicos contrarios a los postulados de la 4T demuestran que solo se benefició de la candidatura morenista y hoy se ha convertido en una feroz adversaria del proyecto presidencial.

Uno de los graves retos que enfrenta Morena es no lograr institucionalizarse como un verdadero partido democrático. AMLO decidió abstenerse de participar y eso abrió la puerta a la falta de disciplina derivada de liderazgos fuertes y cohesionadores. Empezar a perder elecciones puede ser muy costoso para el futuro de Morena, insisto, ante la decisión de AMLO de no participar como su máximo líder. Era ese liderazgo el cemento de la organización.   

Para designar candidaturas a los gobiernos estatales, Morena decidió hacerlo por medio de encuestas a población abierta. Sin embargo, uno de los inconvenientes que ha surgido y que le ha merecido críticas es la falta de transparencia acerca de la metodología y los resultados. La dirigencia ha decidido citar a los precandidatos y anunciar públicamente al ganador o ganadora (5 hasta el momento). Pero no han hecho públicos los datos y el sustento metodológico de dichas encuestas. Esto ha abonado a la sospecha de que en realidad se trata de cumplir con las 7 de las 15 candidaturas para mujeres y que han decidido hacerlo por la vía de la designación directa.

Considero que si el caso fuera este último, se debería reconocer abiertamente. Si no, dar a conocer los pormenores de la encuesta. El costo de no hacerlo es muy alto y abona a la sospecha de que finalmente no hay diferencia con las prácticas del pasado. Y más cuando hay candidaturas seriamente cuestionadas por la trayectoria partidista de quien resultó formalmente la ganadora, como el caso de la candidata de Nuevo León, la alcaldesa de General Escobedo, Clara Luz Flores, quien apenas en febrero de este año renunció al PRI. Todavía falta conocer a 10 de los candidatos a gobernador, pero percibo una creciente inconformidad muy peligrosa para el futuro electoral de Morena. Ya veremos cómo resuelven las candidaturas el resto de los partidos. Esa puede ser una diferencia ante resultados inesperados.

*- El autor es Investigador de El Colegio de la Frontera Norte/Profesor Visitante en el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la Universidad de California en San Diego.

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