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Columnas

Constitución estropeada

Cuando la brecha emprendida por la guerra revolucionaria mexicana, 1910-17, y con esta la hoguera causante de miles de muertos, quebrantamiento económico y desolación generalizada; la siguiente batalla no dejó de ser menos cruenta ya que los vencedores, antes de alcanzar el toque de queda, comenzaron a noquearse mutuamente en aras de encarrilar para sí el mayor botín social, económico y político pues de dicho tesoro dependería su feliz o desdichado porvenir familiar.

Por Antonio Medina de Anda

Cuando la brecha emprendida por la guerra revolucionaria mexicana, 1910-17, y con esta la hoguera causante de miles de muertos, quebrantamiento económico y desolación generalizada; la siguiente batalla no dejó de ser menos cruenta ya que los vencedores, antes de alcanzar el toque de queda, comenzaron a noquearse mutuamente en aras de encarrilar para sí el mayor botín social, económico y político pues de dicho tesoro dependería su feliz o desdichado porvenir familiar. De suerte que aún con las camorras, deslealtades y recíproco ajuste de cuentas no hubo de otra que ponerse de acuerdo en la conformación del marco legal correspondiente al “nuevo Poder”.

De aquellas maneras, y una vez formalizado el arranque, las voces representadas por los diferentes veneros antiporfiristas(carrancistas,zapatistas, floresmagonistas, villistas y obregonistas); se enfrascaron en la discusión, redacción y consenso de los fundamentos y aspiraciones jurídicas que, a la par de dar puñetazos a las ordenanzas de la ex dictadura, recuperaron lo salvable de las Leyes de Reforma aunque, el aporte sobresaliente, descansó en los ideales cincelados por las divergentes corrientes revolucionarias reivindicadoras de causas finalmente plasmadas en el marco de una naciente Carta Magna demandante de igualdad, justicia y democracia.

Verdadero alumbramiento histórico no exento de convergencias-fracturas-acomodos-recelos cuyo procesamiento, a pesar de todo, hizo posible que los acuerdos vieran la luz del Constituyente de 1917, y por tanto, la madeja jurídica reguladora de las relaciones amplias y restringidas características del Estado, sociedad y gobierno en cuento guía de cualquier comunidad que se presume anclada sobre leyes, normas u ordenanzas diversas que desafortunadamente para la generalidad de los mexicanos, la superviviente constitución aludida ha sido un mito, simple ilusión, una farsa mezcla de vulneración, aplicaciones facciosas y premeditadas violaciones arraigadas en hechos de corrupción e impunidad.

Justamente lo célebre de nuestra vigente constitucionalidad, 104 años después de proclamada radica, ciertamente, en un vanguardista manuscrito de aspiraciones igualitarias, emancipadoras e insobornables predicciones a representar la esencia de la patria y aprobación de un pueblo que cobijado con una discursiva demagógica ha sido, empero, rehén de un poder político-económico donde la Constitución, al no aplicarse, desconoce la razón de ser de un estado de derecho convirtiéndola en algo que va de lo sombrío a lo inexistente.

En sí; una legislación que a lo largo y ancho de su patrullaje en supuesto amparo de la forma y contenido legal exhibe múltiples cicatrices fruto de violaciones, agravios, compraventa, etcétera; identificada por cierta escritura prostituida, pergamino cortesano inequívocamente orientado hacia el bolsillo del mejor postor. Fallida; mancillada o simplemente arrinconada; las instituciones del Estado y su gobierno de ningún modo, excepto notables ocasiones, han aplicado y defendido la legalidad.

Por eso y más; en estos días vemos brotar lo pútrido emanado desde los sótanos donde moran jueces, ministros, consejeros, magistrados, fiscales y calañas acopladas en la cúpula, que como todas las veces, delinquen  “amparados en el orden jurídico-constitucional”.

Fuera máscaras: hacer historia es convocar, analizar, acordar y aprobar un Nuevo Constituyente, caso contrario, seguiremos atrapados y sin salida…

*- El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

 

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