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Columnas

El neoliberalismo de Morena

Si el principal enemigo declarado del presidente Andrés Manuel López Obrador es el neoliberalismo que habrían ejercido los gobiernos anteriores, sobre todo de Salinas de Gortari hacia adelante, uno esperaría que también sus gobiernos locales, los gobernadores o sus alcaldes, hicieran lo mismo.

Por Benedicto Ruíz Vargas

Si el principal enemigo declarado del presidente Andrés Manuel López Obrador es el neoliberalismo que habrían ejercido los gobiernos anteriores, sobre todo de Salinas de Gortari hacia adelante, uno esperaría que también sus gobiernos locales, los gobernadores o sus alcaldes, hicieran lo mismo.

También se esperaría que los candidatos de Morena a los gobiernos estatales y municipales, en concordancia con lo anterior, hicieran propuestas ligadas a esta perspectiva antineoliberal, como una expresión de que el llamado “proyecto de nación” de Morena fuera tomando forma en todo el territorio nacional.

Las campañas electorales es el momento en que los partidos pueden mostrar sus diferencias (y sus afinidades) en sus propuestas de gobierno, ayudando a los electores a poder contrastarlas y definir cuáles les parecen más convenientes.

Sin embargo, Morena no tiene propuestas antineoliberales a nivel local o estatal. Sus propuestas son muy parecidas a las que hace el PAN, el PRI y otros partidos. No hay mucha diferencia entre ellos. Casi todos los partidos y los candidatos coinciden en las alternativas a los problemas más urgentes.

Aquí, por ejemplo, en Baja California, la candidata de Morena al gobierno estatal Marina del Pilar presentó recientemente su “Plan para el desarrollo económico”, en donde no aparece por ningún lado un enfoque antineoliberal, o mejor dicho, un énfasis en el bienestar de los sectores más pobres.

Un proyecto de mediano y largo plazo que implique detonar procesos de desarrollo distintos a los que se han promovido hasta ahora bajo el modelo maquilador y la explotación de las riquezas naturales de la entidad.

Los puntos que contempla el Plan de Morena es lo mismo, con otros nombres, que han venido impulsando y haciendo los gobiernos del PAN en el estado, con los resultados que estamos viendo desde hace años.

Si todo esto lo analizamos a nivel municipal, la situación es más dramática. Los alcaldes de Morena y ahora sus nuevos candidatos no tienen ni idea de lo que significa contar con un plan de gobierno diferente al resto de los partidos políticos. Lo mismo sus candidatos a diputados locales y federales.

La explicación de todo esto es muy simple. Se refiere a que en realidad no hay un “proyecto de Nación” ni a nivel nacional ni a nivel local. Lo que Morena y López Obrador han llamado así es otra cosa, que bien puede ser explicada como una nueva forma de ejercer el poder, o también de controlar el poder, pero no a través de los contenidos del gobierno.

Con Morena están arribando al poder grupos y personajes que vienen del PRI y del PAN, algunos jirones de la vieja izquierda, que más que ideas diferentes y trascendentes de cambio, tejieron un conjunto de consignas que impactan entre la gente que ha esperado por años una acción de justicia.

Las consignas son simples: combatir la corrupción, sacar a los que han saqueado las arcas del gobierno, darle más a los pobres, combatir al “prian”, a los empresarios, a los intelectuales (es decir, a la gente que piensa), a los medios de comunicación del viejo régimen, y decir que se gobierna por y para el pueblo.

De vez en cuando hacer algo como lo que hizo el gobernador Jaime Bonilla al emitir un decreto para “expropiar” el Club Campestre de Tijuana, un centro recreativo exclusivo de ricos, enclavado en el corazón de la ciudad. Una acción de poder, más que de beneficio social. Un acto populista contra un estrato social privilegiado.

Porque, si en realidad hubiera una visión social y política que tendiera a favorecer a los más pobres, el gobernador bien podría expropiar muchos terrenos para construir viviendas para los más necesitados; rutas de transporte masivo; o hacer empresas de interés social. Pero no se busca eso. Lo que se quiere es dar golpes de poder.

Por esto, es fácil concluir que Morena no gobierna con nuevas ideas o con proyectos diferentes a los otros partidos, sino con un discurso con el que incentiva el odio al PAN y a otros referentes como los empresarios o los intelectuales, para evitar que éstos regresen al poder. Su proyecto no es antineoliberal.

Con esto se logra un efecto que tiene grandes beneficios en las urnas: si votas en contra de los que más odias (dicen los morenistas), ganará Morena. Hasta que los electores vayan descubriendo la verdad, aunque sea demasiado tarde, como ha sucedido en México a lo largo de toda su existencia. Lo veremos el 6 de junio.

*-El autor es analista político.

 

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