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Columnas

Eudaimonia

¡Ay, pero qué ganas de complicarme la vida! Con que hubiera titulado mi artículo como “felicidad” todos felices y contentos.

Por Miguel Ángel Lino

¡Ay, pero qué ganas de complicarme la vida! Con que hubiera titulado mi artículo como “felicidad” todos felices y contentos. Pero, quizá, a usted ya le picó la curiosidad y está leyendo estas línea para saber qué rayos es la eudaimonia. Pues eso, en serio: “La felicidad”.

Y si la palabreja aparenta ser compleja en si misma, cuando le cuente que tiene que ver con la concepción aristotélica de la felicidad, usted tal vez replicará: “El que en Dios confía será feliz un día”. ¿Sí? ¿Pero, cuándo?

Relájese, no lo voy a abrumar con rollo etimológicos; sino simplemente quise escribir acerca de una de las condiciones fundamentales de nuestros estabilidad emocional: la felicidad.

Pero ello, cito al filósofo Aristóteles quien postuló que el estado sublime del ser humano es la eudaimonia… la felicidad, pues.

Uno se puede sentir contento o sea, no estar enojado. Pero estar realmente feliz tiene sus bemoles. Porque, la felicidad es un estado sublime de ánimo que el ser humano experimenta en forma plena muy pocas veces en su vida.

Uno se auto engaña creyéndose feliz como una lombriz hasta porque voló una mosca. Pero no. Tal vez menos agobiado, menos alterado, menos intenso. ¿Pero feliz lo que se dice feliz? Muy de vez en cuando.

Vuelvo al buen Aristóteles, quien afirmaba que, la felicidad implica la autorrealización. Alcanzar las metas que nos hemos propuesto para lograr el estado de plenitud y total armonía con el espíritu. Corriente de pensamiento filosófico que se le llamó eudemonismo.

Quien obtiene un reintegro en la lotería o aquel que aprueba con seis un examen y echan a volar las campanas, no son verdaderamente felices. Ya que el pleno cumplimiento de nuestros mayores deseos y aspiraciones es lo que en realidad provee la felicidad. No es feliz el que lo supone o aparenta; sino el que realmente lo es.

LA PALABRA DE HOY: EUDAIMONIA

Término abstracto derivado de 'eu' / bien y 'daimon' que se refiere a una deidad menor o a un espíritu guardián. Implica un estado sublime y divino de la humanidad que es capaz de esforzarse y de alcanzar la muy anhelada y escasa felicidad.

DE MI LIBRERO: TODAS LAS FAMILIAS FELICES

Dice una ácida presentación de la obra de Carlos Fuetes que cuando su obra estaba en picada, publicó “Todas las familias felices” como un testamento literario. ¿Será? Yo no lo creo.

Fuentes declaró (literalmente): “Yo vengo de una familia en la que cada miembro dañaba de algún modo a los demás. Luego, arrepentidos, cada uno se dañaba a sí mismo”.

Varias historias compones este libro, unas más y otras menos interesantes que narran como la felicidad plena se niega a prodigarse.

A mí, la que más me gustó es la de una pareja de casi setentones que se reencuentra y se pregunta si alguna vez fueron amantes. En ellos, en vías del Alzheimer, de seguro no se dio la felicidad porque jamás se olvida el placer de la eudaimonia.

*- El autor es profesor de Redacción Creativa en Cetys Universidad.

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