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Columnas

El flautista de Hamelín

Los hermanos Jacob Grimm y Wilhelm Grimm fueron unos filólogos y folcloristas alemanes autores de una celebérrima recopilación de cuentos populares. 

Por Jaime Navarro

Los hermanos Jacob Grimm y Wilhelm Grimm fueron unos filólogos y folcloristas alemanes autores de una celebérrima recopilación de cuentos populares titulada Cuentos infantiles y del hogar, como si los relatos fuesen de su invención. En realidad, buena parte de su éxito procede precisamente de su criterio de respetar al máximo la frescura y espontaneidad de los cuentos tradicionales, en lugar de someterlos a artificiosas reelaboraciones literarias.

El flautista de Hamelín es una fábula o leyenda alemana, documentada por ellos, que cuenta la historia de una misteriosa desgracia acaecida en la ciudad de Hamelín, Alemania, el 26 de junio de 1284, el cual estaba rodeado de montañas y prados, bañado por un lindo riachuelo, un pueblo realmente hermoso y tranquilo, en el cual sus habitantes vivían felices.

Pero un día sucedió algo muy extraño en el pueblo de Hamelín, todas las calles fueron invadidas por miles de ratones que merodeaban por todas partes, arrasando con todo el grano que había en los graneros y con toda la comida de sus habitantes. Nadie acertaba a comprender el motivo de la invasión y, por más que intentaban ahuyentar a los ratones, parecía que lo único que conseguían era que acudiesen más y más ratones. Ante la gravedad de la situación, los gobernantes de la ciudad, que veían peligrar sus riquezas por la voracidad de los ratones, convocaron al Consejo y dijeron: “Daremos cien monedas de oro a quien nos libre de los ratones”.

Pronto se presentó un joven flautista a quien nadie había visto antes y les dijo: La recompensa será mía. Esta noche no quedará ni un sólo ratón en Hamelín. El joven cogió su flauta y empezó a pasear por las calles de Hamelín haciendo sonar una hermosa melodía que parecía encantar a los ratones. Poco a poco, todos los ratones empezaron a salir de sus escondrijos y a seguirle, mientras el flautista continuaba tocando, incansable, su flauta. Caminando, caminando, el flautista se alejó de la ciudad hasta llegar a un río, donde todos los ratones subieron a una balsa que se perdió en la distancia.

Los hamelineses, al ver las calles de Hamelín libres de ratones, respiraron aliviados. Estaban tan contentos que organizaron una fiesta olvidando que había sido el joven flautista quien les había conseguido alejar los ratones. A la mañana siguiente, el joven volvió a Hamelín para recibir la recompensa que habían prometido para quien les librara de los ratones. Pero los gobernantes se negaron a pagar.

Por supuesto el cuento no termina aquí, tiene un final triste que tiene que ver con la codicia, la avaricia y la falta de cumplimiento de las promesas hechas. Recientemente los presidentes de los partidos políticos han mostrado una avaricia y codicia por el poder que han olvidado sus principios e ideologías y con tal de no perder sus canonjías, están realizando alianzas con ideologías totalmente opuestas, algunos de sus integrantes están brincando de un partido político a otro.

Uno de ellos ofrece indultos, perdones, redención e indulgencias a los ladrones del erario, otro se unge como la voz del pueblo y por ello tiene derechos divinos, el fin justifica los medios, de tal forma que reciben aportaciones para que se integren al partido en donde se les necesita, el flautista de Hamelín sigue tocando y los ratones lo siguen, sin importar que en el trayecto destruyan todo a su paso. Los partidos políticos ahora son agencias de colocación de empleos bien pagados, la ideología partidista ha muerto. Mis respetos a aquellos militantes de partidos políticos fieles a su ideología, de los cuales por cierto, ya hay muy pocos.

*- El autor es ex presidente de la Federación de Colegios de Ingenieros Civiles de la República Mexicana.

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