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El diluvio económico que viene

Después de mí, el diluvio, era la frase acuñada por políticos mexicanos para describir que después de dejar el poder, vendría la debacle económica, pero a  ellos ya no les interesaba, porque ya se iban, por tanto, los que los relevarían en el poder no podrían con el paquete, que sería responsabilidad del que habría de tomar las riendas del nuevo gobierno. 

Después de mí, el diluvio, era la frase acuñada por políticos mexicanos para describir que después de dejar el poder, vendría la debacle económica, pero a  ellos ya no les interesaba, porque ya se iban, por tanto, los que los relevarían en el poder no podrían con el paquete, que sería responsabilidad del que habría de tomar las riendas del nuevo gobierno. Casi se volvió una costumbre, sobre todo en tiempo del país de un solo hombre, de un solo partido, del partido hegemónico. Sin embargo, esta frase según la historia se le atribuye a Luis XV, Rey de Francia, el “Después de mí, el diluvio". La explicación que se le ha dado a esta expresión está ligada a la personalidad ególatra y enferma de poder del monarca francés. Para algunos, el Rey estaba afirmando: "Sin mí no queda nada o peor aún: sin mí, no son nada. 
En nuestro país hay políticos que se creen soñados y especulan que sin ellos la administración pública se viene abajo, que vendrá una crisis económica y que habría una revuelta social. Eso es lo que piensan quienes se sienten indispensables. Esto forma parte de la cultura política de un país totalitario donde el presidente de la república ejerce el poder de forma autoritaria y concentra las decisiones, aun cuando éstas vayan en contra de los intereses de la sociedad en general. Hoy que pensábamos que estas formas de ejercer el poder estaban superadas nos encontramos con un presidente que en campaña criticaba el ejercicio autoritario del poder y la concentración del mismo, pero ahora él está reproduciendo las mismas prácticas que antes reprochaba.
Las críticas a AMLO no cesan, sobre todo cuando se ve a todas luces que no hay una dirección, no hay un plan nacional de desarrollo que nos indique hacia donde nos dirigimos, lo acusan sus detractores de ser un gobierno sin brújula, de ocurrencias matutinas y caprichos, mientras esto sucede los indicadores económicos están decreciendo, el empleo no repunta, tampoco la inversión, los recortes al gasto público aumentan cada día con tal de financiar las refinerías y darle dinero a “ninis”, personas de la tercera edad y a personas con capacidades diferentes. De continuar con esta tendencia, es muy probable que entremos en una fase de desaceleración económica y el crecimiento del PIB sea menor al 1% ó que sea negativo y en consecuencia, el daño a la economía de la frontera sería catastrófica ya que impactaría la paridad peso - dólar. 
Una situación grave también campea en nuestro estado, ante el inminente cambio de gobierno las críticas al manejo de los recursos públicos han sido permanentes para la administración de Kiko Vega. La persona que gane la elección a la gubernatura habrá de encontrar a un estado en quiebra, endeudado, sin los recursos necesarios para retribuirle sus sueldos a los profesores del SNTE, a los profesores del COBACH, a la Universidad Autónoma de Baja California y a una institución de salud ISSTECALI que atiende a los trabajadores del estado. A lo anterior, habría que sumarle la gran cantidad de proveedores del gobierno a los cuales se les adeudan cantidades millonarias.
No quiero ser agorero de malas noticias, tampoco soy adivino, pero si analizamos objetivamente lo que ocurre con las finanzas públicas es muy probable que, con el arribo de un nuevo gobierno, volveremos a ver el centro de gobierno, invadido por miles de manifestantes, reclamando el pago de sus sueldos. Kiko Vega ya se va, es muy probable que esté pensando en el viejo adagio de “después de mi el diluvio”.

*El autor es economista egresado de la UABC

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