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Columnas

Dos años de un mal gobierno

El país tiene ya mucho tiempo jodido. Si, jodido. Habíamos avanzado en algunos rubros de cara al concierto internacional pero fallamos en uno fundamental: somos una fábrica de pobres.

Por Pepe Avelar

El país tiene ya mucho tiempo jodido. Si, jodido. Habíamos avanzado en algunos rubros de cara al concierto internacional pero fallamos en uno fundamental: somos una fábrica de pobres.

Esa es la explicación que le encuentro al arrasador triunfo de Andrés Manuel en el 2018.

Solo que al revisar las cifras macroeconómicas, las de bienestar de la población, las de los muertos por inseguridad, las de los muertos por la pandemia e incluso las de pobreza, en todas está el gobierno reprobado a 2 años de haber tomado las riendas (por así decirlo) del país.

Solo por poner un ejemplo, el prestigiado medio de comunicación a nivel internacional Bloomberg comparó a 53 naciones y sus esfuerzos y resultados para controlar la pandemia y concluyó que somos el peor país de todos para vivir en esta época. Lamentable.

Y mas allá del discurso permanente de encono para distanciar y dividir a los mexicanos está el hecho mas importante de todos: el futuro que como país debemos enfrentar. Y en ningún ámbito hay buenas noticias: mala economía, confianza internacional rota, inseguridad desbordada, pandemia sin control, servicios públicos deficientes y lo peor, no hay dinero para resolver nada.

Los nombres de los gobernantes pasan a segundo término si los resultados de sus decisiones son positivos. Pero no, aquí seguimos con esa arraigada cultura a la personalidad, el culto al tlatoani. Veamos la gira bajacaliforniana de este pasado fin de semana ¿de que sirvió mas allá de la anécdota (política) y las fotos? ¿Se anunciaron grandes obras de infraestructura? ¿Inauguraron alguna? ¿Habrá mas recursos para el estado y los municipios el 2021? La respuesta a todas es no. Entonces ¿donde está la transformación prometida? ¿Donde la esperanza de un México mejor?

Yo voté por Andrés esperando -ilusamente, lo comprendo ahora- un remolino de cambios. ¿Que obtuve? Un cambio de nombres, de siglas y de colores en la papelería oficial. Obtuve un buen zape por confiado. Por creer que este si era el “príncipe azul” de la política. Nos resultó tan sapo como todos los demás.

La corrupción, ese viejo lastre, sigue rampante. El otro día hasta un funcionario federal de muy alto nivel en el Estado me lo dijo al hablar de un ayuntamiento local “sabemos que hay mucha corrupción ahí”. Claro, no solamente la están solapando, sino que hasta candidato a Gobernar el estado lo quieren hacer. Es penoso, por decir lo menos.

Los tres principios básicos del partido en el gobierno o del gobierno en el partido, ya no se ni cual es cual, están rotos.

Se miente, se roba y se engaña todo el día, todos los días. Se traicionan (especialmente entre ellos) todos los días. En otras palabras, cambiamos todo para que todo siguiera igual.

Mi conclusión es que, al momento, no hay a quien irle y tendremos que intuir por quien votar en la elección siguiente, apostando por las personas (y solo por ellas). Las instituciones, partidos políticos incluidos, están podridas y solo un valiente las podrá rescatar o mandarlas al basurero de la historia. Ya veremos que dice este pueblo mexicano que no se decide a salir del atraso en el que estamos.  

* El autor es empresario, turistólogo y un enamorado de su ciudad.

 

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