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Columnas

Desde otra patria

Las gracias.

Por Beatriz Limón

Espero terminar este año con salud, y aunque aún no canto victoria, quiero agradecer por seguir aquí dando batalla. A los que ya no están, que me duele en el alma su ausencia, un eterno abrazo hasta el cielo, que para mí sí existe.

Para los que estamos, les deseo amor, abundancia y por encima de todo, salud. Ha sido un año tremendamente difícil, que en ocasiones no alcanzo a dimensionarlo, debido a que me ausento por varios motivos: trabajo, ostracismo, temor al contagio, huir de la realidad. Pero luego ¡pum! Estoy de regreso en el 2020, que algunos califican como terrorífico, pero en mi opinión fue una montaña rusa de emociones, las que llegaron gradualmente. Y casi al final me sorprendió el amor.

Pero vamos por partes, remontémonos a marzo, donde recuerdo que primero fue la dubitación, luego la paranoia, le siguió el miedo, la aceptación, la relajación, de nuevo el miedo, la extrema precaución, y así durante abril, mayo, junio, julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre. (Y lo que falta).

En este lapso pandémico he aprendido mucho de la humanidad, me he topado con seres egoístas y repulsivos, que no vale ni pena mencionarlos en esta columna, y he crecido con ejemplos de personas que han demostrado un amor incondicional hacia sus prójimos, han luchado contra la adversidad y han puesto su vida en riesgo por los demás.

Ese crisol de personajes con un corazón enorme, me  han dado la satisfacción de convertirlos en maravillosas historias de resiliencia y heroísmo, que enaltecen a la humanidad y que me han hecho pensar “que vale la pena este viaje”.

Aún conservo a mi padre, a quien agradezco enormemente que se tome muy en serio su cuidado personal durante esta crisis de salud pública, eso me hace respirar más tranquila a la distancia. Tengo dos sobrinos hermosos que lograron vencer el coronavirus. 

Los verdaderos amigos, a lo lejos, los tuve cercanos, y eso se agradece enormemente. Gané algunos kilos, pero bien valieron la pena, porque endulzaron mi pequeño campo. 

En mi claustro, nunca estuve sola, el recuerdo de mi madre fue constante, y Nuggets Alberto y Chuchet, mis dos perros chihuahuas, llenaron los espacios de soledad y desconsuelo.

Casi al final, arrastrando los días para terminar el 2020, encontré una maravillosa persona con la que comparto mi vida. Así es, a mis casi 47 años, encontré el amor.

Así que doy gracias por lo aprendido, lo perdido, lo ganado y por seguir aquí, tecleando ferozmente en mi afán por regalares historias.

Y para concluir, les deseo una feliz Navidad.

Y añado: para los que viven un duelo, les envió un cálido abrazo.

Y agregó: a mis lectores, les expreso mi eterna gratitud por darle sentido a mis humildes letras.

*Corresponsal en Nuevo México y Arizona de la Agencia Internacional de Noticias Efe

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