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Columnas

Corrupción e impunidad

Vivimos en una sociedad deshumanizada, sin valores, pragmática, utilitaria, donde el crimen se justifica de mil maneras aunque se cometa con brutalidad y la victima sufra vejaciones y se encuentre en condiciones de indefinición.

Por Arnoldo Castilla

Vivimos en una sociedad deshumanizada, sin valores, pragmática, utilitaria, donde el crimen se justifica de mil maneras aunque se cometa con brutalidad y la victima sufra vejaciones y se encuentre en condiciones de indefinición.

La corrupción emana del vocablo latín “corruptio”, que se encuentra conformado por los siguientes elementos: el prefijo “con-“, que es sinónimo de “junto”; el verbo “rumpere”, que puede traducirse como “hacer pedazos”; y finalmente el sufijo “-tio”, que es equivalente a “acción y efecto”.

La palabra corrupción dentro de un enfoque social y legal se encuentra definida como la acción humana que transgrede las normas legales y los principios éticos.

La corrupción, por lo tanto, puede tratarse de una depravación moral o simbólica. En otro sentido, la corrupción es la práctica consistente en el abuso de poder, de funciones o de medios para sacar un provecho económico o de otra índole.

El tráfico de influencias, el soborno, la extorsión y el fraude son, entre otras, prácticas de corrupción que se ven reflejadas en acciones como entregar dinero a un funcionario público para ganar una licitación o pagar una dádiva o coima para evitar una clausura.

Por otra parte, la impunidad es una excepción de castigo o escape de la sanción que implica una falta o delito.

En el derecho internacional de los derechos humanos, se refiere a la imposibilidad de llevar a los violadores de los derechos humanos ante la justicia y, como tal, constituye en sí misma una negación a sus víctimas de su derecho a ser reparadas. La impunidad es especialmente común en países que carecen de una tradición del imperio de la ley, sufren corrupción política o tienen arraigados sistemas de mecenazgo político, o donde el poder judicial es débil o las fuerzas de seguridad están protegidas por jurisdicciones especiales o inmunidades.

La impunidad constituye una infracción de las obligaciones que tienen los Estados de investigar las violaciones, adoptar medidas apropiadas respecto de sus autores, especialmente en la esfera de la justicia, para que las personas sospechosas de responsabilidad penal sean procesadas, juzgadas y condenadas a penas apropiadas, de garantizar a las víctimas recursos eficaces y la reparación de los perjuicios sufridos de garantizar el derecho inalienable a conocer la verdad y de tomar todas las medidas necesarias para evitar la repetición de dichas violaciones.

No exageramos si decimos que los niños desde la enseñanza primaria conocen lo que es la corrupción y aprenden a aplicarla en la vida diaria, al igual que aprenden a evadir el cumplimiento de la Ley y hacen uso de la impunidad para incumplir con el sistema jurídico sin temor a las consecuencias jurídicas de desobediencia al derecho, por el contrario promueve el ejemplo de su comisión.

*- El autor es catedrático de la UABC.

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