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Columnas

El Álamo

Árbol original de las cuencas de los ríos Bravo y Colorado que la colonización llevó a todos lados. De hasta 24 metros de alto, su pequeño fruto madura en primavera y se parte en tres, liberando una nube de semillas voladoras cual copos de ligero algodón que se lleva la más tenue de las brisas.

Por Alberto Tapia

Árbol original de las cuencas de los ríos Bravo y Colorado que la colonización llevó a todos lados. De hasta 24 metros de alto, su pequeño fruto madura en primavera y se parte en tres, liberando una nube de semillas voladoras cual copos de ligero algodón que se lleva la más tenue de las brisas, estrategia de sobrevivencia para que prosperen lejos de la madre sin competir por los nutrientes del suelo, aire y Sol. Hubo un álamo cachanilla que en vez de ser verdes sus hojas, fueron azules pero no se le ha vuelto a ver. La deforestación del delta acabó con él. Su madera fue materia prima para fabricar herramientas de labranza, muebles, cercos. Su corteza interior era alimento del castor que casi exterminaron las hachas y tractores de la civilización.

El álamo adquirió un significado histórico con la batalla del mismo nombre en marzo de 1836, cuando un puñado de colonos pretendieron independizar a Texas de la Unión Americana, pertrechados en la Misión y Fuerte de El Álamo, combatieron al ejército de Antonio López  Santana que cabalgó con 1, 500 soldados desde San Antonio de Béjar, hoy San Antonio, Texas, cuando el Sur de los EUA era territorio mexicano.

El álamo verde que conocemos todos aquí (Populos fremontii) es descendiente de los originales del delta del Río Colorado que junto con el sauce, formaban densos bosques y excelente hábitat para aves como el chipe amarillo, el mosquero saucero y el vireo de Bells hoy desaparecidos. Pero la necesidad de combustible para los barcos de vapor que navegaron el río de 1862 a 1878 aproximadamente, utilizaron su madera, al igual que las necesidades de los colonos, y a esto se debe la ausencia de estos pájaros en el delta, estiman los ornitólogos. La  reforestación que hacen Sonoran Institute y PRONATURA aspira a restablecer este hábitat.

Pero a pesar de tanta adversidad, hay álamos dispersos en todo el valle cachanilla y en algunos ranchos. Son memoria de mejores tiempos para ellos, cuando fueron campeones de altura y vinieron los eucaliptos de destronarlos. No tienen futuro seguro pues los actuales talamontes y carboneros van tumbando poco a poco estos vestigios históricos del pasado. Los árboles nativos del delta son despreciados por las nuevas generaciones que ni saben distinguirlos, menos valorarlos.

“Ver ponerse el Son a través de un álamo transparente me parece descubrir los secretos de la Naturaleza. Un álamo dorado en invierno me vuelve a la realidad. Si alguna vez tiene tiempo, ecológico lector, siéntese bajo un álamo y escuche lo que cuenta el rumor de sus acorazonadas hojas sorteando el viento. Secretos milenarios. Tragedias ecológicas. Esperanzas idas. Eco de pájaros. Chillidos de halcones. Graznidos de cuervos. Trinos de cenzontles. Aullidos de coyotes. Truenos de tormentas. Repiquetear de lluvia. Pero, sobre todo, Usted se oirá a sí mismo, ¡su diálogo interno tendrá sentido!” (Fragmento de Álamo, bálsamo de nuestro entorno, Baja California, uso y abuso de su biodiversidad. UABC/Porrúa, 2006).

*- El autor es investigador ambiental.

 

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