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Columnas

Corrupción y clase política

La corrupción y la pobreza en nuestro país es ancestral y no se erradicará de la noche a la mañana. Este flagelo ha sido promovido y ejecutado desde las esferas del poder, fincado en un proceso de reproducción ideológica y de status social, dentro de los cuales los pobres han sido los más golpeados ya sea en la etapa neoliberal y ahora en la etapa del populismo trasnochado

La corrupción y la pobreza en nuestro país es ancestral y no se erradicará de la noche a la mañana. Este flagelo ha sido promovido y ejecutado desde las esferas del poder, fincado en un proceso de reproducción ideológica y de status social, dentro de los cuales los pobres han sido los más golpeados ya sea en la etapa neoliberal y ahora en la etapa del populismo trasnochado; estos últimos, creen que con dádivas de este gobierno se terminará con las desigualdades sociales y lo único que logra es polarizar aún más a los estratos sociales. Actualmente el gasto público está orientado a sacar adelante a los más pobres, éste ha sido el grito de batalla de esta administración, pero lo cierto es que es un presupuesto al consumo, es un presupuesto para la compra de votos.

Las personas pobres no saben que recibiendo este dinero de parte del gobierno, lo único que logran es hipotecar su futuro y el de su familia. El gobierno, en lugar de regalarles el dinero debería de apoyarlos para la creación de microempresas y la generación de empleos, para transformarlos en personas emprendedoras, porque tarde o temprano se acabará el dinero. Los gobiernos tienen la responsabilidad de fomentar el empleo y el crecimiento económico, no este tipo de inversiones improductivas que lo único que logran es ensanchar la pobreza.

La corrupción no es un asunto de colores, ni de partidos, menos de ideologías. El problema fundamental de la corrupción en México se debe a una clase política que aspira simplemente a lograr el poder para enriquecerse, son ellos y sus cómplices los que han despojado a la nación de su enorme riqueza. Con bastos recursos naturales y una población con vocación extraordinaria por el trabajo, para generar riqueza, acostumbrada al esfuerzo laboral y a cumplir con sus obligaciones; tan es así, que es precisamente la clase trabajadora la que sostiene desde los cimientos a este enorme país. Y tal como se ha venido observando, son los pobres, los que aportan más dinero a las arcas del gobierno, no son las grandes empresas que casi no pagan impuestos o los evaden.

Los gobiernos de cualquier “color” nunca les han hecho justicia a los pobres, toda vez que es muy poco lo que realmente se les regresa en términos de servicios de servicios. No hay que ser ilusos, la corrupción y la pobreza no se terminarán por decreto, o de un plumazo, así como tardaron muchos años en degradarse la política y los políticos, será en el futuro que tendrá que corregirse esta situación, se necesitarán nuevas generaciones con otras ideas para mejorar el concepto de servicio a la patria. Personas que arriben al poder que estén pensando en la próxima generación de mexicanos y no en la próxima elección. Necesitamos gobernantes con ética, moral, con espíritu abierto y alto de miras por el bien superior del país. Políticos que gobiernen para todos los sectores sociales y económicos, que no dividan, que unifiquen, requerimos además un presidente que no diga que representa nada más al pueblo bueno y sabio, tan sabio que más bien parece ignorante y carcomido por su miseria, un presidente que no lucre con la pobreza de millones de mexicanos.

No necesitamos un presidente con aires de autócrata con la efigie de héroe patrio y que tampoco se sienta invencible e impoluto. En síntesis, la clase política se ha aprovechado de la memoria de corto plazo de la sociedad, de la ignorancia y de las dádivas para continuar reproduciendo el mismo estado de cosas.

*- El autor es economista egresado de la UABC.

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