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Columnas

El avión, el avión

Era una famosa frase en la “isla de la fantasía” que decía uno de los anfitriones al ver que la aeronave se acercaba con nuevos turistas.

Por Salvador Maese Barraza

Era una famosa frase en la “isla de la fantasía” que decía uno de los anfitriones al ver que la aeronave se acercaba con nuevos turistas. Pero no me centraré en ese programa; será sobre el famoso TP-01 o avión presidencial. Por eso también podía haber titulado este sacio como “la farsa de la rifa del avión” que es lo que opino en esta ocasión.

Considero que estamos ante otra cortina de humo en la que se nos quiere desviar la atención a los aspectos primordiales de la inseguridad, de la salud, del no crecimiento económico, de la cuestionada política migratoria y me atrevo a decir también de la estrategia para controlar o desmantelar instituciones autónomas.

Pido al lector seamos objetivos y cautelosos sobre la rifa que al final del cuento no es rifa. La nave no es del presidente, es del gobierno mexicano; aún no se paga al fabricante y sigue ocasionando costos de mantenimiento aunque no se esté usando.

Los recursos por dos mil millones de pesos que con sonrisas entregó el titular de la fiscalía general no son transparentes porque surgieron de un proceso aún no terminado y son parte de los recursos del Infonavit, es decir, de los trabajadores.

Pero hay más. El destino de los recursos, de esos dos mil millones, ahora se nos dice es par reforzar el sistema mexicano de salud: loable objetivo, aunque mejor sería que ya se canalicen y no hasta el mes de septiembre porque se conoce hay desabasto de medicamentos y materiales, pero también hay dificultades en la prestación de algunos servicios especiales.

Recuerdo que en más de una ocasión, el Presidente dijo que los recursos que se obtuvieran por la venta del avión se repartirán entre migrantes y programas sociales (se dijo en junio del año pasado durante la inauguración de la Feria Aeroespacial México 2019).

En esa ocasión señaló calculaba el mandatario reunir por la venta del avión unos diez mil millones de pesos; luego, en septiembre, dijo que avión servirán para llevar agua a zonas de Hidalgo y en alguna ocasión señaló serían para ayudar a las víctimas de la violencia.

Ya se definió como captar dos mil de los diez mil millones. ¿significa que habrá más rifas, ¿se pasará nuevamente la charola?, ¿se venderán más cachitos de quien sabe que, para construir el tren maya o transpacífico, para seguir rescatando a Pemex, para construir refinerías?

Pero hay algo que también me molesta. La doble moral de quien presume moralidad y honestidad. Consideraba a los empresarios como fifis, saboteadores, neoliberales, ambiciosos y una larga lista de adjetivos contra los empresarios como lo más reciente de que saboteaban jurídicamente sus obras de infraestructura. Mucho enojo y recelo pero los llama a cenar tamales -los más caros de la historia, como señaló uno de los asistentes- para pasarles la charola de la no-rifa para que le “compren” cuatro millones de cachitos de algo que insisto es una leonina burla. Pero no importa, el empresario más rico de México -de los mayores del mundo- señala que la venta del avión no es desviar la atención. Intrépida manifestación.

Empecé la colaboración recordando la isla de la fantasía y recordando la frase “el avión, el avión”. Termino diciendo que la “isla de la fantasía” no es isla y es un país de tamaño considerable (que por su extensión territorial ocupa el lugar catorce a nivel mundial), pero en el que seguirán haciéndose medidas distractoras para no discutir ni enfrentar temas de fondo porque al final tampoco será fácil deshacerse del avión.

* El autor es Consejero y Tesorero Nacional de Index, además de Director de Recursos Humanos para LatinAmérica en Newell Brands.

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