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Columnas

Confianza desmoralizada

El cateo realizado en la residencia matriz propiedad del exgobernador Kiko Vega, al parecer existen varias sucursales, llevó a recordar la indagatoria sobre un posible “conflicto de intereses” derivado de un par de mansiones (la Casa Blanca de Peña Nieto y la correspondiente al Secretario de Hacienda, Luis Videgaray)

El cateo realizado en la residencia matriz propiedad del exgobernador Kiko Vega, al parecer existen varias sucursales, llevó a recordar la indagatoria sobre un posible “conflicto de intereses” derivado de un par de mansiones (la Casa Blanca de Peña Nieto y la correspondiente al Secretario de Hacienda, Luis Videgaray) “compradas”, ambas, a un empresario de antecedentes piratas: por supuesto la tal pesquisa terminó exonerando a los compradores y al vendedor de cualquier ilícito animando, a Enrique Peña, a pedir disculpas a ciudadanos dolidos por seguir siendo objeto de engaños aprovechando, ahí mismo, para sin tapaduras aceptar que la mayoría de los mexicanos “no tienen confianza en ninguna institución pública o privada”.

Más por utilidad política personal que cualquier cosa, el entonces mandatario admitió la existencia de un generalizado recelo hacia las estructuras del sistema porque, de lo contrario, sería persistir en una farsa que de tanto replicarse perderíamos cualquier esperanza a causa de la descomposición alcanzada en los organismos partidistas que en los grupos empresariales, Iglesias, procuración de Justicia, medios de comunicación, etcétera; eso para no citar los efectos colaterales sobrepuestos en el amplio tejido social.

Sin lugar a dudas la desconfianza aludida por el peñanietismo tenía su equivalente en el recelo, la malicia o mal pensar que proviene de un acerado resorte llamado corrupción e impunidad que, tal y se manifiestan, sus corrosivas causas conscientemente se incuban para luego propagarse al conjunto de elementos que impiden tener confianza en la persona o en las cosas: “Maestro –preguntó un alumno a Confucio - ¿Cuál es la solidez de un buen gobierno? El ejército, la comida y la confianza, respondió el filósofo ¿y de ser necesario cual eliminaría? El ejército y la comida pues sin la confianza el arte de gobernar es imposible…”

Sobra decir que los priistas y su desquiciado régimen durante décadas se caracterizó  y determinó, con la salvedad del intervalo presidencial de Lázaro Cárdenas, por jamás  haber paladeado a plenitud la confianza y apoyo popular pues una cosa significa la concordancia de anhelos entre la sociedad política y la civil, y otra, el circo y maroma teatralizados a través del acarreo, reparto de migajas, prédicas demagógicas y proclamas escritas aceptadas por prójimos manipulados, que más allá de los motivos  esgrimidos, para sobrevivir son víctimas de un control que solo en apariencia expresa la “espontánea confianza de las masas hacia los gobernantes”.

En México la confianza corre por donde las cicatrices duelen más que las heridas trátese de instituciones federales, estatales o municipales que vistas y tratadas de abajo hacia arriba y a la inversa son generadoras de desconfianza. El insolente proceder por medio del cual el PRImor en Baja California en su momento impuso candidaturas a su arbitrio, consintió la llamada “Ley Bonilla, dio carpetazo al asunto de los famosos “moches”, apoyó instalar la planta cervecera en Mexicali, inspiró la reelección de los diputados y  se hizo del control del agua estatal; estimulan como acentúan la desconfianza popular…

 * El autor es diplomado en Periodismo por la UABC.

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