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Columnas

Correrías al estilo Prian

En Postigo del martes pasado anotamos, grosso modo, la forma como Morena ya concesionada a Bonilla Valdez y socios treparon hasta afianzar.

En Postigo del martes pasado anotamos, grosso modo, la forma como Morena ya concesionada a Bonilla Valdez y socios treparon hasta afianzar, en Baja California, las clásicas triquiñuelas reglamentadas y operadas por el Prian en contra de morenistas sospechosos de respirar ideales de izquierda. Enmarcada nuestra columna a determinada extensión y personal desmemoria, por variados atajos lectores de Frontera radicados en Sonora, Sinaloa y Tecuala (Nayarit)  nos hicieron recordar las correrías que Bonilla –entonces credencializado delegado nacional de Morena en dichos estados costeros- la manera en que hecho’ de su templo a quienes considero’ un riesgo aterrador para sus codicias y su doctrinario ideológico.

El exorcismo bonillista, vale destacar, fuese de propia voluntad o por consigna desplego’ una sorda redada que no paro’ hasta creer haber desembrujado a los zurdos que rechazados, suspendidos o eliminados terminaron siendo sustituidos, por no decir liquidados, por priistas del peor lastre ya que la cacería de brujas desatada  antepuso, aparte de las corruptelas acostumbradas, huesos a futuro en tanto repartió bastos recursos contra los purgados como para compensar a priistas diestros en mentir, traicionar y robar que luego matriculados como candidatos posteriormente fueron acomodados –gracias a la figura de AMLO- de senadores, diputados, munícipes o predicadores moralistas del ahora peculiar primor.
¿El desenlace? De Baja California a límites con Jalisco abarcando el Sur bajacaliforniano lo peor del PRI (mapaches, centaveros, pragmáticos y mercenarios) asaltaron al “partido del cambio verdadero” subordinándolo al desenfrenado juego electorero, atándolo al interés de grupos adinerados o colocándolo al servicio de políticos “tracalinos” que han hecho del control ciudadano un botín político y económico, o ¿Qué simboliza el candidato Bonilla verlo marchar, tomado del brazo, a la cúpula voraz cetemista el pasado día del trabajo? ¿Algo dice la exigencia del candidato priista a gobernador pidiendo expulsar a notables tricolores por andar puliéndole las maltrechas espuelas al “nuevo rostro del cambio”?
No es poca cosa afirmar como el pronto descalabro de Morena ahonda, quiérase o no, el carácter nocivo de los partidos,  la inmoralidad política y  la irreformable, o tardía, transformación del país puesto que tal metamorfosis, de suceder, amenaza con continuar detentada por aquellos que históricamente así lo han determinado sin importar si en esta frontera las encuestas,  admitiendo sin conceder, hechas a la medida del cheque de los dueños de la desdibujada Morena insistan en suministrarles exorbitantes votos pues ¿acaso no fueron las mismas tropelías priistas las responsables de encumbrar candidaturas mediante encuestas adulteradas o inexistentes? La mula no era arisca, la hicieron.
Precisamente por eso los remendados candidatos, millonario derroche propagandístico, manera de esquivar los debates, mediocre discurso propositivo, evasivas para no replicar acusaciones, demagogia pregonada etcétera, de las y los primores ansiosos de “servir a su pueblo” no les alcanza para afligir ni divertir a nadie lo que, hipotéticamente, presume un revés al antes,  durante y después del triunfal paso de López Obrador por esta plaza.
De allí que por lo harto conocido una derrota o triunfo de lo que fue Morena, a estas alturas, correspondería al Primor…


* El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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