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Columnas

¿Es válido dividir a la sociedad?

Es algo insólito o impensable que esto se diera, pero es lo más novedoso que estamos viendo en el panorama actual.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Contrario a una de las premisas fundamentales de la democracia o de los gobiernos democráticos, a Andrés Manuel López Obrador no le interesa crear consensos entre los diferentes grupos de la sociedad como un recurso indispensable para mantener la cohesión social. Más bien, al contrario, le interesa la división y remover muchas heridas que han sido origen de enconos sociales y políticos en México.

Es algo insólito o impensable que esto se diera, pero es lo más novedoso que estamos viendo en el panorama actual.

El consenso es una palabra que denota acuerdos o conformidad que se propone el gobierno conseguir entre distintos sectores para llevar a cabo varios de sus proyectos. Salvo las dictaduras, la mayoría de los gobiernos necesitan del consenso, independientemente de su legitimidad ganada en las urnas.

Si no hay consenso, es decir si no hay acuerdos básicos, el gobierno puede enfrentar serios problemas de gobernabilidad y división social.

López Obrador ha tirado por la borda esta regla básica de la democracia y, contra todo lo esperado, se ha convertido en un promotor de la división social y política en el país, creando un clima de polarización y enfrentamiento entre diversos grupos de la sociedad, la mayor parte de carácter político e ideológico, pero también en términos de odios y resentimientos sociales.

La idea tácita detrás de este enfoque es que, en este supuesto cambio de régimen, son los grupos más pobres los que hoy están en el centro del poder y en contra de los otros, de los que antes gozaron de privilegios ya sea dentro del gobierno o se aprovecharon de sus políticas neoliberales.

La idea es hacer patente este contraste, marcar una diferencia entre el ayer y el hoy. Entre los gobiernos de antes y el de ahora.

Pero no sólo se trata de reivindicar esta idea esencial que pone en el centro a los grupos más pobres, sino también, como parte complementaria, se trata de estigmatizar y demonizar a los más ricos (los “fifís”), los conservadores, neoliberales, etcétera, aunque la inmensa mayoría no pertenezcan a estas categorías o ni siquiera se identifiquen. No se trata de reivindicar la igualdad social, como debería de ser, sino el odio y el repudio a los otros (que no son pobres).

El odio y la división, así, se convierten en un recurso del gobierno, un recurso que ya ha sido usado por gobiernos populistas en países de América Latina. ¿Por qué? Porque, aunque parezca contradictorio, la división o la polarización ayuda a cohesionar a ciertos grupos alrededor del gobierno en lugar de alejarlos, al tiempo que permite identificar a los grupos contrarios al gobierno. Es decir, la división (creada por el propio gobierno) le permite combatir mejor a sus supuestos adversarios.

En lugar de crearse una fractura social, la división o la polarización social creada o fomentada desde el gobierno, mantiene unido al pueblo, obviamente alrededor de su gobierno, que es el propósito de López Obrador y de esta visión surgida desde lo más hondo del populismo.

Así, es más redituable la división que el consenso en el gobierno de AMLO, con lo que subraya que él no está interesado en todo el país o en recoger las demandas o las preocupaciones de todos los grupos de la sociedad, como se suponía que era la función esencial de la democracia (la agregación de demandas), sino que sólo le interesan las demandas o las preocupaciones sociales o de otra índole de los grupos más pobres de la sociedad.

Nadie, o muy pocos, quieren verlo de esta manera porque es muy grave y preocupante la visión de López Obrador, pero es  lo que está pasando en el país. AMLO se muestra displicente o casi indiferente ante las demandas e intereses de otros grupos sociales, que giran alrededor del problemas de la violencia, la inseguridad, la salud y las enfermedades (como los niños con cáncer), los ecocidios, etc., o porque, como dice, los medios los utilizan para atacarlo.

El gobierno de López Obrador gira alrededor, exclusivamente, de los grupos más pobres; el resto de la población no existe o existe sólo como un factor contrario. Todo lo que no está dentro del campo de los pobres, es blanco de crítica, de burla, de desdén por parte del presidente, incluidos los medios, los intelectuales y el pensamiento crítico, a los que concibe como opositores y enemigos políticos.

Nos negamos a creerlo o nos es difícil entenderlo, pero así es. Medio país está así. AMLO le va a entregar todo a los más pobres, las instituciones, el poder… y excluirá al resto, a los otros que han gozado de privilegios. Todos los días estira la cuerda y trabaja arduamente para lograrlo. Pero, con todo, y es lo que olvida AMLO, el resto con todos sus defectos y sus inclinaciones….también forma parte de este país, aunque no nos guste.

* El autor es analista político.

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