No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

Crimen imparable

A paso ligero enero recorrió escasos seis días sobre las calles de Tijuana, y en ese transitar, fuera de extorsiones como de robos domiciliarios, asaltos o lesionados; han sido asesinadas 26 personas lo que en promedio representan más de 4 diarios.

Por Antonio Medina de Anda

A paso ligero enero recorrió escasos seis días sobre las calles de Tijuana, y en ese transitar, fuera de extorsiones como de robos domiciliarios, asaltos o lesionados; han sido asesinadas 26 personas lo que en promedio representan más de 4 diarios ya que la violencia, por motivos de rapiña, en los hechos han creado y fomentado, a través del tiempo, la frase macabra de que en la “guerra todo se vale” como pretexto para cometer atrocidades de todo tipo.

Hacer un recuento del proceder animal del hombre “civilizado” nos coloca, sin más, en la cúspide de máximos exterminadores pues ni los peores fenómenos naturales han destruido –a pesar de ser fuerzas ciegas- aquello que los humanos cometemos en deterioro del contexto y ultraje del mismo sujeto: El individuo no solo es el lobo de sí mismo sino un destructor de todo.

Así es, en la guerra todo se vale siendo meritorio no sólo en el campo de batalla sino también en la política, economía o religiones ya que sus nocivos efectos han dado fe, históricamente, de los alcances  ponzoñosos durante el esclavismo como en el colonialismo o el capitalismo donde el despojo, explotación y pobreza son su patente.

Resignados a creer que al “pez más grande corresponde comerse al chico” la violencia de unos contra otros mantiene al humano en una insensible inhumanidad donde, por donde se le mire, la implacable ira ha contado no solo con la justificación religiosa, sino todavía peor, tratándose de la defensa del poder y sus intereses de clase el furor desplegado en contra de los “seres diabólicos” convierte a los reales o supuestos promotores de virtudes en auténticos cavernícolas: citar hartos y conocidos episodios es algo común y corriente.

Atrapados en nuestros rabiosos instintos de que sorprendernos por lo acontecido, ejemplo, de la época esclavista romana a las sangrientas cruzadas promovidas por el clero en la Edad Media, lo irracional en la segunda guerra mundial o la barbarie acontecida en el mundo árabe. Ello para no machacar la bilis que con toda impunidad y fervor domina en México como parte de la corrupción impuesta fruto de la criminalidad pública y privada los cuales generalizados, y para donde quiera  verse inducen a mirar, oír y sentir como algo cotidiano el enterarse  de un descuartizado, degollado, violado, colgado, apuñalado o perforado a balazos los que al margen de su crueldad, a los tijuanenses, en este caso, ya no azoran los miles de drogadictos, ladronzuelos y pandilleros.

Obviamente ésta demencia de muchas formas corresponde a la pobreza e ignorancia existentes pero, igualmente, tiene un referente en el fracaso de la escuela, desintegración familiar o iglesias pecadoras que estimuladas por figuras públicas (artistas, gobernantes, partidos, diputados, etcétera) recrudecen el ambiente y, por si quedara algún cabo suelto, dicho hilo es agregado por la basura televisiva, cinematográfica, y radiofónica que no canta mal las rancheras en promoción del consumismo y la violencia.

Veintiséis exterminados en cortos seis días del año nuevo en Tijuana; auguran un pronóstico devastador…

* El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

Comentarios