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Columnas

El jabón

El primer agente limpiador fabricado por el hombre fue el jabón, la primera referencia de este aparece en las tablas de los sumerios en el año 3500 a.c.

Por Jaime Navarro

El primer agente limpiador fabricado por el hombre fue el jabón, la primera referencia de este aparece en las tablas de los sumerios en el año 3500 a.c., que lo usaban para el lavado de ropas.

Las mismas describen de manera detallada el procedimiento de fabricación del jabón, llegando incluso a definir las cantidades en que se deben ser mezclados ambos componentes principales que son el aceite y las cenizas de madera. El nacimiento del primer jabón definido hoy como la sal alcalina de un ácido graso, se sitúa sin duda mucho antes de la era cristiana; se pierde en la noche de los tiempos.

Si nos remontamos a las antiguas civilizaciones, después de la Sumeria aparece un papiro

egipcio de 1,500 a.c. calificado de auténtico tratado médico, en donde hace referencia a la utilización de cierta sustancia jabonosa empleada para el lavado del lino y del algodón y como tratamiento para enfermedades de la piel.

Los egipcios ya utilizaban un producto jabonoso que consistía en una mezcla de agua, aceite y ceras vegetales o animales, fórmula que fue utilizada también por los griegos y los romanos. El jabón ha servido a una gran variedad de usos, tanto medicinales y como agente limpiador para el cuerpo.

El mismo ha estado de moda y se ha elevado su uso por civilizaciones que han alcanzado su apogeo. Los mercaderes fenicios que navegaban y comerciaban a través del mediterráneo dieron a conocer el jabón, como el resultado de la mezcla de grasa de cabra con ceniza de madera a los griegos y a los romanos, de acuerdo al escritor romano Plinio El Viejo, también se vendía como medicina a los galos posiblemente como un laxante.

Los romanos con sus exquisitos baños y fuentes los usaban en grandes cantidades. Hoy no pensamos en el jabón como una especie de medicina, pero en el siglo II el curandero griego Galeno vio su valor medicinal al momento de limpiar las heridas y el cuerpo en general, recomendándoselo ampliamente a todos los griegos y romanos. Los fenicios fabricaban jabón haciendo hervir la grasa de cabra en agua y agregando gradualmente plantas ricas en carbonato de potasio mezclándolas lentamente hasta que el agua se evaporaba y quedaba una mezcla endurecida.

Aunque parezca increíble el jabón no fue bienvenido en muchos países, en la edad media por ejemplo, existía la creencia de que bañarse frecuentemente (más de una vez al mes y en algunas regiones más de una vez al año) podría ser peligroso para la salud sino es que fatal, llegando incluso a ser prohibido por la Iglesia Católica.

Aun después de que la producción de jabón se volvió un negocio tan lucrativo que incluso volvió a Londres la capital mundial del jabón, los europeos de Europa central enfáticamente se resistían al uso del mismo. Para el siglo XIX las cosas cambiaron radicalmente al extremo de gravar con impuestos al jabón, lo que provocó que muchas familias lo elaboraran secretamente en sus casas para su uso personal.

Un químico alemán el Barón Justus von Liebig llegó a decir que el nivel de civilización y de salud de una nación se podría determinar de acuerdo a la cantidad de jabón que consumía. Ya lo dicen los médicos no hay nada mejor que iniciar un nuevo día tomando un buen baño, el uso de agua y jabón previene muchas enfermedades. La única forma de complementar una vida sana es el uso continuo del jabón. Es curioso que en la cuarentena impuesta por las autoridades no se haya escaseado el jabón, pero si el papel higiénico, ¿alguien podría explicar esto?

*- El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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