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Columnas

De la política que cabe en un libro

Los libros que me atraen son los de historia, pero en realidad me interesan cuando esa historia, por más lejana que parezca, dice cosas importantes sobre mi propio presente, sobre las realidades, conflictos y contiendas que aún conmocionan al mundo en que hoy vivimos.

Por Gabriel Trujillo

Los libros que me atraen son los de historia, pero en realidad me interesan cuando esa historia, por más lejana que parezca, dice cosas importantes sobre mi propio presente, sobre las realidades, conflictos y contiendas que aún conmocionan al mundo en que hoy vivimos. Muchas vidas pasadas son vidas contemporáneas en sus anhelos y ambiciones, en sus triunfos y tragedias. Lo que parece distante en el tiempo está más cercano de lo que nos pareciera a primera vista. Pongo como pruebas de lo que aquí digo dos libros recientemente leídos, que aclaran cómo las épocas turbulentas del ayer explican mejor las turbulencias de nuestro ahora.

Cuando se habla de la Ilustración como movimiento libertario del pensamiento humano, como discusión pública de todas las creencias y sistemas de gobierno, los primeros autores que vienen a la cabeza son Voltaire y Rousseau. Pero el verdadero instigador de la Ilustración, el difusor supremo de la misma no fue otro que Denis Diderot (1713-1784), un polígrafo que escribió de todo: sobre el arte de su tiempo, la interpretación de la naturaleza, la virtud y el vicio, los descubrimientos de la ciencia, la innecesaria presencia de dios, la política como práctica y como filosofía, las monjas como dadoras de placeres mundanos, etcétera. Su obra mayor fue ser uno de los coordinadores esenciales, junto con D´Alembert, de la Enciclopedia francesa (1750-1772), cuyos tomos cuidó con esmero y pasión, haciendo que esta obra colectiva reflejara su espíritu inquisitivo, su curiosidad insaciable, su modernidad desaforada, subversiva, escéptica. Desde esta perspectiva es que Andrew S. Curran examina en su libro, Diderot and the Art of Thinking Freely (2019), la vida de Diderot, sus ideas, sus debates, sus estudios y ficciones, sus amores y amistades, su círculo intelectual y la Francia del siglo XVIII, que lo mismo lo encarceló que lo admiró, un país que le sirvió de ring para expresarse y combatir en pro de la libertad en todos los campos del saber y en todos los ámbitos ciudadanos. De tal forma que aún ahora, a más de 300 años de su nacimiento, Diderot sigue siendo, como Curran nos lo expone con viveza y detalles, un autor polémico, procaz, insobornable. Una piedra en el zapato de los tiranos, los dogmáticos y los conservadores. Esos que aborrecen los cambios políticos, los sacudimientos sociales, las búsquedas de la verdad sin jerarquías a obedecer.

Uno de los asesinatos más terribles en la historia del siglo XX ocurrió el 15 de enero de 1919 en Berlín, en plena calle, a la vista de muchos, cuando un grupo de marinos y paramilitares del gobierno socialdemócrata de Alemania asesinaron a Rosa Luxemburgo y a Karl Lieblnech, líderes socialistas, dando paso a una era donde la violencia dirigió el desfile de la política con paso marcial, con furor nacionalista. En el libro The Murder of Rosa Luxemburg (2019) de Klaus Gietinger, se examina la atmósfera convulsa, de linchamiento a toda disidencia, que hizo posible el asesinato de ambos líderes de una forma tan pública, tan despiadada, con lo que este crimen representa el primer paso hacia una Alemania llena de criminales en puestos oficiales, de “salvadores de la patria” que nunca recibieron castigo por sus actos, que se enorgullecieron el resto de sus vidas por haber participado en el asesinato de Rosa y Karl. Como lo señala Gietinger, el largo camino hacia el abismo nazi comenzó con golpes contra ambas víctimas y terminó con tiros en la cabeza, con el cuerpo de Luxemburgo tirado en un canal como escarnio para otros líderes socialistas, con el festejo de la élite política y empresarial alemana que quería imponer su orden a rajatabla, que aceptaba la eliminación de sus adversarios políticos mientras decía ser demócrata. Hitler debió tomar nota de esta ejecución ya que muchos de los que en ella intervinieron acabaron trabajando para su régimen, terminaron acompañándolo en su ascenso al poder. Este es un libro que revuelve el estómago porque la mayoría de los asesinos vivieron existencias felices y murieron en paz, ya en la República Federal de Alemania, durante los años de la guerra fría, convencidos de haber hecho lo correcto, siendo entrevistados por la prensa como auténticos héroes. Alemania, madre pálida, hija amnésica.

Y lo mismo va para todos nosotros: ¿cuántos errores no hemos repetido a lo largo de la historia? ¿Cuántos crímenes no hemos cometido a nombre de ideales puros, a nombre del bien común?

*- El autor es escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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